Tras la llegada de la pandemia de COVID-19 a la Isla, en el 2020 se realizó un lockdown que alteró todos los quehaceres laborales y diarios de todo el mundo, al igual que la rutina espiritual de cada persona. A medida que la pandemia avanzaba, cada comunidad parroquial fue descubriendo nuevas necesidades en su gente, en especial en las personas con la salud comprometida y los encamados. ¿Qué logró hacer la Iglesia para atender estas carencias espirituales?

Una vez las autoridades gubernamentales y eclesiales fueron permitiendo reanudar los trabajos en mayo del mismo año, y tomando las debidas precauciones para evitar contagios, presbíteros, diáconos, ministros extraordinarios de la comunión y demás personas capacitadas visitaron a los enfermos para atender esas necesidades. Durante los primeros meses de la pandemia, la ausencia de la sagrada comunión en sus vidas y del acompañamiento espiritual dejó un gran vacío en los fieles católicos, pero especialmente los que la recibían continuamente en sus hogares.  

“La privación – de esto – por un tiempo nos dio testimonio de cuan fundamental es para un cristiano la presencia de la Eucaristía. Los enfermos nos recordaron el hambre por el Cristo que sostiene en los momentos de dolor y soledad”, expresó a este semanario Padre Yamil Velázquez de la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción de Cayey. 

Durante la pandemia, el padre Yamil, quien también es capellán en hospitales, tuvo la oportunidad de visitar a algunas personas en el hospital. Recordó que en ese momento los pacientes no podían recibir visitas de familiares y sólo los sacerdotes tenían acceso exclusivo con el propósito de ofrecer el sacramento de la unción a los enfermos. “Durante este tiempo de pandemia, la presencia – de un acompañante espiritual – ha sido fundamental no solo para los enfermos, sino también para los trabajadores de la salud. También hemos podido llevar alivio y consuelo a los héroes anónimos que están en los hospitales”, refiriéndose al personal médico. 

Cada diócesis y cada parroquia en la Isla tomó acción de acuerdo con su realidad, y cada sacerdote con su proceso personal. “Sí hay que reconocer que, en algunos lugares, la respuesta pastoral ha sido más lenta y ha habido temor y miedo, porque se ha pensado en la salud”. La Iglesia en general invitó a tomar acción, pero quizás en ciertas comunidades aún no se ha atendido la situación como se debería hacer en medio de la crisis actual. 

Por último, Padre Yamil invitó a respetar, de igual forma, la voluntad de los enfermos y cuidadores. La atención pastoral y espiritual es un servicio esencial para el ser humano. “Si una persona necesita la presencia de un sacerdote, hay que dar ese servicio esencial. Le pediría a los que necesiten de nuestra presencia que no tengan miedo y nos busquen. Vayamos venciendo nuestros propios miedos y barreras para cumplir con la misión que nos toca”. Hacia los cuidadores, expresó que son pieza clave de enlace entre el dolor y el alivio. Ellos son quienes hacen el contacto con el sacerdote y le explican la realidad de lo que se está viviendo con el paciente. “Ellos también necesitan sus espacios para cuidar su corazón y su dimensión espiritual, física y emocional. Los cuidadores nos recuerdan que el mandamiento del amor al prójimo sí es posible, al igual que ser fiel hasta el final”. 

Como medidas preventivas para evitar contagiar a personas comprometidas de salud, se recomienda acompañarlos aún en la distancia realizándoles llamadas y procurando que se sientan acompañados y queridos. De igual forma, no se recomienda realizar visitas a hospitales o a personas enfermas si usted o alguien cercano ha sido contagiado con alguna enfermedad, sea COVID-19 o no. También es importante mantener las medidas de precaución que nos han recomendado desde el inicio: distanciamiento social de 6 pies o más, lavarse las manos con frecuencia, utilizar mascarilla y alcohol para desinfectar las áreas.  

Jorge L. Rodríguez Guzmán 

j.rodriguez@elvisitantepr.com

Twitter: jrodriguezev

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