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Obispado de Arecibo

 

Las nueva Carta Circular sobre las “Directrices sobre el uso del Uniforme Escolar en el Sistema Público de Enseñanza en Puerto Rico” (Carta Circular Número 16-2015-2016) firmada por el Secretario de Educación, Rafael Román Meléndez establece que “No se impondrá la utilización de una pieza particular de ropa a estudiantes que no se sientan cómodos con la misma por su orientación sexual o identidad de género” (punto 9).

De este modo, autoriza, en la práctica, que los estudiantes varones que aleguen no sentirse cómodos con su “identidad de género” puedan venir a la escuela vestidos con la falda utilizada por las niñas.

Si se pretendiese reclamar que no es el uniforme establecido para los varones, la carta dispone en el punto 5 que “no se impondrán medidas disciplinarias a un estudiante que no use el uniforme escolar establecido en el reglamento interno de la escuela”, “por alguna otra razón que pudiera resultar discriminatoria e irrazonable”.

Entre las “ventajas del uso de uniformes”, la nueva circular señala en el punto i que “evita el sexismo, o sea, elimina los estereotipos por el uso de falta o pantalón”.

La carta cita como base legal a la Orden Ejecutiva OE 2015-012, en la que el gobernador de Puerto Rico, Alejandro García Padilla, “ordena al secretario de Educación a que adopte la reglamentación necesaria para garantizar que el sistema público de enseñanza esté libre de discrimen contra estudiantes por motivo de su orientación sexual o identidad de género”.

Esta disposición da por sentado la promoción de la transexualidad en niños y adolescentes.

Sobre el tema de la aceptación de la propia identidad sexual, el Papa Francisco, en su discurso a la Organización de las Naciones Unidas, como parte del reciente viaje apostólico a Estados Unidos, manifestó:

“«El hombre no es solamente una libertad que él se crea por sí solo. El hombre no se crea a sí mismo. Es espíritu y voluntad, pero también naturaleza».  La creación se ve perjudicada «donde nosotros mismos somos las últimas instancias […] El derroche de la creación comienza donde no reconocemos ya ninguna instancia por encima de nosotros, sino que solo nos vemos a nosotros mismos». Por eso, la defensa del ambiente y la lucha contra la exclusión exigen el reconocimiento de una ley moral inscrita en la propia naturaleza humana, que comprende la distinción natural entre hombre y mujer, y el absoluto respeto de la vida en todas sus etapas y dimensiones”.

Acto seguido, el Papa Francisco amplió que sin el reconocimiento de estos “límites éticos naturales insalvables”, incluso el ideal de la no-guerra corre el riesgo de convertirse “en palabras vacías que sirven de excusa…para promover una colonización ideológica a través de la imposición de modelos y estilos de vida anómalos, extraños a la identidad de los pueblos y, en último término, irresponsables”.

En esa línea de reconocer el propio cuerpo como un regalo de Dios y, por lo tanto, la propia identidad sexual como varón o como mujer como parte de la creación de Dios que el ser humano no se la ha dado a sí mismo, sino que la acepta como un regalo de Dios y parte de su propia naturaleza humana, el Catecismo de la Iglesia Católica dice en el número 2333: “Corresponde a cada uno, hombre y mujer, reconocer y aceptar su identidad sexual. La diferencia y la complementariedad físicas, morales y espirituales, están orientadas a los bienes del matrimonio y al desarrollo de la vida familiar. La armonía de la pareja humana y de la sociedad depende en parte de la manera en que son vividas entre los sexos la complementariedad, la necesidad y el apoyo mutuos”.

La carta circular violenta el derecho de los padres a educar a los hijos según sus convicciones, al directamente ofrecer a los menores de edad, niños y adolescentes, la alternativa del transexualismo. Corresponde entonces a los padres el hacer valer su derecho natural a educar a sus hijos según sus convicciones, oponiéndose a la circular.

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