AMPLIANDO: RIESGO

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Se camina sobre ascuas encendidas, buscando aligerar el paso para que las quemaduras no sean tan irritantes. El paso apresurado es necesario, una condición terrenal que identifica a todo hombre y mujer que habitan el planeta. Caminar es ver mejor, hacer frente a las vicisitudes y circunstancias adversas. Nadie tiene otra opción, ni puede acogerse a otro plan porque la atadura terrenal así lo dispone.

     Ante la realidad, a veces desconcertantes, se busca refugio en la seguridad, en lo exacto, en lo que genera estabilidad. Para algunos salirse de lo obvio y lo establecido en pactar con el derrumbe de ideas y pensamientos. Mantener el ritmo de lo mismo, una especie de mampara para el refugio, para soslayar la tempestad.

     Ese no a lo nuevo y distinto es una pared que impide el paso, que mantiene el pensamiento en receso. El cambio se concibe como un salto en el vacío, como una especie de huida de lo firmemente aceptado. Además, que trae resabios y connotaciones que apuntan a un deterioro en ciertas mentes que quieren imponer sus arbitrariedades. 

     La mente abierta transforma la realidad en tajadas de oportunidades. El riesgo es parte integrar de un proceso de ver mejor, de aquilatar la realidad circundante. Ese no a la oportunidad que se abre en invitación oportuna, debilita y apunta a una falta de ver más allá, de abrir paso a través del ideal que salpica todo de éxito y logros.

     Se ha perdido el sentido de “echa la red a la derecha” y la cotidianidad se agazapa en lo ya visto y oído. La hegemonía del pensamiento sutil y afectivo ha dado paso al formalismo y oficialismo. Desde el nene que era bautizado en la ruralía hasta la medicina preparada por la madre o la abuela, todo ese caudal de luz afectiva ha pasado a ser recuerdos del pasado, un desbarajuste de aquellos tiempos marcados por la ignorancia.

     Al huirle a lo espontáneo y fruto de un amor sin tacha, nos enfrentamos al repelillo como escondite. El miedo y el pavor a lo de antaño se abren como limitación en tiempos de emergencia y necesidad de ayuda. Ya nadie confía en la buena voluntad, ni en la salud que viene acompañada de la oración, el fervor, la generosidad.

     El riesgo se abre como una invitación al fervor original, dominar la tierra y hacerla productiva. No hay tarea en soledad, Dios va con nosotros en toda empresa y nos ofrece su gracia y su misericordia. En el tiempo de multiplicar panes y dar a todos virtud y entusiasmo.

P. Efraín Zabala

Editor

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