Hace varios años que la economía a nivel mundial ha estado afrontando problemas y Puerto Rico no es la excepción a ese panorama. La mayoría de los que forman parte de la clase trabajadora hacen malabares para estirar el peso para cumplir con las obligaciones y con los nuevos impuestos que cada vez más estrangulan el bolsillo de los puertorriqueños.

Cabe destacar, que la Iglesia no está ajena a la situación económica de los países y a los problemas de endeudamiento al que se enfrentan. Por consiguiente, en el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia # 450 señala que el derecho al desarrollo debe tenerse en cuenta en las cuestiones vinculadas a la crisis deudora de muchos países pobres.

“[…] La comunidad internacional no puede desentenderse de semejante situación; incluso reafirmando el principio de que la deuda adquirida debe ser saldada, es necesario encontrar los caminos para no comprometer el derecho fundamental de los pueblos a la subsistencia y al progreso”, (san Juan Pablo II en 1991).

De otra parte, el Pontificio Consejo de Justicia y  Paz  de El Vaticano, en el 2007 precisó que: “La crisis económica y financiera que está atravesando el mundo convoca a todos, personas y pueblos, a un profundo discernimiento sobre los principios y valores culturales y morales que son fundamentales para la convivencia social…”.

Ante esto, la DSI en el # 352 sostiene que la tarea fundamental del Estado en ámbito económico es definir un marco jurídico apto para regular las relaciones económicas, con el fin de salvaguardar las condiciones fundamentales de una economía libre que presupone una cierta igualdad entre las partes.

Continúa explicando que la actividad económica, sobre todo en un contexto de libre mercado, no puede desarrollarse en un vacío institucional, jurídico y político. “Por el contrario, supone una seguridad que garantiza la libertad individual y la propiedad, además de un sistema monetario estable y servicios públicos eficientes”, (san Juan Pablo II 1991).

Por último, el compendio de la DSI también advierte sobre el fenómeno del consumismo. En el # 360 detalla que el consumismo impide distinguir correctamente las nuevas y más elevadas formas de satisfacción de las nuevas necesidades humanas que son obstáculo para la formación de una personalidad madura.

“Es innegable que las influencias del contexto social sobre los estilos de vida son notables: por ello el desafío cultural, que hoy presenta el consumismo, debe ser afrontado en forma más incisiva, sobre todo si se piensa en las generaciones futuras […]”, (Cf. San Juan Pablo II, 1991).

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