San Juan Bautista, patrono de un patrimonio invaluable

Devoción, tradiciones, historia, canciones y hasta piedad popular vinculan a San Juan Bautista, hombre de oración en el desierto que bautizaba con agua y clamaba por conversión profunda, con todos los puertorriqueños. El Bautista y Puerto Rico están ligados de una forma muy especial. Es patrón del archipiélago borincano, de su capital, de la Arquidiócesis y de la Catedral Metropolitana y Basílica Menor en la antigua ciudad adoquinada. La Catedral es símbolo por excelencia del Santo. Su valor para la fe, histórico y cultural la convierten en un baluarte y patrimonio para todos los puertorriqueños.

P. Alfonso Guzmán Alfaro, OFM, sostuvo que la Catedral inicialmente se levantó cuando la ciudad se llamaba Caparra, en las ruinas en Villa Caparra, pero posteriormente fue trasladada a la isleta. “Ya había una Catedral previa en Caparra en ese entonces, era de paja y madera. Para el año 1521 se muda a la isleta junto con la ciudad y comienza a construirse ya con materiales más firmes, una Catedral en piedra”, sostuvo el también historiador sobre el templo que se acerca a su quinto centenario de su construcción.

Si bien las murallas de la ciudad antigua son signo de la cultura, la Catedral es signo de la fe. Ambas datan del mismo tiempo y son iconos de identidad. Ante la interrogante de si las construcciones de la Catedral y la iglesia San José iniciaron al mismo tiempo indicó que entiende que sí. Como la iglesia San José (llamada entonces iglesia Santo Tomás de Aquino) era la iglesia conventual de los dominicos y una edificación de menor proporción, las labores de construcción culminaron primero.

Mientras la edificación de la Catedral sufrió varios cambios en su estilo y “tardó muchos siglos en terminarse”. La parte con mayor antigüedad es la capilla mayor y las dos bóvedas góticas: la Capilla del Santísimo Cristo de toda la nación puertorriqueña (a la izquierda del altar) y la bóveda de columbarios (a la derecha). “Este es el comienzo de la Catedral, es la estructura original. Los trabajos terminaron para el siglo 19 con un estilo diferente con el que se comenzó”, articuló el fraile franciscano.

No obstante, Padre Alfonso subrayó que el mayor valor de la Catedral es su naturaleza de iglesia madre, iglesia principal de la diócesis -en este caso de la Arquidiócesis- donde se encuentra la sede y cátedra del Obispo -en este caso el Arzobispo Metropolitano-. Por ello el templo es catedral, “esto es lo más importante”.

A esto se le añade que se encuentra el altar de la Patrona Nacional Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia con la imagen original que fue brutalmente quemada en el 1976, posteriormente reconstruida y reinstalada el 2 de enero de este año en el camarín de la Catedral. Cabe mencionar, que el templo fue el único inicialmente construido como Catedral en Puerto Rico, las demás han sido iglesias elevadas a Catedrales. Su presencia como Catedral única se prolongó por más de cuatro siglos hasta la creación de la Diócesis de Ponce en el 1924 y posteriormente la creación de las demás Diócesis.

Tradición original de la noche de San Juan recordaba al Bautista 

Hoy, 24 de junio la Iglesia conmemora la Natividad del Santo. Sin embargo, para muchos la noche anterior a la fiesta es sinónimo de playa, con acento festivo y musical en lo que se conoce popularmente como la noche de San Juan. Lo cierto es que las celebraciones costeras en la víspera actualmente cuentan con una serie de elementos que lo único alusivo al santo es el nombre. No obstante, P. Alfonso explicó que en un principio no fue así.

“Como muchas tradiciones antiguas, estas se han ido degenerando o han ido adquiriendo con el tiempo otros matices. Pero básicamente era ir a la playa a revivir el bautizo”, puntualizó el franciscano. Sobre los inicios de las fiestas indicó que como no se podía ir al Río Jordán donde Juan bautizaba, se hiló una tradición de ir a la playa por la geografía de Puerto Rico. En ese sentido la conmemoración del santo patrón desde sus inicios estuvo íntimamente ligada al agua. “Por eso se va a la playa, por el agua. Luego la distorsión le añadió y le quitó”, sostuvo.

Algunos rituales supersticiosos y el exceso de alcohol solo forman parte de la deformación de la intención original de celebrar el santo. En todo caso, San Juan llamaba a la conversión profunda y a un bautismo transformador ante la llegada de Jesucristo. De hecho, en las Sagradas Escrituras (Lc 7, 33) Jesús subraya que San Juan no bebía vino. Juan era conocido por su vida sobria, de profunda oración y por bautizar a Jesús.

Actualmente Fray Alfonso está en Tierra Santa y pasará la fiesta de San Juan Bautista donde la tradición señala que fue la casa de sus padres Isabel y Zacarías. En el santo lugar se encuentra la iglesia de la Visitación en el pueblo llamado Ein Karem en Galilea, en las laderas occidentales de Jerusalén. Cerca del lugar hay una gruta donde se cree nació. Sobre esta yace la iglesia San Juan de la montaña. Ambos templos son custodiados por los franciscanos.

San Juan Bautista fue martirizado con la decapitación por no parar de decir la verdad al Rey Herodes. Esto aconteció probablemente en la fortaleza de Maqueronte en Cisjordania, hoy un territorio en disputa.

