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¿Quién aplastó la cabeza a la serpiente? [αὐτός (en latín: ipse) – ipsa – ipsum]

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Introducción

 

¿Quién pudo aplastar la cabeza a la serpiente? En otras palabras, ¿quién salió victorioso contra Satanás? La respuesta es sencilla: ganó la batalla un ser que no cometió ningún pecado. Y, ¿qué es el pecado? Es un acto de desobediencia a Dios. Después de crear todo lo que existe, Dios creó al hombre y a la mujer (Adán y Eva), los cuales vivían en un ambiente de felicidad, hasta que tomaron una decisión equivocada. Al crearlos, Dios los dotó de una grandiosa herramienta que les permitía vivir bien: la inteligencia, con la cual podían razonar, inventar, descubrir, tomar decisiones, etc.

Pero Satanás les infundió en la mente que, no aceptando las reglas de vida establecidas por Dios, alcanzarían el mismo poder de Dios. Satanás, pues, logró morder el talón de Eva y de Adán, haciéndolos caer. El pecado de ellos fue un acto de rebeldía, fomentada por la ambición y soberbia. La consecuencia del pecado fue muy grave: Adán y Eva no sólo no alcanzaron la meta que Satanás les había diseñado, sino que perdieron los beneficios que Dios les había concedido. Satanás había logrado su objetivo: alejar al ser humano de Dios, ponerlo en contra de Dios.

Ese pecado quedó integrado en todo el género humano (pecado original), con una excepción que se describe en el Génesis, capítulo 3, versículo 15. Sin embargo, Dios prometió que Satanás recibiría una derrota: un ser humano, descendiente de Eva, le aplastaría la cabeza, es decir, no se sometería a las tentaciones de Satanás: en sustancia, no cometería ningún pecado.

El mencionado versículo ha sido interpretado de distintas maneras desde la antigüedad, lo que ha causado que se hayan redactado distintas versiones y traducciones de la Biblia, por lo que han surgido divergencias entre distintas confesiones.

En este ensayo analizaremos el versículo 15 de tres textos básicos: la Septuaginta, la Vulgata y la Nova Vulgata.

 

1 – SEPTUAGINTA

  1. a) Origen

 

  • La Septuaginta (en cifra romana LXX, que significa Setenta) es una traducción del Antiguo Testamento al griego desde el hebreo que era la lengua hablada por los judíos. Esa traducción se realizó en Alejandría de Egipto en el siglo III a.C. Para entender mejor la médula del tema parece oportuno hacer una breve referencia histórica.

En Egipto vivían muchos judíos desde el siglo VII a.C. cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, ocupó Palestina entre 597 y 586, año en que sometió totalmente Jerusalén, destruyendo el Templo e imponiendo varias deportaciones de los judíos, los cuales se establecieron en diferentes regiones extranjeras.

En el año 538 Ciro, rey de Persia, conquistó Babilonia y emitió un decreto para poner fin al Destierro: muchos judíos regresaron a su patria (Judá), pero muchos otros se quedaron en Babilonia, Asiria y Egipto.

En el año 336 Alejandro, rey de Macedonia (donde se hablaba griego) y ex discípulo del filósofo Aristóteles, conquistó Grecia; al año siguiente conquistó Asia Menor (actual Turquía); en el año 333 ocupó Siria (Fenicia y Palestina) y Egipto (donde fundó la ciudad de Alejandría); al año siguiente empezó la conquista del imperio persa (Babilonia, Asiria, Mesopotamia) y siguió avanzando hasta la India. Eso ocasionó que en todo el Imperio Macedónico se extendiera la cultura griega o Helenismo en sus distintas ramas: las ciencias, las letras, la filosofía el arte. Como consecuencia final se hizo popular el idioma griego. Pero el griego hablado por la gente común y corriente no era el griego clásico refinado que usaban las personas de cultura como los filósofos y escritores.

A la muerte de Alejandro Magno (323 a.C.) el Imperio Macedónico quedó dividido en tres reinos: Siria y Asia Menor (gobernada por los Seléucidas), Macedonia y Grecia (por los Antigónidas) y Egipto (por los Lágidas, sucesores de Tolomeo I). Tolomeo I Soter (rey de 305 a 285) fundó la famosa Biblioteca de Alejandría, que fue ampliada por su hijo Tolomeo II Filadelfo (rey de 285 a 246).

