ASPIRA A SANTA

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El Espíritu Santo revuelve continuamente a la comunidad, para que en ella surjan figuras que vivan el mensaje evangélico de forma inesperada y asombrosa.  Esos son los santos.  Los que viven lo ordinario de forma extraordinaria.  Este 7 de julio celebramos el aniversario noveno del deceso de una mujer con esas dotes, a juicio de los que la conocieron más de cerca: Julie Alvira.  Seglar, casada, evangelizadora al máximo, trabajadora tenaz, mujer de oración y servicio.  Subrayo breve enumeración de lo que en ella admiraba a los que la trataron.

 

Amorosa: Era la característica que llamaba la atención de los que la trataban.  “Amado”, era su forma de saludo.  Y el abrazo, la conversación fluían. Y el amor traducido en servicio, era su lema, siguiendo la frase de San Ignacio: “En todo amar y servir”. Cuando en su trabajo en Autogrupo, concesionario en la venta de carros, llegaba un cliente gruñón, intolerante y amenazante, los encargados decidían “Mejor que lo atienda Julie”.  Porque ella siempre conseguía solución, con el deseo de acomodarse en lo posible a las exigencias del gritón.  Porque sentía aquello de “el amor se muestra más en obras que en palabras”. Y más atrae una gota de miel que un tonel de vinagre.  Esto lo ejercitó incluso de forma oficial, cuando la nombraron por un año presidenta de la Unión de Cubanos en el Exilio.  Fue su propósito buscar cubanos, y otros necesitados, a quienes llevarles la necesaria ayuda.

 

Evangelizadora.  Fue su cargo oficial sin habérsele nombrado.  Eso incluía catequista en barriadas pobres desde que llegó al país, profesora en cursos de preparación de catequistas para la Arquidiócesis, en que prácticamente recorrió todas las parroquias de la Vicaría de Río Piedras.  En la preparación de los tiempos fuertes, Adviento y Cuaresma, predicaba en retiros espirituales y charlas de animación pastoral.  Esa función era en realidad su vacación, la que rara vez tomaba si no era para leer y prepararse.  ¡En broma le decíamos que ella había predicado mucho más que algunos de los destinados a esa función!  Y para indicarle alguna dirección en la ciudad la mejor referencia era mencionarle una parroquia…

 

Austera.  De familia de clase media alta, no creía en lujos sino en vivir elocuentemente la pobreza de espíritu que predica San Mateo.  Era lo que le inspiraba el participar todos los años en un retiro de ocho días, para lo cual utilizaba el tiempo oficial de vacaciones en su trabajo gerencial.  Decía, graciosamente que ella no podía cocinar con más de cinco ingredientes.  Su rutina diaria era sueño de unas cinco horas, para despertarse a su ‘grandísimo desayuno’, café con leche y queso.  Comenzaba con su oración y misa diaria.  Era la primera en llegar a su lugar de trabajo, encargada de ir abriendo portones, tarea a la que no falló incluso en sus largos de años de terapias y visitas a médicos por su cáncer.  No compraba ropa; ella misma se confeccionaba lo que vestía pues trabajó como costurera; ni gastó en peluquerías, porque ella misma se atendía su peinado, para sorpresa de algunas amigas.  El ajuar de su casa era el mínimo pues ‘con una olla y un sartén basta’.  Su almuerzo era una taza de café con leche, y llegaba al hogar para cocinarle algo a su esposo.  Su buen sueldo se destinaba a limosnas a varias obras eclesiales, a las que regaló grandemente en su testamento. 

 

Eclesial.  Su timbre era ser fiel hija de la Iglesia y por eso evangelizaba, y leía, y asistía a conferencias para vivir afondo su vocación laical, ella que nunca pudo asistir a la universidad en su país por su actividad católica.  Si en su presencia alguien criticaba al obispo, en su rostro se asomaba molestia con lo que oía. 

 

Sufrida.  Su gran testimonio fue la forma como sobrellevó un cáncer que duró muchos años, y que después de unos cinco años de remisión, surgió devastador. Varias operaciones, continuas pruebas no le borraron la sonrisa.  Nunca mostró quejas por lo que sufría y en la sala de quimio era la que animaba a los otros enfermos.  En esto y en muchas más situaciones mostró lo que es vivir el Evangelio de forma seria y consecuente. Julie, ruega por nosotros.  

P. Jorge Ambert, S.J.

Para El Visitante

1 COMMENT

  1. Padre Ambert no la pudo describir mejor… Era toda bondad, servicio, dulzura y emanaba paz. Una Santa de nuestros tiempos. Sin duda fue directo al cielo. Bendecida por haberla conocido.

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