Segundo Domingo del Tiempo Ordinario

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El Profeta Isaías anuncia cosas buenas para Israel. Es el Mesías que viene a traer la salvación y la felicidad al pueblo de Israel, pero con fuerza, con insistencia. Esta relación de Dios con su pueblo es una relación de amor.

Ahora que recomenzamos el Tiempo Ordinario, la Iglesia nos presenta la sección de la Primera Carta de San Pablo a los Corintios con respecto a cómo debe ser la Iglesia.  Estas lecturas nos sirven para nosotros evaluarnos como pueblo de Dios y comunidad misionera. Nos ayudan en el proceso sinodal.

Como todos los segundos domingos del Tiempo Ordinario, el Evangelio de hoy es sacado de San Juan Evangelista. Se trata del episodio de las Bodas de Caná, el primer milagro de Jesús. Cristo viene a transformar nuestras vidas.

El segundo domingo del Tiempo Ordinario está dedicado al Evangelio de San Juan, puesto que la presentación de la persona de Cristo en este evangelio es completamente distinta a los demás, al punto que ni siquiera presenta las tentaciones de Jesucristo en el desierto. Esta vez tenemos el pasaje de las Bodas de Caná, su primer milagro. A primera instancia, tomamos este pasaje por un pasaje mariano, en el cual vemos la poderosa intercesión de la Virgen María. De hecho, este es el pasaje que utilizamos en la Solemnidad de la Virgen de la Providencia.  Sin embargo, el tema principal de este episodio no es mariano sino cristológico: Jesucristo vino a salvarnos, a transformarnos, a cambiar nuestras vidas de la misma manera que cambia el agua en vino.

Este episodio de las Bodas de Caná tenemos que verlo en el contexto de tres pasajes de este Evangelio: las Bodas de Caná, la Expulsión de los Mercaderes del Templo y la Conversación entre Jesús y Nicodemo. El tema conductor de estos tres pasajes es que Cristo viene a transformarnos, como transforma el agua, a limpiarnos, como limpia al Templo, y a salvarnos, como le dice a Nicodemo. Este pasaje de hoy es una invitación a dejar que Cristo entre en nuestro corazón para limpiarnos de nuestros pecados y hacernos santos. Es una invitación de dejar que Cristo entre en nuestras almas para que nos llene de su gracia y poder y así poder enfrentar todo lo que tengamos que enfrentar en nuestras vidas. Esto incluye al COVID…   

Padre Rafael Méndez

Para El Visitante

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