La diáspora no impidió que los judíos siguieran practicando sus creencias y costumbres religiosas, pero gran parte de los exiliados y sus descendientes fueron incorporando el griego en sus vidas, olvidando el hebreo. En esa situación los judíos, en la práctica de su religión, carecían de un texto bíblico que pudieran entender.

Tolomeo II Filadelfo, rey de Egipto de 285 a 247 a.C., se enteró que en la Biblioteca de Alejandría existía una copia de la Torá (Pentateuco o Ley de Moisés) escrita en hebreo y expresó su interés en incluir una copia en griego. Entonces le aconsejó al director de la Biblioteca Demetrio de Falero (350-282) que hiciera la gestión para que se redactara una copia de la Torá en griego. Demetrio se comunicó con el Sumo Sacerdote del Templo de Jerusalén para saber si varios eruditos de la Torá podían contribuir a realizar una traducción del hebreo al griego. El Sumo Sacerdote envió 72 expertos para realizar esa tarea; el grupo de 72 estaba constituido por 6 representantes por cada tribu de Israel. El número 72 en latín es “Septuaginta duo”, pero era más fácil expresar la forma reducida “Septuaginta”, en español “los Setenta”.

El griego que se empleó no era el lenguaje de las personas muy cultas, sino el idioma popular, en griego κοινός, κοινή, κοινόν (pron. koinós, koiné, koinón) que significa común, general, usual, ordinario. En sustancia, el texto griego era destinado a toda la comunidad judía, a la gente en general que usaba un lenguaje simple, popular.

  1. b) Pasaje bíblico

El tema que llama mucho la atención está relatado en el versículo 15 del capítulo 3 del Génesis: se anuncia una lucha entre el demonio y Eva y entre los descendientes de ambos. Al final de ese versículo se describen dos acciones distintas de los personajes: a) la acción del linaje de la mujer: aplastar la cabeza de la serpiente; b) la acción de la serpiente: amenazar el talón del linaje de Eva.

La pregunta que puede causar divergencias es: ¿Quién es el linaje de Eva que va a aplastar la cabeza a la serpiente? En términos más concretos: ¿Quién vence al demonio?         Existen distintas respuestas.

Veamos ahora el texto griego de la Septuaginta, con la pronunciación y la traducción de cada palabra:

3:14  καὶ εἶπεν κύριος ὁ θεὸς τῷ ὄφει·

3:15 καὶ ἔχθραν θήσω ἀνὰ μέσον σου καὶ ἀνὰ μέσον τῆς γυναικὸς, καὶ ἀνὰ μέσον τοῦ σπέρματος σου καὶ ἀνὰ μέσον τοῦ σπέρματος αὐτῆς· αὐτός σου τηρήσει κεφαλήν, καὶ σὺ τηρήσεις αὐτοῦ πτέρναν.

 

(3:14) 

καὶ εἶπεν κύριος ὁ θεὸς  τῷ  ὄφει·

kái  éipen  kürios    o  theós  to     ófei·

Y     dijo    el Señor     Dios   a la serpiente:

(3:15)

καὶ ἔχθραν    θήσω   ἀνὰ μέσον σου  καὶ ἀνὰ μέσον τῆς   γυναικὸς, καὶ

kái  ékthran      théso     aná  méson   su      kái   aná  méson   tés     guinaikós   kai

y     enemistad  pondré  entremedio   de ti   y     entremedio   de la  mujer,         y

ἀνὰ μέσον τοῦ   σπέρματος   σου καὶ ἀνὰ μέσον τοῦ   σπέρματος  αὐτῆς·

aná  méson   tu       spérmatos        su    kay  aná  méson   tu      spérmatos       autés·

entremedio   de la  descendencia de ti   y    entremedio   de la  descendencia  de ella;

αὐτός       σου τηρήσει κεφαλήν, καὶ σὺ τηρήσεις αὐτοῦ      πτέρναν.

autós          su      terései     kefalén,      kai  sü    teréseis     autú           ptérnan.

él mismo   de ti   pisará      la cabeza,   y    tú   insidiarás  de él (su) (el)talón.

