VOLVEMOS CON EL TEMA DE LA KATÁBASIS

La profecía de Isaías, sacada de los cánticos del Siervo de Yahveh, se convierte en una reflexión teológica de lo que serían los sufrimientos redentores de Jesucristo. 

Es el Autor de la Carta a los Hebreos, quien hace la más bella exposición teológica en el Nuevo Testamento sobre en qué consiste la Encartación del Hijo de Dios, Sacerdote y Rey. 

San Marcos nos refiere a un momento en el que Jesucristo le repite a sus Doce, en especial a los hijos del Zebedeo, que su mesianismo es el mesianismo del servicio y el de la Cruz y que, por tanto, sus seguidores han de imitar a su Maestro en ese renglón. 

No hace mucho nosotros meditábamos el término katábasis(κατὰβαίνω) que describe la gesta redentora de Nuestro Señor Jesucristo, que siendo Dios Todopoderoso se abajó hasta hacerse hombre, para así poder ser sometido al sufrimiento y a la muerte para así redimirnos. Hoy en la liturgia, nos encontramos en unos de esos raros momentos en que las tres lecturas hablan del mismo tema. 

La primera lectura es un fragmento de los Cánticos del Siervo de Yahveh. Estos capítulos de Isaías nos narran la serie de sufrimientos que este Siervo habría de padecer, en una pura obediencia amorosa a Dios, para la redención de la humanidad. Es cierto que en este fragmento se nos habla de la descendencia que este Siervo habría que tener por ser obediente a Dios, pero recordemos que estamos lidiando con el Antiguo Testamento, y por tanto los autores sagrados no sabían ni comprendían que el Mesías era el Hijo de Dios hecho hombre, como el Autor de la Carta a los Hebreos nos confirmará en la segunda lectura de hoy. Pero lo que sí nos dice Isaías es que este Siervo entregará su vida para la salvación de todos, que su sangre expiará los pecados de todos nosotros y que sobre sus espaldas cargará con nuestros pecados. Para nosotros los cristianos, esta carga que el Siervo carga no es otra que la Cruz. 

Mientras que, para algunos, la katábasis de Jesucristo es en función de su muerte en la Cruz, para el Autor de la Carta a los Hebreo, la katábasis está en función de una identificación del Hijo de Dios con nuestra humanidad. Al hacerse hombre, el Hijo de Dios sabe lo que significa ser humano porque los vivió, lo experimentó. Esto lo capacita para tener una comprensión de nuestra naturaleza, y la experiencia de caminar con nosotros, junto a nosotros. Gracias a esta encarnación, ya no estamos solos, sino que Cristo con nosotros camina. 

Con estas reflexiones en mente, volvamos al tema de la Pasión, ya habiendo sido revelada a los Doce: Jesucristo no había vuelto a mencionar el tema de su Muerte en Jerusalén y, tal parece, los Apóstoles creyeron que era tema olvidado y, por tanto, volvieron con el tema de pelearse por los puestos en un supuesto reinado terrenal de Jesucristo. Ante la petición de Santiago el Mayor y Juan Evangelista a Jesús por estos puestos, Jesucristo saca de nuevo el tema de su Muerte, para añadir otra cláusula: todo aquél que se precie ser cristiano, no puede estar buscando poder, sino que, a imitación de Jesucristo, tiene que ser humilde, tiene que servir al punto de ser capaz de dar la vida por sus hermanos (volvimos al tema del Siervo de Yahveh). ¿Seré capaz yo de llegar a esta renuncia, a esta entrega, a esta katábasis?

Padre Rafael “Felo” Méndez

Para El Visitante

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León XIV: «El matrimonio es una comunidad de vida y amor fundada en la fidelidad y la entrega mutua»

Ciudad del Vaticano. – El papa León XIV presidió este miércoles, 21 de octubre, la Audiencia General en la Plaza de San Pedro, donde reflexionó sobre la importancia del matrimonio y la familia a la luz de la constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II. En su catequesis, destacó que el amor conyugal encuentra su fundamento en la entrega recíproca, la fidelidad y la unidad indisoluble de los esposos. La audiencia tuvo un significado especial al celebrarse pocos días después de que el Santo Padre recibiera el alta hospitalaria, tras la intervención quirúrgica a la que fue sometido el pasado 13 de octubre. Antes de comenzar su reflexión, agradeció las numerosas muestras de cercanía y las oraciones ofrecidas por su recuperación. «Lo primero que quiero decirles es ¡gracias! Gracias por el apoyo de sus oraciones», expresó el Pontífice, invitando a los fieles a renovar su confianza en la bondad y misericordia de Dios. El matrimonio, una alianza de amor Al profundizar en las enseñanzas del Concilio Vaticano II, León XIV recordó que el matrimonio no puede comprenderse únicamente como un contrato jurídico, sino como una comunidad de vida y amor que nace de la decisión libre de los esposos de entregarse mutuamente. El Papa explicó que esta donación recíproca exige plena fidelidad y unidad indisoluble, siguiendo las palabras de Jesucristo: «Ya no son dos, sino una sola carne» (Mt 19,6). Asimismo, señaló que el amor matrimonial supera la atracción física y comprende la totalidad de la persona, expresándose mediante el afecto, la ternura, el respeto y la búsqueda del bien del otro. En este sentido, recordó que el hombre y la mujer poseen igual dignidad y están llamados a construir una relación que refleje el amor de Cristo por su Iglesia. La familia, fundamento de la sociedad Durante su enseñanza, el Santo Padre destacó también la dimensión social de la familia, definida por Gaudium et spescomo escuela del más rico humanismo y fundamento de la sociedad. Subrayó que la fecundidad del matrimonio encuentra una expresión particular en la procreación y educación de los hijos, a quienes el documento conciliar reconoce como un don extraordinario de la unión matrimonial. El Pontífice recordó que los esposos, al transmitir y educar la vida humana, participan de manera especial en la obra creadora de Dios y asumen una responsabilidad que debe ejercerse desde una conciencia formada a la luz del Evangelio y de las enseñanzas de la Iglesia. Un llamado a proteger la vida humana León XIV reiteró la enseñanza de la Iglesia sobre la dignidad de toda vida humana desde su concepción, insistiendo en la necesidad de protegerla y respetarla. Asimismo, destacó que el amor conyugal y la transmisión responsable de la vida deben comprenderse desde una visión integral de la persona, en la que la entrega mutua y la apertura a la vida constituyen dimensiones fundamentales del matrimonio cristiano. El Santo Padre reconoció que la defensa y el acompañamiento de las familias representan una tarea pastoral cada vez más urgente, recordando la atención que la Iglesia ha dedicado a esta realidad durante las últimas décadas, particularmente mediante los sínodos sobre la familia convocados por el papa Francisco. Al concluir su catequesis, León XIV encomendó a todas las familias del mundo a la protección de la Sagrada Familia de Nazaret, pidiendo que su ejemplo ilumine el camino de los matrimonios y fortalezca su vocación al amor, la fidelidad y la comunión. Fuente: Vatican News.

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