MANTENTE EN FORMA

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El que se tira todo el día en el sofá termina hecho marmota.  Hay que moverse, agitar el cuerpo para que no se entullezca.  Eso piden los médicos, incluso al que tiene las piernas como elefante.  Y en el matrimonio es bueno ejercer formas variadas para darle seguimiento a los buenos deseos con que se comenzó, después de la boda, o después de un retiro especializado.  Me animo a recomendarte ejercicios de mantenimiento, por si te ayudan. 

 

  1. Ora.  Saca todos los días un momento para sentarte frente a tu Dios.  Háblale de las dificultades que experimentas en tu misión de casado.  Pide auxilio especial para los momentos que prevés enfrentarás un choque o dificultad en ese día.  Busca luz para iluminar tus decisiones del momento.  Si esta oración la comparten los dos, mejor.  Es la oración del camello: al amanecer se arrodilla para que le ajusten la carga, y por la noche para que se la quiten y descansar hasta el próximo día.  Es difícil pasar un día sin probar bocado.  Que pienses lo mismo de la oración.  Di como el salmo: “¿Levanto los ojos a los montes, de dónde me vendrá el auxilio?  El auxilio me viene del Señor que hizo el cielo y la tierra”.

 

  1. Anímate a practicar una vez más, al menos durante una semana, el DIALOGO 10-10.  Este método, que se recomienda en talleres matrimoniales, engrasa de nuevo la herramienta más útil: la comunicación a nivel de sentimiento.  Se trata de sentarte a escribir durante diez minutos sobre una pregunta como por ej: ¿Cómo me siento cuando me llamas desde el trabajo?  Y luego ambos releen y comentan por otros diez minutos lo escrito.  No olvides que el movimiento se demuestra andando.  Y el arte de comunicar a nivel de sentimiento se consigue ejercitándolo.  Convéncete que esa habilidad no se caerá de la mata como el mango. Es como el caimito: tienes que subirte al árbol y desgajarlo.  Un convencido del 10-10 decía: “Me atrevo a afirmar que si

cada pareja en este país se comprometiese a emplear veinte minutos al día en intercambiar sincera y abiertamente sus pensamientos y sentimientos internos sobre la relación, añadiendo

las modificaciones apropiadas a su conducta, nuestra sociedad experimentaría un cambio revolucionario”.

 

  1. Si no hay tiempo para un diálogo diario (como en la vida espiritual con el examen de conciencia), decídete a separar un tiempo a la semana, o algo más al mes, para evaluar con tu cónyuge la marcha de la relación.  El que desea crecer en vida espiritual saca un día al mes para cultivar su espíritu.  Tu obligación como casado es la misma.  Para este negocio tan importante en tu vida no hagas menos que el que vende mofongos.  Se nos aplican las palabras del Kempis: “Avergüénzate, Sidón, dice el mar.  Por un ligero deleite, por un mediano interés se lanzan los mercaderes al peligro del mar, ¿y tú qué haces por las cosas que son de veras importantes?” Hay cuatro preguntas basicas que servirían para estas evaluaciones.  Te las regalo:
  2. ¿Cuáles son los aspectos positivos de nuestro matrimonio; las cosas buenas que ambos participamos?
  3. Como pareja, ¿qué esperamos de nuestro futuro?
  4. ¿Qué dificultades nos impiden esta felicidad compartida?
  5. ¿Cuáles son nuestras mayores áreas de tensión en este momento? 

 

La guerra se gana con el elemento SORPRESA.  Invéntate algo de repente que rompa la rutina (una salida, una comida en un lugar inesperado, un regalo o una delicadeza especial simplemente por amor, sin que exista ocasión obligada para celebrar).  Dicen que Houdini, el sorpresivo mago, le pedía a su esposa vestirse de forma desconocida, apostarse en una esquina, donde el pasaría a recogerla y ‘seducirlo’ para llevarla a un hotel.  Bueno, no te pases, pero invéntate algo.  De los pajuatos nada se ha escrito.  Yo no quiero que te llamen pajuato.

P.Jorge Ambert, S.J.
Para El Visitante

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