[Para los conocedores de la lengua griega puede ser útil dar un vistazo al análisis gramatical, expuesto al final del ensayo: Anexo 1]

Traducción:

Y dijo el Señor Dios a la serpiente:

Y enemistad pondré entre ti y entre la mujer, y entre tu descendencia y entre la descendencia de ella; él mismo te pisará la cabeza y tú insidiarás su talón.

 

  1. c) Comentario

Obsérvese que, en el texto griego de la Septuaginta, al final del versículo 15 se emplea un solo verbo (τηρέω) para expresar dos acciones distintas: “pisar, aplastar, triturar” e “insidiar, perseguir, amenazar”.

Pero la palabra que más llama la atención es αὐτός que es un pronombre demostrativo masculino (correspondiente al latino ipse) que significa “él mismo”. No concuerda con ningún sustantivo anterior; en efecto, γυναικὸς (mujer) es femenino y σπέρματος (descendencia) es neutro. Por lo tanto, de acuerdo con la cultura hebraica y con la interpretación de los antiguos escritos bíblicos, αὐτός alude a un ser que es miembro de la descendencia, específicamente denota que se trata de un varón.

Este versículo concuerda con la interpretación mesiánica de muchos Padres de la Iglesia, en el sentido de que la victoria final contra el demonio se atribuye no al linaje de la mujer en general, sino específicamente a uno de los descendientes de la mujer (Eva) que se identifica con el Mesías: Cristo.

No hay duda de que en el Génesis y, en general, en el Antiguo Testamento, el personaje anunciado sería el Mesías (el Enviado de Dios), para rescatar al pueblo de Israel. El Mesías esperado por los hebreos era figurado como un líder político y militar, con grandes dotes para derrotar a los pueblos enemigos y entronizar a los hebreos como un pueblo investido de un poder supremo. Según la cultura y la visión de los judíos, el Mesías sería un personaje con un nivel de poder, autoridad y sabiduría superior al que ostentaron Moisés, David y varios profetas, capaz de dominar a todos los pueblos.

Pero la misión del Mesías consistió en promover la lucha contra el pecado. En sentido figurado, el demonio trató de morder el talón de Cristo (descendiente de Eva) para hacerlo caer, pero Cristo aplastó la cabeza a la serpiente.

En realidad, la victoria de Cristo consistió en rechazar las tentaciones de Satanás (Mateo 4:1-11; Lucas 4:1-13), el cual trató de convencerlo a oponerse a los planes de Dios, pero no lo logró porque el poder de Dios es infinito y nadie puede contra Él. Cristo venció a Satanás rechazando sus artimañas, ya que su misión consistía en cumplir integralmente la voluntad del Padre

2 – VULGATA.

  1. a) Origen.

La Vulgata es la primera versión latina de la Biblia realizada por San Jerónimo en el siglo IV de nuestra era.

San Jerónimo nació hacia el año 340 en Estridón, una ciudad de la provincia romana de Dalmacia (probablemente en la actual Croacia o en Eslovenia). Hablaba muy bien el griego y estudió latín en Roma; por su profundo dominio del latín y del griego, además de conocer un poco el hebreo, llegó a ser un gran literato y filólogo.

Gracias a sus amplios conocimientos, el papa Dámaso I (366-384) lo nombró su secretario. A los 40 años fue ordenado sacerdote. En el 382 el papa le encomendó la revisión de la Biblia que se había traducido del hebreo al griego y le solicitó que hiciera una nueva traducción porque el contenido de los textos que circulaban en esa época no se consideraba muy preciso. Para llevar a cabo esa tarea, hacia el año 385 Jerónimo se trasladó a Belén donde pudo perfeccionar sus conocimientos del hebreo.

Él se alojó en una cueva que estaba cerca de la cripta de la Basílica de la Natividad que había sido construida en el 325, por mandato del emperador Constantino y de su madre Santa Elena, en un sitio donde, por tradición, se decía que había nacido Jesús. Más tarde esa Basílica fue destruida en el siglo VI, pero el emperador Justiniano mandó construir, en el 529, una nueva Basílica que es la actual.

Desde el 389 al 405 Jerónimo dedicó toda su energía para traducir al latín el Nuevo Testamento desde el griego y el Antiguo Testamento desde el hebreo y el griego. Murió en Belén a los 80 años en el año 420.

