De dictaduras y colonizaciones (Domingo XIV del Tiempo durante el año, Ciclo B)

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Contexto

Los vaivenes del pensamiento humano se han dado a través de la historia, pero sin duda, hoy la velocidad de las comunicaciones los hace más patentes. A veces esos pensamientos o formas de vida se enfrentan con Dios. El problema no es que dudemos o nos enfrentemos alguna vez con Él, sino que lleguemos a pensar contumazmente que estamos en la correcto y Dios se equivoca. Hoy la Palabra nos muestra esa testarudez humana (cf. Ez 2,2-5) y cerrazón del corazón (Mc 6,1-6), causada por nuestra soberbia; a la vez que nos sugiere, que a veces nuestras debilidades son útiles para curarnos de los efectos de nuestro orgullo (2 Cor 12,7-10).

 

Reflexionemos 

Decía el Cardenal J. Ratzinger en la misa Pro eligendo pontifice, antes de iniciar el cónclave que lo eligió Papa: 

“¡Cuántos vientos de doctrina hemos conocido durante estos últimos decenios!, ¡cuántas corrientes ideológicas!, ¡cuántas modas de pensamiento!… La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos ha sido zarandeada a menudo por estas olas, llevada de un extremo al otro: del marxismo al liberalismo, hasta el libertinaje; del colectivismo al individualismo radical; del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo, etc… A quien tiene una fe clara, según el Credo de la Iglesia, a menudo se le aplica la etiqueta de fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, dejarse «llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina», parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus antojos… No es «adulta» una fe que sigue las olas de la moda y la última novedad; adulta y madura es una fe profundamente arraigada en la amistad con Cristo. Esta amistad nos abre a todo lo que es bueno y nos da el criterio para discernir entre lo verdadero y lo falso, entre el engaño y la verdad. Debemos madurar esta fe adulta; debemos guiar la grey de Cristo a esta fe. Esta fe —sólo la fe— crea unidad y se realiza en la caridad… En Cristo coinciden la verdad y la caridad.”

 

El domingo pasado veíamos que la enfermedad y la muerte entraron en la humanidad por el pecado y el Maligno (cf. Sab 2,25). Además de la pena que nos causan la enfermedad y la muerte, hoy la liturgia de la Palabra nos muestra otro efecto del Maligno y del pecado: la cerrazón a la sabiduría de Dios. El pecado ensombrece el entendimiento, tanto que llegamos a despreciar la sabiduría divina, como Jesús fue despreciado en su pueblo. 

 

Hoy, la “dictadura del relativismo” hace patente y descarado lo que se ha dado a lo largo de la historia, incluso en el mismo pueblo de Dios. Hoy es triste ver cómo los seres humanos no saben ni lo que son. No estamos hablando de si creen o no que Dios es uno y trino o si Jesús es Dios y hombre verdadero o si está presente realmente en la Eucaristía, etc. Hoy no sabemos ni que es el mismo ser humano (confusión antropológica), rebelándonos así contra el Dios Creador, pretendiendo decidir cómo es el ser humano, yendo contra su misma constitución natural. Es curioso ver esto en una sociedad, que a la vez valora tanto la ecología y el medioambiente. Para unas cosas respetamos la naturaleza y para otras vamos contra ella.

 

Hoy pagamos, incluso en dólares y centavos, las consecuencias de cerrarnos a las palabras proféticas de S. Pablo VI en la Humane vitae y abrirnos a la mentalidad antinatalista, pues al haber menos nacimientos la economía, y hasta los planes de retiro y seguridad social, se afectan. Pronto pagaremos los efectos de la dictadura anunciada por Benedicto XVI y llamada por el Papa Francisco colonización ideológica.

 

A modo de conclusión

Bástenos recordar que la verdad nos hará libres (cf. Jn 8,32).

Mons. Leonardo J. Rodríguez Jimenes

Para El Visitante

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