Nuestra Iglesia vive el amor de Cristo en su identidad y en su misión, y nos expresa la necesidad de orar por la unidad de los cristianos como signo de ese Amor. Por eso, es que desde el año 1968 se ha tenido la iniciativa de preparar una Semana de oración guiada por una temática y unos módulos a seguir que tradicionalmente se celebra del 18 al 25 de enero pero puede ser movido por razones pastorales. Aunque todavía en muchos lugares pasa desapercibido este material, hay muchos lugares que a la vez toman muy en serio esta oportunidad que brinda la Iglesia para expresar signos de unidad con otras hermanas comunidades cristianas, pero también de concienciación y sensibilización para los propios católicos.

En este año 2017, la invitación temática, se fundamenta en el texto bíblico de la Segunda Carta de San Pablo a los Corintios (5, 14-20) que nos dice: “Reconciliación. El amor de Cristo nos apremia”. Esta es una invitación tan necesaria como fundamental en un mundo que crece en divisiones y en anhelos de exclusión, y es la Iglesia quien continúa siendo voz de unidad. De manera incansable y también fiel al compromiso con la unidad como el sueño propio de Dios para la humanidad y que el mismo Jesús expresó ¡qué todos sean uno! Una opción presente en toda la historia de la Iglesia pero que de manera especial se manifestó en el compromiso expreso en el Concilio Vaticano II y ha continuado su camino por la unidad. Este deseo no ha sido accidental y aunque haya atravesado diversos momentos tanto de apogeo como de reflexión su avance lo ha determinado la persistencia a través del tiempo que permite tener una perspectiva más amplia y apropiada en el modo de establecer los diferentes tipos de diálogos con otras Iglesias.

Las instituciones a nivel internacional que han mantenido este camino han sido el Consejo Mundial de las Iglesias y el Pontificio Consejo para la promoción de la unidad de los cristianos en sus diversos momentos históricos y Comisiones diversas a través de los años con múltiples diálogos e iniciativas. Sin duda, no de manera exclusiva, porque sin la ayuda de numerosos grupos comprometidos en la base de nuestras comunidades cristianas el avance sería casi imposible.

Este año se contextualiza esta Semana de oración: primero en el marco histórico conmemorativo de los 500 años de la Reforma Luterana y, segundo, en la cruda prueba de las persecuciones cristianas de nuestros tiempos. Por un lado, la oportunidad de conmemorar la Reforma Luterana abre espacios de Reconciliación y por lo tanto de cercanía ante la herida de la división que acarreamos y es un anti testimonio para el mundo entero. Un momento para retomar y reafirmar los elementos que nos unen después de una larga historia de tensiones. Por otro lado, lograr ser más sensibles de una triste realidad ante el martirio de tantos hombres y mujeres por no claudicar a la persona de Cristo. Solo pronunciar su Dulce Nombre ha provocado tanta ira contra los  fieles.
Los signos que resaltan en el camino son la oración común y la Palabra en las Escrituras, fundamentales para mantener un espíritu abierto y acogedor para las ideas y proyectos que pueden ayudar a provocar mayor sensibilidad y concreta cercanía en las realidades propias de feligreses, familias y comunidades. Incluyendo la sociedad como recipiente de ese espacio diverso que necesita modelos reales de que existe la posibilidad de vivir la unidad en la diversidad. Aunque todos reconocemos las dificultades y limitaciones de este camino, la Iglesia no ha claudicado en mantenerse en una constante reflexión sobre el tema de la unidad y solo encuentra su corazón en la oración. Concluyo invitándote a indagar más sobre las iniciativas Diocesanas, Parroquiales o comunitarias en las cuales puedes aportar tu presencia, participación y apoyo. Sobre todo orar juntos como nos presenta la conclusión del Octavario:

Dios trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te damos gracias por esta Semana de Oración, por estar juntos como cristianos y por los distintos modos en que hemos sentido tu presencia. Haz que siempre podamos alabar juntos tu santo nombre para que podamos seguir creciendo en la unidad y la reconciliación. Amén.

(Padre Miguel de Ángel Ramírez, párroco | parroquia Santos Ángeles Custodios en Yabucoa)

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