La nueva versión de San Jerónimo se conoce como Vulgata editio (Edición vulgar). Aquí el término “vulgata” es un adjetivo latino (vulgatus, -a, -um) que se deriva de “vulgus” que significa “la gente, el pueblo, el conjunto de personas sin mucha cultura”. En este caso, pues, “vulgar” significa “común, general, corriente, normal”

Por lo tanto, la Vulgata es la versión de la Biblia en un lenguaje popular, distinto del lenguaje literario, elegante y refinado que usaban los científicos, los juristas y todos aquellos que habían recibido alguna educación. En resumen, la Vulgata se hizo para la gente común que pudiera entender la escritura bíblica.

La Vulgata se convirtió en el texto bíblico más conocido y extendido entre los cristianos. De hecho, el Concilio de Trento (1545-1563) declaró la Vulgata de San Jerónimo como la versión oficial de la Biblia para la Iglesia Católica.

En 1590 se hizo una revisión durante el pontificado de Sixto V y, en 1592, durante el pontificado de Clemente VIII; esa versión se conoce como Vulgata Sixto-Clementina que contiene algunas correcciones del texto de San Jerónimo. En cuanto al pasaje objeto de nuestra atención, no hay diferencia entre los textos latinos de la Vulgata y de la Sixto-Clementina.

  1. b) Pasaje bíblico

El texto latino del pasaje bíblico que es centro de nuestra atención (Génesis 3, 15) es el siguiente:

 

3:14 Et áit Dóminus Deus ad serpéntem:

3:15 Inimicítias pónam ínter te et mulíerem, et sémen túum et sémen illíus; ipsa cónteret cáput túum et tu insidiáberis calcáneo éius.

 

Traducción:

Y dijo el Señor Dios a la serpiente:

Y enemistades pondré entre tí y la mujer, y entre tu linaje y su (= de ella) linaje; ella te pisará la cabeza y tú asecharás su talón.

[Para los conocedores de la lengua latina puede ser útil dar un vistazo al análisis gramatical, expuesto al final del ensayo: Anexo 2]

 

  1. c) Comentario

Como podemos notar, en la Vulgata se emplean dos verbos distintos para expresar las acciones de los antagonistas: “cóntero, contérere” (pisar, triturar, aplastar, comprimir, poner el pie sobre algo para machacar) para el linaje de Eva, e “insídior, insidiári” (insidiar, asechar, vigilar, amenazar, tratar de hacer daño, hacer emboscada para lastimar) para la serpiente.

Mientras en la Septuaginta el personaje clave está figurado con un pronombre demostrativo masculino (αὐτός [en latín ipse] = él mismo), en la Vulgata está figurado con un pronombre demostrativo femenino (ipsa = ella misma).

¿Quién es ipsa?

La única palabra femenina que le precede es “mulíerem” (mujer), pero este término se refiere a “Eva”. Ahora, es obvio que no será Eva la que aplastaría la cabeza de la serpiente ya que ella no resistió a la tentación y cayó en el pecado. Ipsa tampoco se refiere a “sémen” (linaje, descendencia), porque este vocablo es un sustantivo neutro. Por lo tanto, con la palabra ipsa se quiere aludir a una persona bien protegida, contra la cual el demonio no pudo ejercer ningún poder, ni someterla con trampas.

En la versión latina esa persona es un ser femenino (ipsa = ella) indicando que la victoria final es obra de una mujer, la madre del Mesías. Sobre esta interpretación mariológica se ha desarrollado una ideología tradicional de la Iglesia.

Al demonio no le preocupa tanto si no puede hacer nada contra Dios, porque sabe que el poder de Dios es infinito e invencible; pero, que no pueda someter a una mujer, un ser humano, y, por el contrario, que sea una mujer la que vence al demonio, esto es mucho más humillante. La expresión ipsa cónteret indica claramente que una mujer, descendiente de Eva, no se deja persuadir por las tentaciones del demonio, el cual no tiene poder para hacerla caer en pecado porque Dios, en su faceta de Padre, Esposo e Hijo la protege continuamente. Por lo tanto, podemos afirmar que María pudo “aplastar la cabeza del demonio”, o sea, aniquilar el poder del demonio, no rendirse ante las artimañas del maligno.

