El tratado de París sobre el cambio climático tiene la misma falla que los tratados climáticos anteriores. Sus premisas preocupantes son que la atmósfera se está calentando por el aumento en emisiones de CO2 (dióxido de carbono) resultado de la quema de combustibles fósiles, consecuencia de nuestro desarrollo industrial. La quema de combustibles fósiles no es la principal fuente de CO2. Son los océanos los que emiten 90 gigatoneladas por año de CO2 a la atmósfera, mientras que la quema de combustibles emite solo 5.4 gigatoneladas. Dato comparativo de interés es que la respiración humana, con 7,500 millones de habitantes hoy, emite 2.5 gigatoneladas de todo el CO2, o casi la mitad de lo que emiten los combustibles. Una gigatonelada representa mil millones de toneladas métricas. Una tonelada métrica representa mil kilos, o 2,205 libras.

Preocupación (1) es que la Tierra se está calentando. La Tierra es una pelota caliente que todavía no se ha enfriado. La temperatura de su centro es igual a la temperatura de la superficie del Sol, o 6,000 °C. En el lecho del océano, donde la corteza terrestre es más fina, el agua de mar puede venir en contacto con el magma caliente provocando que surjan fumarolas, o hydrothermal vents, descubiertas a partir de 1977. Estas fumarolas emiten agua caliente a temperaturas muy por encima de la temperatura de ebullición de 100°C. La presión del agua a esas grandes profundidades evita la ebullición y el agua fluye, supercrítica, a 480°C. Las fumarolas también emiten CO2.

Preocupación (2) es que el aumento en temperatura derrite los hielos y aumentará el nivel del mar. Los hielos del Ártico se forman de agua del mismo Ártico cuando esta se congela. El Ártico es un mar. Agua que se derrita allí surgió allí y en nada alteraría el nivel del mar. El Antártico es un continente, más frío que el Ártico, consecuencia de las corrientes marinas frías que lo rodean y lo protegen. El hielo que rodea el Antártico viene en gran medida del que se forma sobre el continente y viaja hacia el mar, formando solapas o ice shelves que flotan y se van extendiendo sobre el mar. Cuando las solapas se han extendido demasiado, se rompen y se desplazan como témpanos inmensos, como ha sucedido recientemente. Dado que la solapa ya está flotando, el que se le desprenda un trozo en nada afecta el nivel del mar.

La preocupación por el cambio climático ha disparado un gran negocio. Dice Brian Domitrovic en The Chronicle of Higher Education, noviembre 2016:

 “La ciencia climática representa gran dinero para las universidades de hoy, con ‘grants’ del gobierno federal sumando a cientos de millones de dólares al año. Hay un problema ‘cui bono’ con la posición del sector de investigadores que insisten vigorosamente en que el cambio climático es asunto urgente”.

Cui bono se refiere a quién sale beneficiado, como por un crimen, por ejemplo.

Los países subdesarrollados siempre pasan el sombrero a los países desarrollados en las conferencias anuales de los adeptos. En la cumbre climática de Lima de 2014, los reclamos eran de $70 a $100 mil millones al momento, $150 mil millones del 2025 al 2030, y de $250 a $500 mil millones antes del 2050. En la cumbre de París de 2015 los reclamos eran de $100 mil millones al año por 5 años, y que antes del 2025 se revisara esa dádiva al alza.

Si se pueden evitar emisiones insensatas que se descargan irresponsablemente al ambiente, y que provocan efectos adversos a la calidad de nuestro clima y a la vida en nuestra Tierra, hay que evitarlas a como de lugar. Es política moral y obligada de cada buen vecino. Se llama good housekeeping.

El Papa Francisco, en su Carta Encíclica Laudato Si’, ofrece la agenda de cómo el hombre se debe, y le debe, a la naturaleza.

En su artículo 132, nos dice: “En todo caso, una intervención legítima es aquella que actúa en la naturaleza para ayudarla a desarrollarse en su línea, la de la creación, la querida por Dios”.

En su artículo 156 nos dice: “La ecología humana es inseparable de la noción de bien común, un principio que cumple un rol central y unificador en la ética social”.

Respecto a los vaivenes de si se participa o no en acuerdos internacionales, nos dice el artículo 181: “Es indispensable la continuidad, porque no se pueden modificar las políticas relacionadas con el cambio climático y la protección del ambiente cada vez que cambia un gobierno”.

La creación y la naturaleza no se nos regalan gratis. Tenemos no solo que darle buen mantenimiento, sino también culminarla.

Se está entorpeciendo el desarrollo y uso de energías renovables solo por continuar dominando los mercados energéticos para beneficio exclusivo de cárteles y clubes privados. Esto es un ultraje mezquino y avaro que provoca daño a muchos y beneficio a pocos clubes privados.

Por otra parte, el usar el “calentamiento global” como palanca engañosa y atemorizante para manipular las economías del mundo en afán de lucro y poder, también es faena mezquina y reprochable.

Es hora de que el Homo sapiens deje de garatear contra el Homo sapiens y retome su rol de sabio administrador de la Creación. Además tenemos que retomar el rol de co creador, aunque no se nos está enfatizando mucho que esa es otra responsabilidad nuestra.

(Máximo Cerame-Vivas Ph. D.)

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