Uno de los más recientes santos de esta generación, San Pío de Pietrelcina fue un italiano que falleció el 23 septiembre de 1968. Se le conoce por ser la última persona en llevar visiblemente en sus manos los estigmas de Cristo por espacio de 50 años. El primero fue San Francisco de Asís.

Padre Pío, como se le llama al fraile natural de Pietrelcina, era de salud delicada por lo que estuvo de convento en convento hasta que llegó al pueblo de San Giovanni Rotondo al este de Italia. Allí comenzó su vida apostólica y desde temprano comenzó a dar señales de santidad.

Según Fray Jimmy Casellas, párroco de San Antonio en Río Piedras “bien sabemos que la santidad nos cuesta mucho creerla en aquel entonces, ahora y prácticamente siempre y fue silenciado por espacio de 25 años, al pensarse que se auto infligía las heridas”.

“Ahí yo creo que fue donde más demostró la santidad. No se quejó, no despotricó contra las autoridades, sino que sumisamente obedeció ese silencio en el que sí podía seguir celebrando la misa de forma privada pero no podía predicar en público, no podía administrar el Sacramento de la Reconciliación que tanto adoraba él”, agregó el también director espiritual del Colegio San Antonio en Río Piedras.

Luego del silenciamiento, la Iglesia se percató que sus estigmas eran auténticos y a partir de ese momento su figura comenzó a llamar la atención. Tenía un don extraordinario para el Sacramento de la Reconciliación por lo que a veces estaba hasta 15 horas sin interrupción en el confesionario. “Cuando la gente se acercaba a la Confesión, algunos se volvían nerviosos y callaban u olvidaban sus pecados y él les decía: ‘Mira se te olvidó este, este y este’”, comentó Fray Jimmy sobre el santo que también podía identificar quién iba a la confesión como curiosidad.

Según el fraile se decía que el santo tenía un carácter bastante delicado y difícil, “era santo por un lado pero no dejaba de ser humano por el otro”. Por lo que aseguró que con ello se demuestra que la santidad de estos tiempos no es necesariamente hacer cosas extraordinarias o milagros, sino que siendo un ser humano común y corriente también se puede alcanzar la santidad.

También existen varias historias que hablan sobre la capacidad de bilocación, estar en dos lugares simultáneamente, que tenía P. Pío. Una de ellas narra que durante la Segunda Guerra Mundial los pilotos tenían que bombardear la ciudad y que San Pío se le apareció al piloto indicándole que no era razonable lo que iban a hacer, luego el área se llenó de nubes y no pudieron bombardear.

Su don de comunicar a la gente llevó al fraile a recibir cartas de personas del mundo entero las que se tomaba el tiempo de contestar. También estableció el hospital El alivio del sufrimiento que funciona con donativos y ubica al lado del convento franciscano con el fin de atender físicamente el sufrimiento de las personas. Hoy día es uno de los hospitales más grandes en Italia, con los mejores médicos especialistas que ofrecen los servicios de manera voluntaria. “Esa es la santidad de estos tiempos, hacer de las cosas ordinarias, cosas extraordinarias”, subrayó Fray Jimmy.

De otro lado, 40 años después de su muerte, su cuerpo fue exhumado (lo sacaron del lugar donde lo habían sepultado) y estaba intacto. Aún se conserva el cuerpo incorrupto en una iglesia en el mismo pueblo donde pasó su vida “dando testimonio de que la fe sencilla, la santidad del siglo 20 y 21 no es hacer cosas sobrenaturales, sino lo sencillo hacerlo bien y convertirlo en extraordinario”.

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