Esto es un evento único en toda la historia. Todos hemos pecado, pero María no; María se quedó siempre Inmaculada, como lo había sido Eva al momento de la creación, pero el demonio hizo caer fácilmente a Eva.

En el Evangelio de San Lucas (1:28) el mismo Dios, a través del ángel Gabriel, llama a María “llena de gracia” (latín gratia plena, griego κεχαριτωμένη [pron. kekaritoméne]; esto indica que Dios le ofreció a María una abundancia de favores, dones, beneficios y privilegios espirituales: en otras palabras, María es “libre de todo pecado”. Por eso Isabel, inspirada por Dios, la llama “bendita entre todas las mujeres” (Lucas 1:42). Y, así, desde principios del cristianismo se fue propagando la profunda admiración y un místico respeto hacia María por ser Virgen, Pura, Inmaculada.

En los escritos del Nuevo Testamento, centralizados sobre el ministerio de Jesús, hay otro personaje muy estrictamente relacionado con el Mesías: la Madre de Jesús. Dado que Dios todo lo puede, Cristo pudiera haber aparecido en medio del pueblo judío sin nacer de una mujer o nacer de una unión normal entre un hombre y una mujer; pero el plan de Dios fue distinto. Cristo nació no de una unión carnal, sino de una unión entre el Espíritu Santo y una mujer: María. Ninguna mujer había tenido ese privilegio; Dios mismo seleccionó a una criatura, distinta de todas las demás criaturas por no haber sido manchada por ningún pecado.

Varios Padres de la Iglesia (San Ambrosio de Milán, San Agustín de Hipona, San Jerónimo, San Gregorio Magno, y otros) debatieron sobre la virginidad de María; a San Jerónimo lo recordamos no sólo por la Vulgata, sino también por un escrito “Contra Helvidio” en el que defiende con lógica la Virginidad perpetua de María.

La Iglesia ha venerado y sigue venerando a María como una criatura singular, lo que ha quedado corroborado a través de varias apariciones que han ocurrido sobre todo en los últimos siglos. Vamos a describir algunos hechos que certifican que, en la historia de la Iglesia, ha actuado una mujer privilegiada en los planes de Dios.

1) En 1519 Hernán Cortés empezó la conquista de México y en 1521 logró apoderarse del Imperio Azteca; las tierras de México fueron denominadas “Nueva España”. Lo mismo que ocurrió en otras regiones sujetas al poder de los Reyes Católicos, se fue imponiendo y propagando la religión católica, por lo que las poblaciones mexicanas se fueron adaptando a las tradiciones católicas.

Había pasado apenas una década desde el comienzo de la colonización y cristianización de México, cuando ocurrió un evento extraordinario: la aparición de la Virgen María a un indio, San Juan Diego (1474-1548), cuyo nombre originario en lengua náhuatl (que todavía se habla en México) era Cuauhtlatoatzin, que significa “águila que habla”.       Un sábado, el día 9 de diciembre de 1531, Juan Diego iba de su pueblo natal, Cuautitlán, a Tlatelolco (hoy Ciudad de México) para tomar clase de catecismo; pero, por el camino, en el cerro de Tepeyac (que se encuentra al norte de la Ciudad de México) se le aparece la Virgen que le habla en lengua náhuatl porque Juan Diego no hablaba español. La Virgen se designa como “la siempre Virgen María” proclamándose en lenguaje náhuatl “coatlallope”, que significa “la que aplasta a la serpiente”; en efecto, esta palabra se compone de: coatl (serpiente), a (preposición: a) y llope (aplastar). La Virgen María se le apareció cuatro veces: la última fue el martes 12 de diciembre.

Cuando los españoles oyeron esa palabra, les resultaba complicado pronunciarla perfectamente, pero tenía un sonido muy similar a “Guadalupe” y así quedó plasmada la advocación de “Virgen de Guadalupe”. (Hay que aclarar que la Virgen de Guadalupe de México no es la misma Virgen de Guadalupe de España, donde el término Guadalupe es de origen árabe: Wad-al-hub, que significa “río de amor” o “río de luz; el origen de la Virgen de Guadalupe de España se remonta al siglo XIII).

