Posiblemente, la mayoría de nuestro pueblo hispano no esté consciente de la situación global y local de la Iglesia Católica. En este momento de la historia, la Iglesia está fraccionada entre conservadores y liberales, mayormente relacionada con las enseñanzas del Concilio Vaticano II (1962-65) ¡Y eso, a manera muy sutil! La experiencia se da entre los mismos obispos, sacerdotes y fieles. Desde los tiempos bíblicos, ha habido grupos distintos dentro de la cultura y religión judaica. Para los judíos, toda su vida estaba saturada del hecho histórico de que ellos eran el pueblo escogido. Convencidos de esa preferencia que Yahvé el Señor había tenido con ellos como pueblo, todos los demás eran ‘paganos’. La división más notable entre ellos era la diferencia entre Fariseos y Saduceos. Entiéndase también, que, todos los demás no judíos eran poco merecedores de la misericordia de Dios. Jesús mismo, según consta en el relato de los Evangelios, tuvo que lidiar con situaciones delicadas relacionadas con ese prejuicio. Ejemplo claro de esto es el pasaje en el evangelio de Juan 4/1-42, sobre el incidente entre Jesús y la mujer samaritana.Y como éste, muchos otros ejemplos que dan evidencia de la división entre los judíos.
A raíz del mencionado Concilio, se dieron situaciones delicadasentre obispos, sacerdotes y los fieles creyentes. Se formaron varios grupos como para defender su sentimiento y puntos de vista respecto a las enseñanzas y prácticas legisladas por el Concilio.Notable también, fue el éxodo que se dio en la Iglesia a causa de la nueva liturgia. Hoy, sesenta años después, todavía se siente alguna tensión, especialmente en asuntos de la liturgia y los sacramentos. Hay que señalar que, a estas alturas del caminar eclesiástico, se habla de cuáles son los obispos y diócesis que tienden a ser más conservadoras o liberales. En general, sin embargo, el tema no ocupa ni preocupa tanto como antes. Estos hechos se señalan, tratando de crear conciencia de los retos que existen hoy por hoy en la Iglesia de Jesucristo.
Este sentimiento se vive también, en las Congregaciones Religiosas. Algunas decidieron modificar el estilo de su hábitoreligioso o no usar tal distintivo. Estas se distinguen por algúnalfiler o símbolo que muestran su filiación a la congregaciónparticular. Entre los fieles del pueblo santo de Dios, existen sentimientos encontrados, respecto a esta situación. Algunos todavía añoran las prácticas y estilos religiosos de antes del Concilio. Todo eso se respeta, aunque algunos no estén de acuerdo. Nunca será una situación feliz vivir en conflicto en una parroquia, precisamente a causa de estas diferencias. ¿Quién es más auténtico como católico…, el conservador o el liberar? Esa precisamente es la pregunta errónea y problemática. No se trata de autenticidad solamente, sino también, de fidelidad a la conciencia personal. En la fe católica, la conciencia bien educada e instruida, es la voz de Dios. ¡Ahí, la grandeza de nuestra fe! Creer en Dios, en su Iglesia, en su doctrina es un llamado y una libertad recibida en el bautismo. Triste, sin embargo, es la realidad de los que se creen más fieles que otros porque son conservadores o liberales. ¡Eso no es de Dios!
En nuestra Iglesia existen actualmente, un gran número de movimientos apostólicos que enriquecen la fe del pueblo santo de Dios. Cada cual tiene la libertad de pertenecer a algunos de estos grupos, si son ayuda para el crecimiento en la santidad personal. Penoso es el hecho, sin embargo, que algunos grupos se sienten ‘más santos’ que otros y se dan la libertad de criticar a los demás. ¡Eso tampoco es de Dios! La vida de fe no es un juego, donde se compite para probar quien es más piadoso o allegado al Espíritu Santo. Tragedia es en la vida parroquial, cuando algunos grupos hablan mal de los otros grupos, como si éstos tuviesen posesión de la verdad y no los demás. ¡Tonterías que Satanás usa para zarandear al pueblo santo de Dios!
Parte importante en la experiencia religiosa es el desarrollo de una esperanza que no defrauda. Así lo indica el apóstol Pablo en Romanos 5/15:
“Restablecidos, pues, en la amistad divina por medio de la fe, Jesucristo nuestro Señor nos mantiene en paz con Dios. 2 Ha sido, en efecto, Cristo quien nos ha facilitado, mediante la fe, esta apertura a la gracia en la que estamos firmemente instalados a la vez que nos sentimos orgullosos abrigando la esperanza de participar en la gloria de Dios. 3 Es más, hasta de las dificultades nos sentimos orgullosos, porque sabemos que la dificultad produce constancia, 4 la constancia produce una virtud a toda prueba, y una virtud así es fuente de esperanza. 5 Una esperanza que no decepciona, porque al darnos el Espíritu Santo, Dios nos ha inundado con su amor el corazón”.
Sea cual sea la experiencia personal de cada uno de los creyentes,en un momento dado, se van a enfrentar o les tocará vivir algún conflicto o choque en la pastoral de la parroquia. Si así sucediera, que sea consuelo la convicción de que es el Espíritu Santo quien está al timón de la barca de San Pedro. Continuará también, la tensión saludable entre los fieles porque se adhieren a distintas mentalidades y puntos de vista. En una parroquia ‘muerta’, no se dan conflictos ni problemas. Prevalece el conformismo y elafamado, “¡pues, así es la vida!” ¡No, la vida no es así, …la vida es lo que hacemos de ella! ¿Conservador o liberal? ¡Solo Dios sabe! Indistintamente, lo importante es la fidelidad y la apertura a la convicción de que es el Espíritu Santo quien inspira y guía a suIglesia.



