Luego de un preámbulo de animación y acogida, la mañana se abrió con la Lectura Orante de la Palabra de Dios (Lectio Divina), coordinada por el P. Javier Vega. Se entronizó la Palabra y enfocó el día en el tema “Impulsados por el Espíritu”. La oración bíblica se basó en el texto del Evangelio de Lucas 1, 26-38, la visitación de la Virgen María a su prima Isabel. Se siguieron los cuatro pasos: ¿qué dice el texto, qué me dice y qué le respondo a Dios? Luego de un eco de resonancia por parte de algunos delegados, se concluyó con la Oración para el Sexto Congreso Americano Misionero y el Himno del Congreso.
Al concluir el momento de oración, el presidente de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, Licenciado José Antonio Frontera Ajenjo, dio un saludo de acogida y ánimo a los presentes, a nombre de la Universidad que sirve de anfitriona del CAM6.
Prosiguió el Sr. Luis René René Rivera Rosado, coordinador de la Comisión de Síntesis, compartiendo con todos un resumen de lo acontecido en el día anterior.
Primer momento de iluminación
Mons. Raúl Biord García, Arzobispo de Caracas, Venezuela, presentó el tema “La misión nace de la Trinidad: de la missio Dei a la missio Ecclesiae”. Algunos elementos sobresalientes del tema fueron:
Sinodalidad y misión
- El Sínodo de los Obispos ha hecho inseparables entre sí los términos de sinodalidad y misión, y la barca, en el ministerio de Jesús, se convierte en símbolo de salida misionera.
- La misión es eclesial, nunca algo privado; se orienta, desde la fuerza del Evangelio, a todos los ámbitos de la sociedad, incluyendo el nuevo continente digital, donde habitan los jóvenes. Sin sentido de misión, la comunión puede reducirse a egoísmo. ¿Si el Papa convocara un sínodo sobre la misión ad gentes? Quizá no tendría tanto eco, porque aún estamos encerrados -contrario a lo que ha sido la tradición de algunas iglesias evangélicas-; nos centramos en la organización interna, más que en la salida.
- El verdadero fin de la sinodalidad es la misión a la que estamos llamados (por el mandato del Resucitado), en la que estamos involucrados (desde la dinámica trinitaria) y comprometidos (por el bautismo y los sacramentos de la iniciación cristiana).
- Biord hizo un repaso de las dificultades y temores confrontados, teólogica e históricamente, para asumir un nuevo y más completo acercamiento de la misión como nacida en Dios: misión disociada de su fuente -el Dios de la misión-, y asociada más bien a expansionismos colonialistas; temor al reduccionismo, a la confusión, a los protagonimos por la misma institución eclesial o de algunos agentes pastorales…
La Trinidad misionera
- La “Ecclesia de Trinitate” se centra en la comunión en la diversidad que nos pone en guardia ante el peligro de una uniformidad aplastante derivada tanto de un acento como de una contraposición de las diferencias. La Trinidad es ante todo un misterio de salvación. El Padre es la fuente amorosa de todo lo que es, el Hijo recibe la misión del amor y la realiza en el Espíritu Santo, que la conoce y la acompaña. El Hijo transmite esta misión a los apóstoles y a todos los lo que la escuchan. La vida cristiana debe ser considerada esencialmente como una vida de misión y en misión. En Cristo y en el Espíritu los hombres, la historia y el cosmos son divinizados y con-glorificados al participar del misterio intratrinitario. La iglesia continúa el teodrama como signo de salvación en la espera de la realización escatológica.
La Iglesia es misión
- Como iglesia no tenemos una misión, sino que la misión nos tiene como iglesia, nos sostiene, funda e impulsa. Bosch afirma: “la misión no es primariamente una actividad de la iglesia, sino un atributo de Dios, pues Dios es un Dios misionero”. “La iglesia existe en la misión, o como lo declara el Vaticano II, “es por su naturaleza, misionera” (AG 2), pero no es ni el origen ni la finalidad de la misión. La finalidad de la misión es la acogida y la construcción del Reino de Dios”. La evangelización no tiene como objetivo primario construir una iglesia, sino anunciar al Dios revelado en Jesucristo.
