Con la puerta del garaje, la línea blanca en la pista atlética, los dígitos en el ponchador, el nombre en la lista del médico o el boleto en el Tren Urbano todo camino tiene un inicio. Al salir el sol o al abrir los ojos aún en la cama todo el día también tiene un comienzo. La vida espiritual tiene su pórtico, ese acontecimiento de fe que marca: el Bautismo.

Tan importante es este momento en la vida cristiana que el Papa Francisco se ha referido al Sacramento como un “certificado de nacimiento”, un “segundo cumpleaños” y una “puerta de la fe y de la vida cristiana”. Cabe destacar que Jesús, sin necesitarlo, se sometió a ser bautizado por Juan para marcar el inicio de su vida pública. Acontecimiento que se conmemora este domingo y que da comienzo al tiempo litúrgico ordinario.

 

Un cumpleaños espiritual…

Sobre el Sacramento de iniciación cristiana, Mons. Juan Rodríguez Orengo, Vicario de Pastoral de la Diócesis de Ponce, explicó que el Bautismo es vital porque marca el inicio y limpia del pecado original. “Somos hijos de Dios por medio de la Creación. Pero, hemos nacido con el pecado original; ese pecado se borra solo con el Bautismo. Tenemos que celebrar mejor el día que fuimos bautizados porque ese día nacimos a la vida eterna”, afirmó.

Aconsejó conmemorar el día del Bautismo como se recuerda el día del cumpleaños. Aunque sobre esta última fecha, curiosamente preguntó por qué no celebrar el día cuando fueron concebidos en el vientre materno 9 meses antes. Ciertamente, la fecha con mayor significado espiritual es cuando se nace a la vida eterna, la fecha del Bautismo.

¿Por qué no esperar para bautizar un bebé?

El Bautismo es el fundamento e inicio de la vida cristiana. Acceder al Sacramento de iniciación es una urgencia que la Iglesia promueve. Así versa el Catecismo (núm. 1250): “Puesto que nacen con una naturaleza humana caída y manchada por el pecado original, los niños necesitan también el nuevo nacimiento en el Bautismo para ser liberados del poder de las tinieblas y ser trasladados al dominio de la libertad de los hijos de Dios”.

Cabe destacar que la práctica se remonta a los inicios y primeros siglos del cristianismo cuando casas enteras fueron bautizadas. Así lo detallan los Hechos de los Apóstoles (16, 15) cuando Lidia “se bautizó con toda su familia” y la Primera Carta a los Corintios (1, 16) “bauticé también a la familia de Esteban”. Varios documentos del siglo II también evidencian la administración del Sacramento de iniciación cristiana con infantes.

Sobre el consentimiento del niño y las prácticas de fe, hay que recordar que en el Viejo Testamento no se le consultaba al infante si sería circuncidado en el octavo día. ¿A caso hay que preguntarle al bebé para abrirle una cuenta de banco para sus ahorros en la vida o para vacunarlo?

 

Bautismo de emergencia

Cuando hay un peligro inminente a la vida, una emergencia, cualquier persona puede bautizar al infante, incluso un no bautizado. Así lo explica el Catecismo (núm. 1256), la persona “puede bautizar si tiene la intensión requerida y utiliza la fórmula bautismal trinitaria”. Por lo tanto es requisito que todo cristiano se oriente y sepa lo que tiene que hacer en caso de emergencia de muerte de un no bautizado.

Históricamente en siglos pasados se practicaban los llamados “bautizos de casa” en las zonas rurales y comunidades remotas de Puerto Rico. Esto era un Bautismo de emergencia porque los bebés nacían con comadronas. Ante la duda por cualquier complicación, tenían a los padrinos avisados y bautizaban al recién nacido antes de cumplir 3 días.

Para bautizar solo hay que recordar recitar la fórmula de triple infusión al decir: “-Nombre de la persona- yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”. Luego de esto, se recomienda llevar el niño a la parroquia para culminar el ritual en el templo.

Un Bautismo de sangre

La sangre derramada por el martirio de alguien que cree en Cristo es en sí misma un Bautismo de sangre. Así lo detalla Padre Eduardo González Castillo. Esto es lo que acontece en las tierras del Medio Oriente con las masacres registradas con cristianos. “Ellos son asesinados por el solo hecho de creer en Cristo; ellos son bautizados con sangre de martirio”, sostuvo.

La sangre derramada por estos mártires modernos es un recordatorio de ese inicio bautismal de todo creyente en Cristo y una llamada constante a valorar, profundizar, comunicar y defender la fe católica mediante la paz y la misericordia.

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