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Dr. Héctor Balvanera destaca el valor histórico y espiritual del Santuario de la Madre de la Divina Providencia

Durante el Simposio sobre el Año Jubilar Mariano y la devoción mariana en la identidad puertorriqueña, el investigador presentó un recorrido por cien años de historia, arquitectura y expresiones de fe que contribuyeron a consolidar la devoción a la Patrona de Puerto Rico. La historia del Santuario de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia, ubicado en la Catedral de San Juan Bautista, fue el tema central de la ponencia ofrecida por el Dr. Héctor Balvanera durante el Simposio sobre el Año Jubilar Mariano y la devoción mariana en la identidad puertorriqueña, celebrado este martes, 13 de octubre. Bajo una perspectiva histórica, arquitectónica y patrimonial, el investigador presentó un análisis del desarrollo del santuario entre 1853 y 1953, destacando cómo la arquitectura, el arte, la liturgia y la participación de los fieles contribuyeron a fortalecer una devoción que llegaría a convertirse en parte esencial de la identidad religiosa puertorriqueña. Durante su exposición, explicó que la historia de esta advocación mariana no puede comprenderse únicamente desde su reconocimiento como patrona, sino también desde los espacios sagrados, las imágenes y las prácticas religiosas que permitieron transmitir su significado de generación en generación. La reconstrucción de la Catedral y el origen del Santuario El Dr. Balvanera situó los orígenes del santuario en el proceso de reconstrucción de la Catedral de San Juan Bautista durante el siglo XIX, particularmente bajo el impulso del obispo Gil Esteve y Tomás, quien llegó a Puerto Rico en 1849. La Catedral, cuya construcción y transformación se extendieron durante varios siglos, había experimentado daños y modificaciones como consecuencia de fenómenos naturales y dificultades económicas. El proyecto de restauración permitió reorganizar y embellecer el templo, integrando elementos arquitectónicos y artísticos que reforzaron su importancia como sede episcopal. Según explicó, la reapertura solemne de la Catedral en 1852 fue interpretada por sus contemporáneos como una manifestación de la providencia divina. En ese contexto surgió la iniciativa de establecer un espacio dedicado a Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia, como expresión de gratitud por la culminación de las obras. El investigador destacó que la creación del santuario no fue una iniciativa aislada, sino parte de un mismo proyecto que buscaba restaurar tanto la estructura material de la Catedral como fortalecer la vida espiritual de la Iglesia en Puerto Rico. Un espacio donde el arte y la liturgia se encuentran Uno de los aspectos más destacados de la conferencia fue el análisis arquitectónico de la capilla dedicada a la Virgen, establecida en un espacio anteriormente vinculado a la advocación de Nuestra Señora de los Dolores. Balvanera explicó que su ubicación dentro de la Catedral responde a una organización que establece una relación entre los espacios dedicados a la Eucaristía y a la devoción mariana. Esta disposición permitió integrar el santuario al conjunto arquitectónico sin restar centralidad a las celebraciones litúrgicas. Asimismo, destacó el valor del programa iconográfico de la capilla, cuyas representaciones relacionan acontecimientos y personajes del Antiguo y Nuevo Testamento con la figura de María y su participación en la historia de la salvación. El investigador también abordó la evolución de las imágenes veneradas en el santuario, comenzando con el conjunto escultórico de la Virgen y el Niño encargado en Barcelona en 1853. Con el paso de los años, el espacio experimentó transformaciones y enriquecimientos artísticos, entre ellos la construcción del camarín en 1881 y la incorporación de elementos decorativos que resaltaron la dignidad de la imagen mariana. Una devoción construida por el pueblo Más allá de los elementos arquitectónicos, el Dr. Balvanera destacó el papel fundamental de los fieles en el desarrollo y sostenimiento del santuario. Desde sus comienzos, la comunidad participó en la adquisición de imágenes, el financiamiento de obras y la organización de celebraciones religiosas. Las novenas, las misas cantadas y otras prácticas de piedad contribuyeron a establecer una tradición devocional que trascendió generaciones. En este sentido, explicó que el reconocimiento de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia como Patrona de Puerto Rico no puede entenderse únicamente como resultado de una disposición eclesiástica, sino como la culminación de un proceso espiritual y cultural desarrollado durante décadas. La permanencia de las celebraciones y el compromiso de sacerdotes, benefactores y comunidades permitieron conservar esta tradición incluso durante los períodos de transformación del santuario. La coronación de 1953 y la identidad puertorriqueña La última parte de la ponencia estuvo dedicada a las intervenciones realizadas entre 1951 y 1953, relacionadas con la coronación de la imagen de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia. El investigador explicó que estos trabajos incluyeron la restauración de elementos del santuario y de la imagen, así como la incorporación de símbolos que reafirmaron el vínculo entre la advocación mariana y el pueblo puertorriqueño. Entre ellos destacó la colocación del escudo de Puerto Rico y una inscripción conmemorativa que identificaba a la Virgen como protectora del país. Para Balvanera, la coronación de 1953 representó el reconocimiento solemne de una realidad espiritual construida durante un siglo mediante la participación de generaciones de fieles. También llamó la atención sobre la presencia de la cripta episcopal bajo el santuario, un elemento que permite relacionar la historia de la devoción mariana con la sucesión de los pastores que han acompañado a la Iglesia en Puerto Rico. Patrimonio, memoria y fe Al concluir su intervención, el Dr. Balvanera subrayó que los patronazgos religiosos requieren mucho más que reconocimientos oficiales: necesitan lugares, imágenes y prácticas capaces de conservar y transmitir la memoria espiritual de una comunidad. Desde esta perspectiva, el Santuario de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia constituye un testimonio vivo de la relación entre la fe católica y la identidad puertorriqueña. Su historia demuestra cómo la arquitectura, el arte y la liturgia pueden convertirse en expresiones concretas de la experiencia religiosa de un pueblo. La ponencia ofreció así una mirada al patrimonio mariano de Puerto Rico, invitando a reconocer en el santuario catedralicio no solamente un espacio de veneración, sino también un lugar donde convergen la historia, la memoria colectiva y la fe de generaciones de puertorriqueños.

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