P. Rafael Méndez Hernández, PhD
Catedrático Asociado, PUCPR
En la primera lectura, del Profeta Jeremías, nos confía el Profeta que, por serle fiel a Dios, le granjeará enemigos, pero a él no le importa, porque pone su confianza en el Señor.
En la Carta a los Romanos, San Pablo sienta las bases para la doctrina del pecado original y la teología de la salvación universal a través del bautismo.
En el Evangelio de San Mateo, Jesucristo nos dice lo mismo que nos dice Jeremías: que pongamos nuestra confianza en Dios y que no le tengamos miedo a los hombres.
¡Qué mucho decimos que confiamos en el Señor, sin embargo, a la hora de los mameyes, esa confianza desaparece! Veamos. Tenemos que ir a misa todos los fines de semana, ya sea sábado, ya sea domingo. Pero llega nuestro jefe y nos dice que tenemos que trabajar tanto el sábado como el domingo. ¿Cuánto de nosotros somos capaces de decirle a nuestro jefe que lo sentimos, que tenemos que ir a misa los domingos y que, por tanto, o trabajamos sábado o domingo, pero no los dos? Pues precisamente este es el gran planteamiento que nos hace Jesucristo en el Evangelio de hoy.
Nos llenamos la boca en decir que tenemos fe, pero la fe no es un mero sentimiento sino una convicción, un acto concreto, una decisión que te define. El cristiano se sabe que vive en una sociedad en la cual la fe se cuestiona, la fe se reta, y uno tiene que dar testimonio de esa fe. Tener fe en Cristo es vivir como Cristo quiere que uno viva, actuar como Cristo quiere que uno actúe, decidir como Cristo quiere que uno decida. Pero, cuando se llega el momento en que uno sabe que, tomar la decisión correcta implica que habrá problemas, que habrá gente que se moleste o se enoje con nosotros, ahí es que se prueba si uno tiene fe y confianza de verdad en Dios o no.
Eso nos pasa mucho a los sacerdotes. Hay veces que uno sabe que, si uno dice la verdad va haber gente que se enoje con uno, y endulzar la cosa contenta a la gente, pero uno le falla a la confianza que Dios pone en uno para predicar el Evangelio tal como Cristo quiere que se predique. ¿Cuántas veces he estado en situaciones en que me he dicho, “si digo esto me van a caer chinchas encima”?
Lo que se nos olvida es que, aunque de momento las cosas se nos ponen difíciles, que la gente se va a enfadar con uno, que el jefe se va a molestar con uno y quizás nos bote del trabajo, a la larga, Dios nos va a responder, la verdad se va a imponer, “Dios va a salir fiador por uno”. En mi vida puedo dar testimonio que, por serle fiel a Cristo he vivido situaciones difíciles y dolorosas, pero a la larga, Dios me ha dado la razón y los que una vez estuvieron en mi contra, terminaron siendo los mejores fieles de mi parroquia. Seamos fieles a Cristo.



