TENGO ALGO QUE DECIRTE: Sobre las misiones

Octubre llega para recordarnos una verdad hermosa: la Iglesia existe para evangelizar. No podemos guardar solamente para nosotros la alegría de haber conocido a Jesucristo. Quien se encuentra de verdad con Él siente nacer en su corazón el deseo de compartirlo, anunciarlo y hacerlo cercano mediante una vida llena de amor y servicio. 

Este año celebramos con gratitud el centenario de la Jornada Mundial de las Misiones, instituida en 1926 por el papa Pío XI. Durante cien años, esta jornada ha unido a los católicos del mundo en una gran familia misionera que ora, comparte y sostiene generosamente a los misioneros y a las Iglesias jóvenes. 

El papa León XIV nos propone el lema: «Uno en Cristo, unidos en la misión». Es una invitación a regresar al corazón del Evangelio. Nuestra unidad no nace de pensar todos de la misma manera, sino de permanecer unidos a Cristo. Él es quien nos reúne, sana nuestras divisiones y nos enseña a reconocernos como hermanos. Separados de Él podremos realizar muchas actividades, pero no daremos frutos que permanezcan. 

Ser uno en Cristo significa colocar a Jesús en el centro de nuestra vida, escuchar su Palabra, alimentarnos de la Eucaristía y permitir que su amor transforme nuestro corazón. Pero, Jesús no nos reúne para que permanezcamos encerrados. Nos une para enviarnos. Por el bautismo, todos formamos parte de esta hermosa aventura misionera. 

Somos misioneros cuando compartimos la fe en la familia, escuchamos con cariño a quien sufre, acompañamos al enfermo, acogemos al migrante y defendemos la dignidad del pobre. También, cuando educamos con paciencia, trabajamos honradamente, cuidamos la creación y llevamos una palabra de consuelo a quien ha perdido la esperanza. En cada uno de estos gestos le decimos al mundo que Dios continúa amándolo. 

Durante este mes asumamos tres compromisos sencillos: orar por los misioneros, colaborar generosamente con las misiones y convertir nuestra vida cotidiana en testimonio del amor de Cristo. Ninguna oración, sacrificio o aportación es pequeña cuando nace de un corazón generoso. 

Cien años después, el mandato de Jesús conserva toda su fuerza: «Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos». Ahora nos corresponde a ti y a mí escribir una nueva página. 

No lo olvides: tú también, eres misionero. ¡Ánimo! Cristo camina con nosotros, guía nuestros pasos y mantiene encendido el fuego de la misión. 

Mas leídos

Topics

Artículos Recientes

Categorías Populares