Mons. Geraldo Ramírez Torres presidió por primera vez como Obispo de Ponce y Gran Canciller de la Universidad la Misa de Inicio de Curso de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico.
Con un llamado a que la formación universitaria trascienda la obtención de un título y se convierta en servicio, compromiso y transformación de la sociedad, la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico (PUCPR) encomendó a Dios el inicio de su nuevo curso académico 2026.
La celebración eucarística tuvo lugar el jueves, 27 de agosto, en la Parroquia Santa María Reina, en Ponce, y fue presidida por Mons. Geraldo, Obispo de Ponce y Gran Canciller de la PUCPR. La comunidad universitaria de los tres recintos se unió simultáneamente para dar gracias a Dios y colocar el nuevo año académico bajo el amparo de Santa María, “trono de la sabiduría”.
La ocasión adquirió un significado especial al tratarse de una de las primeras celebraciones de Mons. Gerardo luego de su reciente ordenación episcopal. El nuevo Obispo de Ponce regresa además a la católica como exalumno, convirtiéndose en el quinto egresado de la institución en recibir el ministerio episcopal. La comunidad universitaria lo recibió ahora como su pastor y Gran Canciller.
En su homilía, Mons. Gerardo partió de las palabras de Jesús: “Ustedes son la sal de la tierra… ustedes son la luz del mundo”, destacando que Cristo no presenta esta expresión como una posibilidad futura, sino como una identidad y, al mismo tiempo, una misión.
El Obispo recordó que la sal “no existe para sí misma”, sino que da sabor, conserva y transforma aquello con lo que entra en contacto. Desde esa imagen evangélica, propuso a la universidad católica como una presencia llamada también a transformar la realidad, haciendo una diferencia concreta en su entorno.

Dirigiéndose particularmente a los estudiantes, Mons. Gerardo insistió en que el propósito de la educación universitaria no puede reducirse a alcanzar una credencial académica. “Ustedes no vienen a la universidad solamente para obtener un título”, señaló, enfatizando que se preparan para una profesión, pero también para la vida y que el conocimiento alcanza su sentido pleno cuando se convierte en servicio.
De igual forma, sostuvo que junto a la preparación profesional deben cultivarse la honestidad, la responsabilidad, la sensibilidad ante el sufrimiento y el compromiso con el bien común. Ante una sociedad que puede privilegiar el éxito sobre la verdad, la competencia sobre la solidaridad y la apariencia sobre la autenticidad invitó a los universitarios a dar “sabor humano” a sus relaciones y contribuir a construir una sociedad mejor.
La misión alcanza igualmente al personal docente y no docente. Mons. Gerardo señaló la necesidad de armonizar la dimensión académica con el espíritu evangélico, pues una universidad católica no está llamada a encerrarse en sí misma, sino a llevar a la sociedad “la luz de la verdad, de la dignidad humana, de la esperanza y del Evangelio del amor”.
Por su parte, el presidente de la PUCPR destacó varios signos positivos con los que comienza el curso académico, entre ellos el aumento de estudiantes de nuevo ingreso y traslado en todos los recintos y una retención que nuevamente alcanza el 90 %. Encomendó a Dios las metas, sueños y anhelos de los estudiantes, así como la responsabilidad de los educadores de ser guía, testimonio y modelo.

El nuevo año coincide además con importantes aniversarios institucionales: los 65 años de la Escuela de Derecho y los 30 años de los programas graduados del actual Colegio de Ciencias de la Conducta y Asuntos de la Comunidad. El presidente resaltó la aportación de estas unidades a la investigación, el servicio, la promoción de las personas y la construcción del país.
En su mensaje también reafirmó la responsabilidad de la PUCPR ante los desafíos sociales contemporáneos. Como universidad pontificia y católica, afirmó, la institución está llamada a ser “la reserva moral de nuestro pueblo” y a ofrecer respuestas científicas y éticas ante retos como la inteligencia artificial, la gestión de los recursos y la economía, siempre desde la verdad, la razón, la fe y su misión evangelizadora.
Al concluir la Eucaristía, Mons. Gerardo pidió al Señor sabiduría para estudiar, perseverancia ante las dificultades, humildad, generosidad y entereza para vivir la fe con coherencia. Asimismo, encomendó al personal universitario y pidió que el nuevo curso sea no solo un periodo de crecimiento académico, sino también humano y espiritual. Finalmente, puso a toda la comunidad bajo la protección de María, Madre de la Sabiduría.



