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Cómo José le encontró solución al alcoholismo.

Es sábado, en una parroquia de la zona Río Piedras. Entre los feligreses que van saliendo de la celebración de la misa se van confundiendo personas con diversos tipos de credos o incluso ateos que acuden a uno de tantos encuentros semanales para escuchar testimonios, expresar sus experiencias y acompañarse en un proceso de rehabilitación comunitario. 

La existencia del alcohol sobre la faz de la tierra data de tiempos tan antiguos como los del inicio de la agricultura, según estudios, cuando el ser humano en su curiosidad o invención descubrió la fermentación. En principio, estos líquidos espirituosos fueron utilizados como medicina. Con el pasar del tiempo fueron tornándose en bebidas artesanales que acompañaron celebraciones y en ocasiones fueron más higiénicas que el agua. Utilizadas en abuso puede causar graves problemas a quien las utiliza. “Si se consume durante mucho tiempo, contrariamente ocasionará un gran daño: oscurece el entendimiento, afecta al cerebro, produce temblores en las extremidades y visión borrosa…”, describía el inglés Roger Bacon en un escrito sobre medicina en 1683. 

Afectado por el uso y abuso del alcohol, José- nombre real, pero de quien reservamos su apellido para mantener la condición de anónimo – luego de haber buscado ayuda psiquiátrica y espiritual y no haber alcanzado solución, acudió un día a uno de estos encuentros semanales en busca de ayuda. Lo llevó allí “el dolor de estar cansado de esta condición y no poder cambiar mi vida”. Desde la adolescencia José tuvo contacto con bebidas embriagantes. “La adicción se debió a que cuando consumía alcohol me atrevía a hacer cosas de las que me cohibía”, relató. 

Al asistir a la primera reunión le sucedió algo muy inusual: “Llegué un domingo, me senté y comencé a entender. Entendí el alcoholismo como una enfermedad. Fue una experiencia maravillosa con personas que no conocía. Vi un milagro en 20 sillas, de meses a décadas sin consumir alcohol. Ahí vi un milagro. De allí salí sin deseo de beber alcohol y me he mantenido”, reveló José con emoción. 

“Haber recuperado la confianza de mi familia y poder servirles a otras personas que están pasando por lo que yo pasé. Eso me llena”, expresó José quien actualmente es miembro del grupo de Alcohólicos Anónimos y sirve acompañando a otros en su proceso de rehabilitación para superar la adicción. “No eres culpable, pero sí responsable”, es uno de los enunciados que acompañan el proceso de atención a esta enfermedad. 

Si confrontas problemas con el consumo de alcohol, hay solución en diversos puntos de la Isla. Para detalles, puedes comunicarte con José al 787-932-2519 o con Edwin al 787-317-1966. Ayuda libre de costo para hombres o mujeres. Las reuniones son abiertas a toda persona, incluso sin problemas con el alcohol. 

Jonathan Colón Hernández

Para El Visitante 

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