Justo en la costa de la zona suroeste se encuentran las Salinas de Cabo Rojo que forman parte del Refugio Nacional de Vida Silvestre del Gobierno Federal. Desde la carretera se aprecian las dunas de sal que están bajo el manejo de Empresas Padilla. Además se encuentra el Centro Interpretativo de las Salinas en el que se explica la importancia ecológica del área a donde más aves migratorias llegan al país durante todo el año, especialmente entre noviembre y marzo.

Las lagunas hipersalinas (alta concentración salina) son uno de los mayores atractivos de la zona. Primero por el espectáculo natural en el que los cristalizadores (lugar donde se cristaliza la sal) se tornan color de rosa producto de un indicativo natural en el que crecen microorganismos altos en betacaroteno, entre ellos una microalga llamada Donaliela y un camarón llamado Artemia. Y segundo, es ahí donde de la producción de sal surgió la primera industria de Puerto Rico.

“Desde el tiempo de los indígenas se cosecha la sal de forma natural ya que ubica en un bajo de marea. Fueron los españoles los que en 1508 vieron el beneficio de la extracción de sal. Pidieron permiso a la corona española y el 25 de julio de 1511 comenzó la explotación de las salinas de Cabo Rojo económicamente”, comentó Zoé Martínez, voluntaria del Comité Caborrojeño Pro Salud y Ambiente.

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Narró que: “Eran cientos los barcos que pasaban a recoger la sal para preservar alimentos y curar las pieles, llegando a convertirse el producto en una moneda más valiosa que la plata. De ahí el origen de la palabra salario. Más adelante, en 1769 hubo un enfrentamiento armado entre los salineros de Cabo Rojo y vecinos de Aguada quienes quisieron robar la sal. La lucha tuvo lugar en el área de la playa El Combate de donde sale su nombre. Desde entonces los caborrojeños son conocidos como ‘los mata con hacha’”.

El proceso de extracción de sal dura casi 3 meses. Comienza con la inundación de la laguna hipersalina llamada Fraternidad. El agua va desde Bahía Sucia y al llegar al área de la laguna se deja asentar hasta evaporarse para que aumente su concentración de sal. Luego se van formando los cristales de sal en el fondo hasta crear una enorme piedra. Para cosechar la sal, la piedra se rompe con maquinaria. Antes el salinero usaba una coa -producto del árbol de guayacán-, para amontonar las conocidas dunas de sal. Se estima que al año se extraen alrededor de 20 mil toneladas para uso local.

“Hace par de años el Gobierno de Puerto Rico intentó realizar una iniciativa para llevar sal a Estados Unidos, pero la marina mercante norteamericana resultó muy costosa dificultando la exportación de la sal”, explicó la también bióloga de profesión.

La sal producida se utiliza para el ganado. Se mezcla con el alimento para que el animal tome más agua, las vacas produzcan más leche, las carnes sean mejores, se utiliza para procesos de farmacéutica, procesadores y purificadores de agua, y hasta para cocinar. La sal de mar es un producto natural puro y tiene más minerales que la sal de mina (sal de mesa) que es procesada. Esta última surge en áreas que estuvieron sumergidas hace tiempo y han conservado los minerales.

El Centro Interpretativo de las Salinas recibe visitantes de jueves a domingo de 8:30 a. m. a 4:30 p. m. libre de costo. Para información o reservaciones para recorridos por el bosque puede comunicarse al 787-851-2999.

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