Los Hechos de los Apóstoles nos presenta, en la 1ra lectura, cómo la Iglesia, a pesar de las persecuciones, sigue creciendo, fruto de la acción de los Apóstoles y, sobre todo, la acción del Espíritu Santo.

El Apocalipsis nos presenta una hermosa descripción de ese cielo que Jesucristo nos ha prometido.

El Evangelio de San Juan nos presenta el discurso de despedida de Jesús, en la Última Cena.

Como hemos estado viendo durante todo el Tiempo Pascual, los Apóstoles ejercieron una labor titánica para pregonar la gran noticia de la Resurrección del Señor y, con esta noticia, el establecimiento y crecimiento de la Iglesia. Este pregón evangélico siempre estuvo amenazado con toda clase de peligros y obstáculos, pero el Espíritu de Dios ha sido más fuerte que todas las amenazas y la Iglesia continuó, y continúa, creciendo. Esta noticia debe representar un reto para aquellos lugares, como Europa, en lo que siente una Iglesia en receso. Es imperativo invocar al Espíritu de Dios, ser fiel a la verdad revelada y dejar que este Espíritu nos inunda con entusiasmo para que esta Iglesia crezca.

NO hemos enfatizado suficientemente que el libro del Apocalipsis no es un libro para darnos miedo sino, muy al contrario, darnos esperanza, gozo, ánimo, alegría.  La 2da lectura de hoy nos presenta una “probadita” de ese Cielo al que nosotros aspiramos llegar. La lectura de hoy nos describe la belleza del mismo. Este Cielo es la morada de la novia de Jesucristo, la Nueva Jerusalén que no es otra cosa que la Iglesia, o sea, nosotros.

Ya se está acercando el final del Tiempo Pascual: Ascensión y Pentecostés Jesucristo se nos va despidiendo de nosotros puesto que regresa a casa, regresa a su Padre. Es por eso que la Iglesia nos presenta el discurso de despedida del Evangelio de San Juan, presentándonos a Jesús despidiéndose puesto que regresa al Padre. El discurso fue pronunciado en la Última Cena puesto que Jesucristo se despedía de sus Apóstoles, aunque éstos no sabían lo que iba a pasar y no sospechaban que Cristo se estaba despidiendo. La referencia del “Momento de la Glorificación”, no es otra cosa que el momento de la Crucifixión. En el Evangelio de San Juan, Glorificación y Crucifixión son la misma cosa. Es por eso que Jesucristo deja una serie de recomendaciones para los Apóstoles… y para nosotros.

La primera gran recomendación de Jesús, una recomendación que se nos convirtió en un mandato, es que vivamos en el amor y de ella se derivarán las demás. Nos debemos amar unos a otros porque Dios mismo es la esencia del amor. El gran signo por el cual nos reconocerán como discípulos de Jesucristo, por el cual nos evaluarán, por el cual convenceremos a la gente de un Jesucristo vivo, es que somos hombres y mujeres de amor. Si no nos amamos en nuestros hogares, en nuestras parroquias, en nuestras comunidades, no tenemos a Jesús en el corazón y seremos incapaces de evangelizar. Este es nuestro reto.

Padre Rafael “Felo” Méndez Hernández, Ph.D.

Para El Visitante 

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