Como consecuencia de las apariciones y mensajes de la Virgen María a San Juan Diego, creció notablemente la conversión de los indios al Catolicismo y la devoción a la Virgen María, denominada Virgen Morena.

2) En 1830, el 18 de julio la Virgen se aparece en París a Santa Catalina Labouré (una joven novicia de las Hijas de la Caridad) y otra vez el 27 de noviembre, dentro de un marco oval, sobre un globo, aplastando con sus pies la cabeza de una serpiente; alrededor del marco estaban escritas las palabras “Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que acudimos a ti”. Se propagó entonces la devoción por la Medalla Milagrosa y fue adquiriendo más popularidad la veneración por la Virgen María,

3) En 1854, el 8 de diciembre, el Papa Pio IX proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción, mediante la Epístola Apostólica “Ineffabilis Deus”.

4) Como ratificación de ese dogma, en 1858, en la aparición número 16 en Lourdes, el jueves 15 de marzo, la Virgen le dice a Santa Bernardita Soubirous: “Yo soy la Inmaculada Concepción”.

En conclusión, no hay duda de que la Virgen María fue quien aplastó la cabeza de la serpiente, es decir no fue engañada por Satanás.

 

3 – NOVA VULGATA

  1. a) Origen

Hacia la conclusión del Concilio Vaticano II (11 de octubre de 1962 a 8 de diciembre de 1965) el papa Pablo VI (1963-1978) emitió un mandato para revisar la Vulgata. Esa tarea se realizó en un período de 10 años (1969-1979). Esa revisión, publicada en 1979 durante el Pontificado de Juan Pablo II (1979-2005), constituye el texto oficial para la liturgia latina de la Iglesia Católica y sirve como base de orientación para llevar a cabo las traducciones en distintos idiomas.

La nueva y más reciente versión de la Biblia latina se conoce como la Nova Vulgata o Neovulgata.

  1. b) Pasaje bíblico.

De nuevo nos preguntamos: ¿Quién es el personaje que aplasta la cabeza de la serpiente? Veamos el texto pertinente.

3:14 Et áit Dóminus Deus ad serpéntem:

3:15 Inimicítias pónam ínter te et mulíerem, et sémen túum et sémen illíus; ípsum cónteret cáput túum et tu cónteres calcáneum éius.

 

Traducción:

Y dijo el Señor Dios a la serpiente:

Y enemistades pondré entre ti y la mujer, y entre tu descendencia y la descendencia de ella; su descendencia te aplastará la cabeza mientras tú tratarás de morder su talón.

[Para los conocedores de la lengua latina puede ser útil dar un vistazo al análisis gramatical, expuesto al final del ensayo: Anexo 2]

 

  1. c) Comentario

Es interesante notar que, en la Nova Vulgata, al igual que en la Septuaginta, se emplea un solo verbo para expresar la acción de la simiente (Cristo y María) y la acción de la serpiente (el Maligno): cóntero, contérere (aplastar, pisar, triturar, quebrantar; asechar, insidiar, morder, destruir, hacer caer).

En esta versión, la palabra que representa al protagonista de la lucha contra el demonio es ípsum, un pronombre demostrativo neutro que se refiere a la palabra semen (simiente, descendencia) de género neutro. No se especifica cuá1 es el descendiente de Eva, pero, debido al género neutro, el término ípsum (= semen) puede aludir a una persona masculina (Cristo, el Mesías) o/y una persona femenina (María).

Ipsum no hace referencia a un descendiente o a una descendiente en particular; simplemente habla de una descendencia en general. Si se aludiera a un varón, el texto bíblico habría empleado el término ipse (que correspondería al griego αὐτός de la Septuaginta) o, en caso de una mujer, el término ipsa (como en la Vulgata). Pero, dado que ípsum se refiere al sustantivo neutro semen (descendencia), el personaje al que se alude puede ser un varón o una mujer.

La Septuaginta dice que se trata de un varón (αὐτός = él mismo, un descendiente), la Vulgata afirma que se trata de una mujer (ipsa = ella misma, una descendiente), la Nova Vulgata no especifica el género del personaje: simplemente se refiere a la “descendencia” en general. Y, como la descendencia incluye personas masculinas y femeninas, se deduce que la persona que aplasta la cabeza de la serpiente puede ser un varón (Cristo, el Mesías) y también una mujer (María, la Virgen Madre del Mesías).

