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San Ramón Nonato, patrono de los niños por nacer

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Homilía por fiesta de San Ramón Nonato en la parroquia bajo el patronato del santo en Juana Díaz

Hoy celebramos la Fiesta de San Ramón Nonato, Patrono de esta comunidad parroquial. A San Ramón Nonato se le ha vinculado a las futuras madres, que acostumbran a pedir su intercesión para que sus hijos nazcan bien.

Y hoy quisiera invitar a las futuras madres, a todas las mujeres actualmente embarazadas, y a las que un día lo estarán, y también a las que un día lo estuvieron -sin excluir a los hombres, parte activa importante en la gestación de los hijos-, a valorar el don de la vida, pues la vida es don de Dios y patrimonio de todos. Este es el mensaje que hoy se desprende de este santo, San Ramón Nonato, salvado del vientre de su madre, ya muerta. Quienes atendieron a su madre, ya sin vida, notaron que algo o alguien se movía en el vientre materno y tomaron la decisión de abrirlo, para, con alegre sorpresa, comprobar que el niño estaba vivo y sano. Por lo que le apodaron “nonato”, no nacido. Más tarde este niño llegaría a ser santo.

Lo contrario a lo que, no por decenas, ni por cientos, ni por miles, sino en millones de casos, acontece cuando una mujer aborta. Estando la mujer, la madre, viva, se mata al niño que lleva dentro, que nunca podrá llegar a santo.

Dice la Biblia que cuando Dios creó al hombre, lo creó a su imagen y semejanza. A imagen y semejanza lo creó. El dueño de la vida no es el hombre, sino Dios que lo creó.

Lo explicaba muy bien el Papa Francisco, cuando todavía no era Papa, sino el Cardenal Bergoglio, en una homilía, precisamente, sobre San Ramón Nonato. Decía en su homilía, que todos hemos sido invitados al banquete de la vida: “Dios nos invita a la vida, nos trajo acá, nos ha invitado. Ninguno de nosotros somos los dueños de la casa de la Vida, nadie tiene la llave. Y Él nos invita
porque Él es la Vida. Él nos hace participar de su grandeza, de su belleza, de su bondad, de su verdad que es la Vida”.

Y prosigue: “Todos somos invitados. Por eso si alguna vez alguno de nosotros se cree dueño de la vida, ahí perdió, se equivocó”. Si uno es invitado a una casa y trata de querer ser el dueño, hace el ridículo.

Y en el más puro deje argentino concluía el entonces Cardenal Bergoglio: “No sos dueño, sos un invitado”. El dueño de la casa es el Señor, el autor de la vida.

San Ramón Nonato, Patrono de las madres gestantes y de los nascituros, de los niños por nacer, de los niños gestados en el vientre de la madre, lejos de ser un santo pasado de moda, cobra actualidad, y el título de: Patrono de las madres gestantes, aplica perfectamente en los tiempos actuales, mientras haya niños cautivos, indefensos, sin voz. Y niños cautivos, indefensos, sin voz, son los niños que todavía no han nacido y sus madres los abortan. En el mundo en que vivimos no solo se practica este género de esclavitud con los no nacidos, sino, incluso, se quiere elevar a derecho, el aborto, sin tener en cuenta que al reconocer el fatulo “derecho” de la madre a abortar, se está privando al mismo tiempo el genuino derecho del niño a nacer.

Se habla, contra toda razón, de derecho, el privar de la vida a un ser humano indefenso, que no ha cometido otro delito que el ser indeseado y concebido en un vientre carente de entrañas maternas. Lamentablemente, son muchos los gobiernos que reconocen el derecho a abortar.

No piensa así una madre arrepentida de haber abortado: “El aborto mata no solo al niño, también al espíritu humano. El padre y la madre también son víctimas. Intenté quitarme la vida por la culpa y el remordimiento. Sentía que era una tumba quien camina”.

Si queremos que no haya muertes, ha de ser a costa de que no se acepte ninguna clase de muerte provocada. Mientras se acepten las muertes por aborto, seguirá habiendo muertes violentas en el mundo. El derecho a la vida no admite ninguna excepción. Es derecho para todos.

Curiosamente hoy se castiga más a quien da muerte a un animal que a quien mata, perdón, aborta un niño. Se vota a favor de que no se maten animales, al tiempo que se legaliza la matanza de millones de seres humanos, de niños por nacer, indefensos, convirtiendo el aborto en una de las mayores contradicciones de la historia contemporánea.

San Ramón Nonato abrazó la Orden de los Padres Mercedarios llevado de su afán por salvar vidas. Ya desde el primer momento sabemos cómo luchó por la vida estando dentro del vientre materno. Resalta su ansia y sed por la liberación de los cautivos, su amor a la vida, y su ardiente defensa de la vida. Ramón Nonato es el hombre fuerte, dispuesto a sufrir hasta que sea necesario, con tal de salvar vidas. Destaca sobre todo por su heroica caridad y su incansable celo apostólico de redimir y liberar cristianos hechos prisioneros por los moros. Ramón sentía arder en su interior la llama del apostolado. Fue un auténtico apóstol hecho todo para todos, fiel a Jesucristo, como hemos escuchado decir al apóstol Pablo.

Caritas Christi urget nos, el amor de Cristo nos apremia, exclamaba Pablo. El secreto de Ramón fue el amor a Jesucristo.

La figura de San Ramón Nonato es ejemplo y acicate para decir sí a la vida, sí al neonato por nacer, y estímulo para la protección y defensa de los más débiles, de los cautivos de hoy, de los que están atados a las cadenas de la droga, del alcohol, de los que no tienen casa, de lo encarcelados, de los emigrantes, y exiliados, de las víctimas de las guerra, de los no nacidos.

No hay amor más grande que el que da la vida por el que ama, ha dicho Jesús. San Ramón, fiel a las enseñanzas del Maestro se dio a sí mismo en rescate de los demás, dejándonos el hermoso legado de su vida y ejemplo.

San Ramón Nonato un año más nos recuerda que el amor a Dios y el amor al prójimo son el primero y principal mandamiento, y que el amor es el mandamiento supremo del cristiano.
Queridos juanadinos y juanadinas, la mejor manera de honrar a vuestro santo y patrono, es decir: sí a la vida, sí al derecho a nacer, sí a la defensa de la vida.

Déjenme decirles que tienen un gran santo por patrón, que, con su ejemplo y testimonio, da fe de que vale la pena decir: sí a la vida, sí a la santidad, sí a la libertad, sí a la maternidad, sí al amor, sí al evangelio, sí a Jesucristo, sí a la redención de cautivos, sí a Dios en nuestras vidas.

San Ramón Nonato, ruega por nosotros.

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