A días de cumplirse el 25 aniversario de la beatificación del Beato Carlos Manuel Rodríguez, la Iglesia en Puerto Rico vuelve su mirada hacia el camino recorrido y, sobre todo, hacia los pasos que aún quedan por dar en su proceso de canonización. En conversación con el P. Oscar Rivera, OSB, postulador de la causa, se vislumbra un proceso que avanza con seriedad, discernimiento y profunda confianza en la voluntad de Dios.
Hablar de una causa de canonización no es referirse simplemente a un reconocimiento institucional, sino a un proceso espiritual que nace del pueblo de Dios. Como explica el Padre Oscar, estas causas surgen cuando los fieles reconocen en una persona una vivencia extraordinaria de las virtudes cristianas: fe, esperanza y caridad. Es lo que la Iglesia denomina el sensus fidelium, ese “olfato espiritual” del pueblo creyente que percibe la acción de Dios en la vida concreta de una persona.
En el caso del Beato Carlos Manuel —“Charlie”, como cariñosamente lo llama el pueblo— esa huella ha sido particularmente fuerte. Su amor por la liturgia, su profunda vivencia del misterio pascual y su entrega apostólica, especialmente entre los jóvenes, continúan resonando con fuerza en nuevas generaciones.
Pero ¿dónde se encuentra hoy su causa?
Padre Oscar, explica que actualmente se contemplan dos posibles rutas hacia la canonización. La primera es la vía ordinaria, que requiere la aprobación de un segundo milagro atribuido a la intercesión del beato. La segunda, menos frecuente pero posible, es que el Santo Padre pueda proceder a la canonización sin la confirmación de un segundo milagro, considerando la extensión de su fama de santidad y la devoción del pueblo de Dios.
Ambas vías, sin embargo, requieren un discernimiento profundo y el cumplimiento de criterios rigurosos por parte de la Iglesia. No se trata de acelerar procesos, sino de garantizar que cada paso sea auténtico, sólido y fiel a la verdad.
En cuanto al milagro necesario para la canonización, el postulador señala que se ha trabajado en varios casos. Uno de ellos no logró avanzar debido a la falta de consenso médico, elemento indispensable en este tipo de procesos. Actualmente, se estudia un nuevo caso relacionado con una posible curación de cáncer, el cual continúa en evaluación. Aunque presenta elementos que llaman la atención —como la ausencia de tratamiento médico—, aún se espera la validación completa por parte de los especialistas.
Este dato, lejos de generar ansiedad, invita a una comprensión más madura del proceso: la Iglesia no busca resultados rápidos, sino certezas que puedan sostenerse con el paso del tiempo. La prudencia es, en este sentido, una expresión de respeto tanto hacia la figura del beato como hacia la fe del pueblo.
Por otro lado, P Oscar no descarta la posibilidad de que el Santo Padre pueda, en un momento dado, proceder a la canonización reconociendo la fuerza de la devoción existente. Casos recientes en la Iglesia han mostrado que esta vía, aunque excepcional, es real. Sin embargo, insiste en que esto también forma parte del discernimiento del Santo Padre y de la Iglesia universal.
Más allá de los aspectos técnicos del proceso, hay un elemento que destaca con especial fuerza: la vigencia del testimonio de Carlos Manuel. Su figura no pertenece únicamente al pasado, sino que continúa inspirando, particularmente a los jóvenes, quienes han redescubierto en él un modelo cercano, auténtico y profundamente cristiano.
“la conexión con los jóvenes es real”, podría resumirse de la experiencia compartida por el postulador. Charlie no fue un santo distante, sino un laico comprometido que vivió su fe en medio del mundo, con creatividad, valentía y una profunda comunión con la Iglesia.
Ante este panorama, la invitación del postulador es clara: el pueblo de Dios tiene un rol activo en la causa. Orar por su intercesión, dar a conocer su vida y testimonio —incluso más allá de Puerto Rico— y vivir con autenticidad la fe son formas concretas de colaborar con este proceso.
A 25 años de su beatificación, la causa del Beato Carlos Manuel no se mide únicamente en términos de etapas o requisitos cumplidos, sino en la huella viva que continúa dejando en la Iglesia. Su camino hacia los altares sigue abierto, sostenido por la oración, el discernimiento y la esperanza de un pueblo que, sin prisa, pero con fe, sigue diciendo: Charlie está vivo en medio de nosotros.



