Sentí vergüenza ajena por aquellos países que maltratan y marginan a sus ciudadanos, negándoles el derecho a una vivienda digna, a un trabajo justo y a la posibilidad de buscar una vida mejor en otros lugares, son responsables de perpetuar una injusticia que atenta contra la dignidad humana.
Es inaceptable que en pleno siglo XXI aún existan naciones que se niegan a garantizar el bienestar de sus habitantes, relegándolos a la pobreza y la exclusión social. La falta de acceso a una vivienda adecuada y a un empleo estable no solo afecta la calidad de vida de las personas, sino que también limita sus oportunidades de desarrollo personal y profesional.
Además, la restricción de la movilidad de las personas y la negativa a permitirles buscar una vida mejor en otros países es una forma de violencia estructural que perpetúa la desigualdad y la marginación. Es injusto que se impida a los individuos la posibilidad de prosperar y alcanzar sus metas, simplemente por haber nacido en un lugar determinado.
Los gobiernos que perpetúan estas prácticas discriminatorias y excluyentes deben ser señalados y condenados por su falta de humanidad y su irresponsabilidad ante las necesidades básicas de sus ciudadanos. Es necesario que se promueva una mayor conciencia y solidaridad global, para garantizar que todos los seres humanos tengan acceso a condiciones de vida dignas y justas.
En definitiva, es urgente que se ponga fin a las injusticias que sufren millones de personas en todo el mundo, y que se promueva un sistema más equitativo y solidario que respete la dignidad y los derechos fundamentales de todos los seres humanos.
Y lo peor de todo es que esos mismos países le dan másimportancia a la dichosa ideología de género, le dan más importancia a los animales que al ser humano. ¡Sacan a Dios de sus vidas y ahí tienen la consecuencia! ¡Hay que unirnos como familia para poder rechazar esas injusticias y dar mayor importancia a los seres humanos!
Continuaremos…
Diácono Martín Rosado
Para El Visitante



