Hacen memoria del paso de San Juan Pablo II por P.R. 

Hace 40 años, Puerto Rico se detuvo. No era solo la visita de un líder religioso, era la llegada de un hombre que cambiaría para siempre el corazón de la Isla. El 12 de octubre de 1984, cuando el Papa San Juan Pablo II descendió del avión y besó el suelo boricua, un sentimiento de esperanza y unidad se esparció como una brisa suave sobre el pueblo puertorriqueño. Cuatro décadas después, esa chispa de fe sigue viva en la memoria del pueblo.  

  

La Universidad del Sagrado Corazón, (USC), en Santurce, fue testigo de uno de los momentos más memorables de aquella visita y conmemoró este histórico acontecimiento con una ceremonia el jueves 11 de octubre. Ante el monumento que recuerda la visita papal, un nutrido grupo se reunió para recordar y revivir ese día en que Puerto Rico recibió al “Peregrino de la Paz”.  

  

La ceremonia comenzó con un discurso del presidente de la USC, el Lic. Gilberto Marxuach Torrós, quien recordó las palabras del Papa durante su visita: “La Iglesia hunde sus raíces, cada vez más, en el alma buena del pueblo puertorriqueño”. Marxuach destacó cómo esas palabras siguen resonando, evocando las parábolas evangélicas sobre el crecimiento silencioso del Reino de Dios y su posterior florecimiento en frutos inesperados.  

  

Tras el discurso del presidente, se realizó una lectura de la semblanza del Papa Juan Pablo II, seguida por las memorias del Arzobispo de San Juan de Puerto Rico, Roberto González Nieves, OFM, quien compartió su relación personal con el Papa polaco. Los presentes escucharon atentos mientras González rememoraba los momentos vividos junto al Papa viajero, destacando su papel en la promoción de la paz y la evangelización.  

  

Uno de los momentos más emotivos del evento fue la interpretación del “Himno a la Alegría” por parte de la Coral Universitaria, que dio inicio a una procesión desde el monumento hasta la Capilla Mayor de la universidad, donde se celebró la Misa. Al comenzar la Eucaristía, la coral entonó el himno compuesto para la Visita papal, cuyas estrofas resonaron: “Peregrino de la paz llegaste a Borinquen bella que te acoge y te recibe vestida de primavera…”  

  

Durante su homilía, el Arzobispo González resaltó la importancia de aquella visita histórica, recordando el gesto del Papa al besar la tierra boricua en el aeropuerto y el impacto de su discurso en la USC. “Aquel día fue una fiesta nacional de la fe, un Pentecostés singular para Puerto Rico”, expresó el Arzobispo, enfatizando que esa jornada encendió la llama de la esperanza y el valor para la nueva evangelización.  

  

González también destacó que la celebración del aniversario no solo honra la memoria de la visita, sino que invita a reflexionar sobre las enseñanzas del Papa en temas como la dignidad humana, la familia, los derechos de los pueblos y los trabajadores, y la doctrina social de la Iglesia. “Acoger estos principios es celebrar en espíritu y verdad este importante aniversario”, afirmó el prelado.  

  

La Misa contó con la participación de los estudiantes, quienes proclamaron las lecturas, presentaron la oración de los fieles y realizaron un ofertorio especial. Un detalle significativo fue el uso de un misal diseñado especialmente para la visita del Papa en 1984, lo que añadió un toque simbólico a la liturgia.  

  

Entre los asistentes se encontraban el Obispo Auxiliar de San Juan de Puerto Rico, Mons. Tomás González, el Obispo de Arecibo, Mons. Alberto Figueroa, y el Obispo de Fajardo-Humacao, Mons. Luis Miranda, junto con representantes del clero de las diócesis de San Juan y Ponce.  

  

La visita del Papa San Juan Pablo II a Puerto Rico de 1984 fue un acontecimiento memorable para la Isla, especialmente para la comunidad del Sagrado Corazón, que recibió al Papa en un encuentro con religiosos en la cancha de la universidad. Cuatro décadas después, su mensaje de paz y esperanza sigue vivo en los corazones del pueblo puertorriqueño.  

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León XIV: «El matrimonio es una comunidad de vida y amor fundada en la fidelidad y la entrega mutua»

Ciudad del Vaticano. – El papa León XIV presidió este miércoles, 21 de octubre, la Audiencia General en la Plaza de San Pedro, donde reflexionó sobre la importancia del matrimonio y la familia a la luz de la constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II. En su catequesis, destacó que el amor conyugal encuentra su fundamento en la entrega recíproca, la fidelidad y la unidad indisoluble de los esposos. La audiencia tuvo un significado especial al celebrarse pocos días después de que el Santo Padre recibiera el alta hospitalaria, tras la intervención quirúrgica a la que fue sometido el pasado 13 de octubre. Antes de comenzar su reflexión, agradeció las numerosas muestras de cercanía y las oraciones ofrecidas por su recuperación. «Lo primero que quiero decirles es ¡gracias! Gracias por el apoyo de sus oraciones», expresó el Pontífice, invitando a los fieles a renovar su confianza en la bondad y misericordia de Dios. El matrimonio, una alianza de amor Al profundizar en las enseñanzas del Concilio Vaticano II, León XIV recordó que el matrimonio no puede comprenderse únicamente como un contrato jurídico, sino como una comunidad de vida y amor que nace de la decisión libre de los esposos de entregarse mutuamente. El Papa explicó que esta donación recíproca exige plena fidelidad y unidad indisoluble, siguiendo las palabras de Jesucristo: «Ya no son dos, sino una sola carne» (Mt 19,6). Asimismo, señaló que el amor matrimonial supera la atracción física y comprende la totalidad de la persona, expresándose mediante el afecto, la ternura, el respeto y la búsqueda del bien del otro. En este sentido, recordó que el hombre y la mujer poseen igual dignidad y están llamados a construir una relación que refleje el amor de Cristo por su Iglesia. La familia, fundamento de la sociedad Durante su enseñanza, el Santo Padre destacó también la dimensión social de la familia, definida por Gaudium et spescomo escuela del más rico humanismo y fundamento de la sociedad. Subrayó que la fecundidad del matrimonio encuentra una expresión particular en la procreación y educación de los hijos, a quienes el documento conciliar reconoce como un don extraordinario de la unión matrimonial. El Pontífice recordó que los esposos, al transmitir y educar la vida humana, participan de manera especial en la obra creadora de Dios y asumen una responsabilidad que debe ejercerse desde una conciencia formada a la luz del Evangelio y de las enseñanzas de la Iglesia. Un llamado a proteger la vida humana León XIV reiteró la enseñanza de la Iglesia sobre la dignidad de toda vida humana desde su concepción, insistiendo en la necesidad de protegerla y respetarla. Asimismo, destacó que el amor conyugal y la transmisión responsable de la vida deben comprenderse desde una visión integral de la persona, en la que la entrega mutua y la apertura a la vida constituyen dimensiones fundamentales del matrimonio cristiano. El Santo Padre reconoció que la defensa y el acompañamiento de las familias representan una tarea pastoral cada vez más urgente, recordando la atención que la Iglesia ha dedicado a esta realidad durante las últimas décadas, particularmente mediante los sínodos sobre la familia convocados por el papa Francisco. Al concluir su catequesis, León XIV encomendó a todas las familias del mundo a la protección de la Sagrada Familia de Nazaret, pidiendo que su ejemplo ilumine el camino de los matrimonios y fortalezca su vocación al amor, la fidelidad y la comunión. Fuente: Vatican News.

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