El demonio asecha al ser humano, “trata de morder su talón” para hacerlo caer, y lo logra con todos los seres humanos; ninguno de ellos, después de Adán y Eva, ha tenido la fuerza para “aplastar la cabeza de la serpiente”, es decir, es muy frágil ante las tentaciones del Maligno. Solamente dos descendientes de Eva han ostentado esa fuerza, es decir no han caído en el pecado: Jesús y la Virgen María.

Los dos antagonistas (el descendiente de Eva y el Maligno) tienen el mismo objetivo: derrotar al adversario. ¿Cómo se derrota? El Maligno trata de que el descendiente de Eva caiga en pecado, mientras el descendiente aleja al Maligno ya que no está dispuesto a caer en pecado.

En conclusión: el personaje que pudo aplastar la cabeza de la serpiente, en la Septuaginta es Cristo, el Mesías (αὐτός); en la Vulgata es la Virgen María (ipsa); y en la Nova Vulgata son Cristo y la Virgen María (ípsum = la descendencia de Eva).

 

CONSULTA DE TEXTOS BÍBLICOS

  1. SEPTUAGINTA (en griego) – III siglo a.C.

https://www.academic-bible.com/en/online-bibles/septuagint-lxx/read-the-bible-text

https://www.sbl-site.org/assets/pdfs/bibletexts/septuaginta/SEPTUAGINTA_SBL.pdf

  1. VULGATA (en latín) – finales del siglo IV d.C.

http://www.sacred-texts.com/bib/vul/

Aparece la lista de todos libros. Seleccionar “Génesis”.

http://bibliaparalela.com

En la primera línea de códigos (de 3 letras) seleccionar la n. 14: VUL.

También: en la tercera línea de símbolos seleccionar el n. 7.

http://www.drbo.org/drl/index.htm

En “Old Testament” seleccionar “Génesis”.

  1. VULGATA CLEMENTINA (en latín) – 1592

http://www.drbo.org/lvb/index.htm

En “Old Testament” seleccionar “Génesis”.

http://vulsearch.sourceforge.net/html

En la columna izquierda seleccionar “Génesis”.

  1. NOVA VULGATA (en latín) – 1979

http://www.vatican.va/archive/bible/nova_vulgata/documents/nova-vulgata_index_lt.html

Seleccionar: “Vetus Testamentum”, después “Liber Génesis”.

ANEXO 1

Análisis gramatical del texto griego de la Septuaginta:

 

3:14  καὶ εἶπεν κύριος ὁ θεὸς τῷ ὄφει·

3:15 καὶ ἔχθραν θήσω ἀνὰ μέσον σου καὶ ἀνὰ μέσον τῆς γυναικὸς, καὶ ἀνὰ μέσον τοῦ σπέρματος σου καὶ ἀνὰ μέσον τοῦ σπέρματος αὐτῆς· αὐτός σου τηρήσει κεφαλήν, καὶ σὺ τηρήσεις αὐτοῦ πτέρναν.

 

καὶ = conjunción (y, también, además)

εἶπεν = aoristo 3ra pers. sing. de λέγω (decir → dijo); el aoristo griego corresponde al pretérito           indefinido de los verbos españoles

κύριος = nominativo, aposición del sujeto (Señor)

ὁ θεὸς = nominativo, sujeto (Dios)

τῷ ὄφει = dativo de ὄφις, ὄφεως (a la serpiente)

ἔχθραν = acusativo de ἔχθρα femenino (enemistad)

θήσω = futuro 1 pers. sing. de τίθημι (poner → pondré)

ἀνὰ = preposición (entre, sobre) con acusativo

μέσον = acusativo de μέσος (medio, centro)

σου =genitivo del pronombre personal σύ (tú → de ti)

καὶ ἀνὰ μέσον = y entre medio

τῆς = genitivo del artículo femenino  ἡ (la → de la)

γυναικὸς =  genitivo del nombre femenino γυνή (mujer → de la mujer)

καὶ ἀνὰ μέσον = y entre medio

τοῦ σπέρματος = genitivo del artículo neutro τό y del sustantivo neutro σπέρμα (de la           simiente,      descendencia)

