Su Excelencia, Mons. Jude Thaddeus Okolo, Delegado Apostólico para Puerto Rico; S.E.R, Mons. Álvaro Corrada del Río, SJ, vicepresidente de la CEP y Obispo de Mayagüez; S.E.R. Mons. Eusebio Ramos Morales, Obispo de Fajardo Humacao, secretario de la CEP y Obispo anfitrión; S.E.R. Rubén Antonio González Medina, Obispo de Ponce; S.E.R. Mons. Daniel Fernández Torres, Obispo de Arecibo; Rvdo. Padre Antonio Cartagena, Administrador Diocesano de la Diócesis de Caguas; hermanos sacerdotes y diáconos, religiosas, religiosos, seminaristas, catequistas, líderes eclesiales en parroquias y movimientos apostólicos, adultos, jóvenes, queridos viejitos y viejitas, niños y niñas especialmente los recién nacidos y los que se encuentran en el vientre materno y todos nuestros queridos fieles en Cristo Jesús, autoridades civiles y municipales: gracias por toda su ayuda y colaboración.

Bienvenidos sean todos a este banquete de la fe en ocasión de la celebración de la Solemnidad de Nuestra Señora de la Divina Providencia, Patrona Principal de toda la Nación Puertorriqueña y de la fiesta del Descubrimiento de Puerto Rico, Borinquen Bella.

¡Gracias a todos y a todas por su presencia! Y como dice el Obispo de Ponce: “¡Qué bueno que viniste!”. ¡Gracias por ser tesoros de la Iglesia y de nuestra Patria!

En Caná, en presencia de María, se llenaron de agua seis jarras o tinajas de piedras que luego el Señor convirtió su contenido en el mejor vino. Hoy nuestras seis diócesis, juntas como esas seis jarras pero cuyo contenido es este pueblo santo de Dios, pedimos también la intercesión de María para que su Hijo, ante su presencia, nos transforme en el buen vino, es decir, en el buen cristiano y cristiana para manifestar la gloria de Dios en todo Puerto Rico.

La solemnidad de hoy y cada solemnidad mariana no es para resaltar la figura de María sobre la figura de Jesús, sino para resaltar, como se resalta hoy, el poder intercesor de María, la llena de gracia, la Altagracia como la llaman nuestros hermanos dominicanos, o la Virgen del Perpetuo Socorro como la llaman nuestros hermanos haitianos, o la Virgen de la Caridad como la llaman nuestros hermanos cubanos.

Por ello, la presencia de cada uno, de cada una de ustedes nos dice que nosotros y nosotras seguimos a un Cristo que no es huérfano, sino que tiene siempre una madre a su lado; seguimos a un Cristo que oye siempre a su Madre y obra signos por su intercesión.

Si Puerto Rico pierde su amor y su devoción a María pierde gran parte de su encanto espiritual y humano. Dejemos a nuestras futuras generaciones una fe cristiana con la riqueza de María; no leguemos a nuestras generaciones un Cristo huérfano.

Celebremos esta solemnidad mariana con el compromiso de salir de este lugar en Humacao con renovadas energías para hacer de la devoción a la Santa Madre de Dios una parte esencial del estilo de vivir nuestra fe en tierras borincanas, confiando a su tierna intercesión todas nuestras ansiedades que no son pocas, nuestros problemas que no son pocos, nuestras penas que no son pocas, nuestras alegrías y esperanzas que son muchas, durante estos tiempos tan difíciles, dolorosos y desafiantes.

¡Si María nunca abandonó a su Hijo en su Cruz, tampoco abandonará a Puerto Rico en su cruz!
Celebrar a la Virgen María es celebrar la cercanía de su Hijo. ¡Celebremos a María, Madre de la Divina Providencia! ¡Demos gracias a Dios por el regalo que nos hizo el Papa Pablo VI, ahora beato, al declararla, patrona principal de la toda nación puertorriqueña, protectora de nuestra identidad y de todas nuestras familias!

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