En el libro del Éxodo Moises le indica al pueblo cómo debe comportarse con el necesitado.
En la Primera Carta a los Tesalonicenses, San Pablo nos habla del valor del ejemplo.
En una última reflexión previo a su muerte en la Cruz, Jesucristo, de acuerdo con San Mateo, nos habla de los dos pilares de la vida cristiana, el amor a Dios y el amor al prójimo.
Me acuerdo de una canción cantada por Lissette, en la década de los ’70: El que siembra amor. La canción decía: “El que siembra amor, cosecha alegría siempre recoge una flor”, La canción habla de lo que es vivir en el amor y todo el fruto, toda la vida que surge cuando se vive de amor. De eso es lo que nos habla las lecturas de hoy, Como siempre, Jesucristo utiliza las enseñanzas del Antiguo Testamento y llevarlas a un grado más elevado. En este sentido, no solamente utiliza las enseñanzas expresadas en el Éxodo, de la primera, sino que coge los 10 Mandamientos de la ley de Dios y los condensa en dos: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo.
Ya Jesucristo pone en relieve que la vida del cristiano es en forma de Cruz, porque tiene una dimensión hacia arriba, hacia Dios, y una dimensión horizontal, hacia el prójimo. Sale a relucir aquello que nos dice San Juan Evangelista en su Primera Carta: no se puede amar a Dios, que no se ve, y no al prójimo que se ve. Entonces el cristiano es una persona que vive del amor, pero el amor no es un sentimiento empalagoso, sino una decisión, una entrega, un compromiso, una praxis. Vivir en el amor de manera constante es entregarse uno, de manera consciente y generosa, a los demás.
Según nos dice la primera lectura de hoy, sacada del Libro del Éxodo, uno no puede abusar y hacerle daño al prójimo. Más de la mitad de los 10 Mandamientos de la Ley de Dios son en referencia a cómo nos debemos de comportar con él, procurando siempre ayudar al prójimo. Dios nos compromete a solidarizarnos con el necesitado. Los personajes de la “viuda y el huérfano”, como imágenes de los más indefensos de la sociedad, son una constante en el Antiguo Testamento, sobre todo en la literatura profética, como un recordatorio de que no podemos abusar del necesitado y el desvalido.
Es por eso que, cada vez que ocurre un desastre, una desgracia, nosotros los cristianos estamos llamados a solidarizarnos con el que sufre. La Iglesia cuenta con instituciones y asociaciones, como Cáritas, para afrontar estas situaciones y ayudar a las personas que lo necesitan, Dado a que somos una comunidad de fe y amor, no podemos voltear la cara al que lo necesita: eso no es digno de nosotros. El ayudar al prójimo es un imperativo que Jesucristo nos ha puesto en nuestros hombros como una cruz para caminar junto con Cristo.



