Actualmente el Papa Francisco se encuentra en Ciudad Vaticano reunido con un grupo de profesionales del mundo de la comunicación para el Jubileo del Mundo de la Comunicación, en el marco del Jubileo 2025 en el que estamos llamados a ser Peregrinos de la Esperanza. Ciertamente, uno de los retos esenciales de la Iglesia ha sido, es y será comunicar la Buena Nueva de que Jesucristo resucitado con los medios que se tengan disponibles, para llegar a cada corazón e iluminarlo con la luz del Resucitado.
Todo comienza por esa noticia: Jesús venció la muerte y abrió las puertas del cielo. Es una cristología que se reescribe y pretende transformar cada instancia, área, disciplina, espacio o iniciativa que existe. Por ello es urgente proponer la esperanza, testimoniar con el ejemplo e impulsar la conversión, transfiguración y evangelización de los que dominan los medios de comunicación social y así llegar a los oídos en los confines de la tierra.
La Iglesia tiene medios institucionales, pero no domina los medios de comunicación social internacionales, nacionales, regionales ni locales. Aunque sí genera muchas noticias gracias a su paso fuerte del Papa, de los dicasterios, de cada Iglesia particular, del clero, de las religiosas y religiosos y de cada iniciativa laical.
Hoy los medios y los comunicadores, sean como colectivo o de manera individual, luchan por ganar la delantera en la utilización de nuevas tecnologías como la inteligencia artificial, por ganar las exclusivas de entrevistas inéditas, por ser más atrayentes, por influir más en la opinión pública y por capturar y mantener la atención de las masas. Algunos tienen ansias de dinero, fama y poder, otros lo hacen por verdadera vocación de interés social y bien común. El Papa Francisco, al igual que otras figuras públicas, ha denunciado de manera consistente las fake news, que se han convertido como el icono de las malas prácticas comunicativas de este tiempo. Junto a las fake news se pueden añadir el uso excesivo de la violencia y del miedo en el discurso o las temáticas, la sexualización, los cebos digitales, los titulares maliciosos, el faranduleo que explota la vida de las celebridades y otros más.
Curioso es que los pobres, los encamados, los vulnerables, los que claman por los servicios básicos no alcanzan titulares ni coberturas porque posiblemente como se diría no venden y si no traen publicidad no va a tono con las prioridades. Recuerdo haberme indignado cuando en varios momentos me han querido comprar la portada para colocar promoción. Es cierto que también hay gente inescrupulosa, pero los buenos son más.
El problema también apunta a la solución, como el vicio señala la virtud al otro lado de la balanza. La vida, la autenticidad, la verdad y el compromiso con la justicia deben ser los estandartesf y el camino de cada medio de comunicación sea secular o religioso. De ahí que brota la intención atinada de que los medios fungen un rol de fiscalización. Cuando estos postulados se olvidan, solo hay un ilusionismo, medias verdades o verdades acomodadas para ganar atención. En la calle dirían: ¡Ese medio (o comunicador) está vendío (a)! Y cuando se construye sobre arena… Por eso muchos cuestionan las informaciones en la prensa y el mundo digital cargados de informaciones sorprendentes o impresionantes. Ya intuyen que, como pasa con las ofertas de los timadores, lo fantástico probablemente es mentira. Por ello, en los medios de comunicación y la prensa hay una crisis de credibilidad. No todos son así y son más los buenos, hay mucha esperanza, aunque justos pagan por pecadores.
Unos ejemplos concretos de iniciativas que buscan el buen camino son nuestra prensa católica puertorriqueña: Católica Radio, Radio Paz, Radio Oro, Canal 13, Católica TV, OMECOS y El Visitante, Prensa Católica para la Paz, en su 50 Aniversario que está firmemente comprometido con los postulados determine formar en la fe e informar del acontecer eclesial.
Durante el mensaje del Papa Francisco por la Jornada de los medios de comunicación social del 2024, el sumo pontífice subrayaba: “Hoy vivimos en un mundo que se va haciendo cada vez más «pequeño»; por lo tanto, parece que debería ser más fácil estar cerca los unos de los otros. El desarrollo de los transportes y de las tecnologías de la comunicación nos acerca, conectándonos mejor, y la globalización nos hace interdependientes. Sin embargo, en la humanidad aún quedan divisiones, a veces muy marcadas. A nivel global vemos la escandalosa distancia entre el lujo de los más ricos y la miseria de los más pobres. Hay que comunicar estas realidades.
Tal vez solo hay que comprender que todos somos comunicadores, mensajeros y peregrinos de la esperanza que pretender transformar y transfigurar toda la realidad para comenzar a disfrutar de la patria celeste desde hoy y ahora. Los medios pueden aportar grandemente a que juntos demos ese paso. Solo falta que cada uno acceda a la gracia sacramental, se determine a vivir conscientes de cada momento de cara a esa realidad y hacer camino aferrados a Cristo. Un paso a la vez. ¿Te animas?


