“Yo sé que estoy en el lugar correcto, en el que tengo que estar”. Esas fueron las palabras de Samuel Álvarez, que recibió los Sacramentos del Bautismo y la Comunión el pasado Sábado Santo, luego de pasar un proceso de conversión. Esto tras haber pasado 25 años de su vida como miembro de una Iglesia pentecostal en su natal Canóvanas.

El joven que recientemente cumplió un mes de haberse bautizado aseguró a El Visitante desconocer los planes que Dios tenga con él de ahora en adelante. “Él sabrá qué me tocará hacer, pero también yo tengo que saber que tengo que tener un corazón dispuesto, disponible y eso está”.

Samuel narró que fue su abuela la que lo introdujo en la Iglesia pentecostal. Desde allí se fue desarrollando como líder y gracias a su compromiso ocupó varias posiciones, entre ellas presidió grupos de jóvenes, fue líder de la juventud a nivel nacional, dio clases para adultos en las escuelas bíblicas, predicaba, cantaba, fue diácono y llegó a ser hasta co-pastor”. Por eso y varias razones optó por dejar su iglesia en el 2005.

Sin embargo, no fue hasta el 2013 que acudió a la parroquia Sagrado Corazón de Jesús en Canóvanas, un Jueves Santo. “Estaba en una crisis espiritual y de camino había hecho una oración en el carro y dije: ‘Yo no sé lo que tú vas a hacer, pero necesito saber que tú me tienes en tu mente. Un Jueves Santo en la Iglesia Católica se hace el lavatorio de pies. Yo no sé lo que tú vas a hacer, pero tú tienes que demostrarme que todavía hay algo entre nosotros porque yo no te siento cerca”.

Recordó que ese día el sacerdote hizo algo diferente porque, aunque ya se habían escogido a los que les lavarían los pies, pidió a seis personas que se pusieran de pie y les dijo que cada uno buscara un desconocido. Samuel estaba sentado en la penúltima banca del templo y cerró los ojos. De pronto sintió que lo tocaban por el hombro. Una feligrés lo invitó al frente y ella le lavó los pies. “Estaba tan emocionado que tuve que contenerme para no llorar, porque la oración que había hecho unas horas antes tuvo respuesta”, rememoró. Después de esto continuó asistiendo regularmente a la iglesia y participó de retiros que lo ayudaron a definir poco a poco el camino a seguir.

Afirmó que tras participar en la celebración del Sábado Santo del 2017 le dijo al sacerdote “si al cabo de 1 año logro contestar todas mis preguntas, poner en orden mi vida y hacer las paces con todo lo que no entiendo de la Iglesia católica, quiero que me bautices un Sábado Santo”. Y así ocurrió este año. Cabe mencionar, que Samuel tomó las clases que tuvieron una pausa a raíz del huracán María, pero por su cuenta leyó el Catecismo de la Iglesia Católica, “en el Catecismo hallé muchas respuestas, contesté muchas preguntas, nacieron otras que pregunté y me dieron respuestas”.

Aclaró que no se bautizó como un acto de rebeldía, “mis tiempos de rebeldía ya pasaron. Hago esto por amor a mí mismo porque el tiempo es duro y si no hay una vida de fe cultivada uno no termina bien y uno tiene que tener unos controles. Yo escogí un lugar donde yo pueda manejar y practicar mi fe junto a gente que vive también su fe”.

Al preguntársele qué experimentó el día de su Bautismo, precisó que “me dio un escalofrío cuando el Padre me echó el agua por tercera vez y dijo: ‘Y del Espíritu Santo’. Aquella fue otra cosa, temblé completo y me estremecí”. Mientras sobre la primera vez que comulgó admitió que fue un momento inolvidable. “Sentía que Jesús me decía: ‘Yo no te juzgo, aquí estoy yo, aquí está servido mi cuerpo, aquí está servida mi sangre. Este es el sacrificio que yo hice por todos ustedes’.  Me emocioné porque anhelé ese momento por mucho tiempo. Me acerqué al altar como una persona perdonada, limpia, como el hijo pródigo. Al comulgar recordé muchas cosas, lloré porque pensé que eso no iba a ocurrir jamás, porque me sentía indigno”, dijo emocionado.

Añadió que: “No puedo dar una definición de lo que sentí más allá de una liberación, pero sobretodo perdón. Me sentí y me siento perdonado. Me siento amado por él, eso ya pasaba, pero llegar ahí. No lo puedo explicar. Yo pensaba que yo iba a estar en la Iglesia todo el tiempo que yo quisiera, pero que nunca iba a comulgar porque yo no iba a ser católico. Romper con eso fue mi primer milagro porque rompí con la mente que te ata”.

Cuando se le preguntó si es feliz, respondió con una gran sonrisa que sí. “Antes de llegar a la Iglesia me sentía muy triste y hoy me siento feliz. Siento que me falta ser más feliz, que todavía hay regalos que vienen muy cerca. Tengo miedo porque no sé qué es lo próximo”, puntualizó.

Testimonio de un converso

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