σου = genitivo del pronombre personal σύ (tú → de ti); también genitivo del adjetivo posesivo σός, σή, σόν (de tu descendencia)

καὶ ἀνὰ μέσον = y entre medio

τοῦ σπέρματος = de la descendencia

αὐτῆς = genitivo del pronombre personal femenino αὐτός, αὐτή, αὐτό (de ella); también           genitivo del adjetivo posesivo (de su descendencia)

αὐτός = nominativo del pronombre demostrativo masculino (él mismo, la misma, lo mismo;           en latín: ipse)

σου = genitivo del pronombre personal σύ (tú → de ti)

τηρήσει = futuro 3ra persona singular del verbo τηρέω (asechar, amenazar, perseguir,           intimidar, vigilar, espiar, pisar, poner el pie sobre algo): pisará

κεφαλήν = acusativo del sustantivo femenino κεφαλή (cabeza)

καὶ = = conjunción (y)

σὺ = nominativo del pronombre personal 2da persona ()

τηρήσεις = futuro 2da persona singular del verbo τηρέω (acechar, insidiar, poner           asechanzas, tratar de        hacer daño, atentar contra la      vida): insidiarás

αὐτοῦ = genitivo del pronombre personal masculino αὐτός, αὐτή, αὐτό (de él, su)

πτέρναν = acusativo del sustantivo femenino πτέρνα (talón, calcañar)

 

ANEXO 2

Análisis gramatical del texto latino de la Vulgata:

 

3:14 Et áit Dóminus Deus ad serpéntem:

3:15 Inimicítias pónam ínter te et mulíerem, et sémen túum et sémen illíus; ipsa cónteret cáput túum et tu insidiáberis calcáneo éius.

 

y de la Nova Vulgata:

 

3:14 Et áit Dóminus Deus ad serpéntem:

3:15 Inimicítias pónam ínter te et mulíerem, et sémen túum et sémen illíus; ípsum cónteret cáput túum et tu cónteres calcáneum éius.

 

et = conjunción (y, también)

áit = pretérito perfecto del verbo “aio” (decir)

Dóminus = aposición del sujeto, nominativo singular (el Señor)

Deus = sujeto, nominativo singular (Dios)

ad serpéntem = complemento indirecto: preposición ad + acusativo [en latín clásico se usa el           dativo sin preposición: serpenti] (a la serpiente)

inimicítias = complemento directo, acusativo plural (enemistades)

pónam = futuro imperfecto Indicativo 1ra persona singular del verbo “pono, pónere” (pondré)

ínter = preposición que rige el acusativo (entre)

te = acusativo del pronombre personal 2da persona singular “tu” (ti)

mulíerem = acusativo del sustantivo femenino “múlier” (la mujer)

semen = acusativo del sustantivo neutro “semen” (descendencia, simiente, linaje)

túum = atributo del sustantivo neutro: acusativo del adjetivo posesivo 2da persona (tu, tuyo)

illíus = complemento determinativo, genitivo del pronombre personal 3ra persona “ille” (de ella)

{Vulgata} ipsa = sujeto, pronombre demostrativo femenino (ella misma: una mujer)

{Nova Vulgata} ípsum = sujeto, pronombre demostrativo neutro (ella misma: la simiente)

cónteret = futuro imperfecto Indicativo 3ra persona singular del verbo “cóntero, contérere”           (aplastar, pisar, triturar)

cáput = acusativo complemento directo (cabeza)

túum = atributo del complemento directo (tu, tuya)

tu = sujeto pronombre personal 2da persona (tú)

{Vulgata} insidiáberis = futuro imperfecto Indicativo 2ra persona singular del verbo “insídior,           insidiári” (insidiar, asechar, vigilar, amenazar); este verbo es intransitivo y rige el dativo

{Nova Vulgata} cónteres = futuro imperfecto Indicativo 2ra persona singular del verbo          “cóntero, contérere” (insidiar, asechar, hacer caer); este verbo es transitivo y rige el acusativo

{Vulgata} calcáneo = dativo del nombre neutro “calcáneum” (talón)

{Nova Vulgata} calcáneum = complemento directo de nombre neutro “calcáneum” (talón)

éius = complemento determinativo, genitivo del pronombre personal “is” con valor posesivo (de     él, su)

 

Edoardo Carta Garau

Para El Visitante

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