El 16 marzo de 2016 el Diccionario de la Real Academia Española (RAE) acababa de aceptar la palabra puertorriqueñidad en su versión digital, en el 2014 en su versión impresa. Esta aceptación fue resultado del magistral discurso que ofreció el escritor Luis Rafael Sánchez en la sesión inaugural del VII Congreso Internacional de la Lengua Española. El escritor puso la “puertorriqueñidad” en boca de todos, según los titulares de aquel día. La RAE define puertorriqueñidad como carácter o condición de puertorriqueño. La puertorriqueñidad no la puede ocultar ni borrar nadie, porque la llevamos detrás de la oreja de los niños, en la lengua de los jóvenes, en las arrugas de la abuela, en las manos cuarteadas del trabajador, en el “cajo”, en el “comel”, en el “hablar canta’o”, en las rimas, en las fiestas de cruz, en los novenarios, en la procesión de la Virgen del Carmen en lancha, en los aguinaldos, en la bandera, en el coquí, en el corazón que es boricua aunque naciera en la luna. El 19 de noviembre no nos define nuestro ser boricuas. Ese fue el día que nos encontramos con los españoles, pero no fuimos verdaderamente puertorriqueños hasta cientos de años después, por lo que la fiesta, la identidad, el jolgorio, la gesta, el orgullo patrio, las tradiciones, el baile, la música, la cultura que nos hace lo que somos la podemos celebrar cuando queramos y no hay que pedirle permiso ni esperar autorización de nadie. En medio de esta crisis tan aguda, nuestra tarea es resaltar y reafirmar nuestro carácter y nuestra condición de puertorriqueñas. Nuestras escuelas y los programas escolares pueden ser una celebración gozosa, todos los días, de lo que somos. ¡Ojalá nuestras parroquias tuvieran un papel más protagónico en fecundar el amor patrio! Por 52 semanas, siéntete orgullosa de ser boricua, comparte con tus estudiantes, con tus hijos el valor y la riqueza de haber nacido y vivido aquí. Todo el año, enseñarles a nuestros feligreses que a Dios le agrada que le alabemos a son del cuatro, la bomba y la plena y hasta en reguetón. Para salir de la crisis tenemos que sentirnos pueblo, sentirnos caribeños, sentirnos familia, sentirnos puertorriqueños todas y todos.

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