- En el encuentro con el CELAM en Río (2013), el Papa Francisco nos sorprendió cuando nos pidió una misión paradigmática, en contraposición a una misión programática. En el Mensaje para la Jornada Misionera Mundial 2012 (6 de enero de 2012) de Benedicto XVI: “También hoy, la misión ad gentes debe ser el horizonte constante y el paradigma en todas las actividades eclesiales… nos urge a poner en clave misionera toda acción pastoral y lo que él llama “la actividad habitual de las iglesias particulares”. Este es el sentido como debe comprenderse la misionariedad constitutiva de la iglesia. La misión nos alerta del peligro siempre presente de la auto-referencialidad que se manifiesta en la auto-reproducción, la clonación y la pastoral de conservación. La misión siempre se caracteriza por una extroversión, un salir, ir hacia afuera de sí misma. La misión es la razón de ser de la iglesia, pues ha recibido un envío – mandato del Señor Resucitado, y de ahí se derivan sus funciones de anunciar, generar, plantar, enseñar, testimoniar la buena nueva, servir. La iglesia actualiza en la historia la misión de Dios, que Jesús expresó como Reino de Dios.
La misión en la creación, la redención y en el Espíritu
- La creación es la primera misión divina. La familia, la producción o economía a través del trabajo, y la relación política y social entre los seres, son misión de Dios, están comprendidas en la missio creationis desde el inicio. El hombre tiene “una existencia misiva”, en la expresión de Xavier Zubiri, es decir: el hombre no sólo tiene una misión, sino que existe como misión. Se debe integrar el Libro de las Escrituras con el Libro de la Naturaleza: ambos nos hablan y nos llevan a Dios.
- Porque la missio creationis quedó sometida a la fuerza destructiva del pecado, la missio Dei se convirtió en missio redemptionis.
- La teología latinoamericana inicialmente se centró mucho en el Jesús histórico, insistiendo en el Reino de Dios como horizonte común de una sociedad más justa (entre tantas estructuras de opresión) y en la primacía de la praxis liberadora de Jesús, pero olvidando tanto la misión de cuidar la creación en una ecología integral como la acción del Espíritu Santo. La elaboración de una pneumatología latinoamericana, en la que ha sido pionero Víctor Codina, y la ampliación del paradigma de la misión nos permitirán integrar ambas perspectivas. La iglesia no nace en Belén o Nazaret sino en la Pascua con la efusión del Espíritu Santo. Con Espíritu, la iglesia es la comunión trinitaria. Su misión es un Pentecostés continuado. No hay una iglesia sin Espíritu
- Reconocer la misión del Espíritu nos llevará por los caminos de la mística, a adentrarnos en las vías de la interioridad, que son las del corazón, a reconocer al Dios de los místicos. La mística nos permitirá ser “evangelizadores con Espíritu” (EG 262-280) y al mismo tiempo a sostener la fuerza misionera con la intercesión de la oración (EG 281-283). La misión del Espíritu nos introduce en un proceso de divinización que es participación en la comunión misionera de la Trinidad. Venimos de la Trinidad y vamos a la Trinidad.
- El Espíritu Santo es el travieso de la familia: sopla con libertad como quiere y donde quiere. En él se superan las diferencias e identidades: cada pueblo comprende la Palabra de Dios en su propia lengua; invita siempre a proyectos siempre nuevos; desbarata los planes y nos propone nuevos, como le pasó a María, a José y a todos nosotros. Deshace, desordena, descompone y luego nos permite llegar a un nuevo orden que integre lo hasta entonces desconocido. Es fuente de alegría, como lo fue en pentecostés, permitiendo superar el dolor de la cruz. Une al Padre y al Hijo en un mismo amor y en una misma misión. Es el medio a través del cual podemos relacionarnos entre nosotros y en la iglesia;y anima la gran travesía misionera que une dos puntos de tierra o de mar, permitiendo la comunicación, comunión y cooperación misionera entre las iglesias locales. Es a la vez fuerza centrípeta y centrífuga, principio de comunión y de misión.
- Una comunidad animada por el Espíritu Santo es capaz de vencer el narcisismo de la auto-referencialidad y de superar la tentación del ghetto, de compadecerse y comprometerse. Es una Iglesia expresada, comunicada, en signos que se vuelven proyecto misionero. Que sale de sí, “ad gentes”; y más bien “inter gentes”: nuevo escenario en que simultáneamente se envían y reciben misioneros. No solo a los márgenes, sino desde ellos y en ellos.
Conclusión
Concluyó: La palabra más importante para un cristiano es el mandato del resucitado: Euntes! Es decir: Id, vayan, ¡vayamos a las gentes, estemos entre las gentes y con las gentes!, pero no con cara de muertos, sino con cara de resucitados. El Espíritu Santo ya nos precede en todas las Galileas de los gentiles.



