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(Fragmento de la presentación realizada en la Librería Casa Norberto)

Con un espíritu agradecido les present el libro: Rebeldes y Perseguidos: cristianos y cristianas en Puerto Rico y su lucha por la liberación, el ecumenismo, la justicia y la paz de la autoría del Villalbeño, historiador y educador puertorriqueño, José Enrique Laboy Gómez. […] Sí, me siento agradecido: primero por el honor inmerecido de presentar ésta, su nueva obra y, segundo, por el regalo que le hace a la academia, a la fe, a la historia, a las luchas, a nuestra patria, con la publicación de esta puntillosa y minuciosa obra en la que se escudriña desde la fe, desde el arte, desde lo social, lo político, lo histórico, el peregrinar de una cepa de cristianos y cristianas “rebeldes” y “aguzaós” de pies y no enñangotaos, ante injusticias venidas o por venir, a las que se enfrentaba nuestro pueblo.

Ciertamente alguien tenía que escribir del heroísmo, entrega, compromiso, luchas, incomprensiones y persecuciones de tantos cristianos y cristianas en Puerto Rico y Latinoamérica, muchos de ellos y ellas a veces y hasta ahora en el anonimato, pero que José Enrique los ha inscrito en el registro demográfico más importante que se pueda tener: en la demografía patriótica. […] De igual manera, apunta el dedo a aquellos líderes religiosos y políticos que a veces se quedaron cortos en su discernimiento de las señales de los tiempos y a las causas que el evangelio nos debe obligar a denunciar.

En esta obra vemos, que las grandes luchas, y su éxito, no son principalmente cuestiones de jerarquías, sino de concertaciones de grandes voluntades, de espíritus humildes y valientes del pueblo que supieron sobreponer el bien común, de primerear los principios de solidaridad que brotan del evangelio vivo de Cristo y que cada uno de nosotros, de nosotras, está llamado a vivir y a hacer valer sobre todas las cosas.

El único signo del cristiano, de la cristiandad, es la cruz gloriosa de Cristo de donde brotan el amor, la misericordia y sobre todo también la perseverancia en la persecución. Una persecución que a veces es martirio, que a veces es ridiculización, exclusión y atropello. Que a veces viene de los gobiernos, del imperio de los medios de explotación, pero a veces, como fundamenta José Enrique, provienen de las estructuras religiosas mismas.

Esta importante obra de José Enrique nos recrea los problemas, retos, luchas y respuestas cristianas del pueblo de Dios, de los pueblos originarios, del pueblo afroamericano y puertorriqueño en la década de los 80 y los 90. Nos habla de que los cristianos y cristianas son más fecundos cuando se unen a pesar de sus diferencias confesionales, de que no hay más terreno fértil para la justicia, la paz y la libertad en América Latina y el Caribe que la unidad del pueblo cristiano. Jesús oró para que todos seamos uno; y este trabajo de José Enrique, nos describe lo grande, robusto, invencibles, incansables que somos cuando oramos como uno, actuamos como uno, sentimos como uno, luchamos como uno y nos respetamos como uno.

A mi entender, José Enrique, como nadie ha puesto de manifiesto la historia del ecumenismo en Puerto Rico. Lo ha hecho, dando honor a quien honor merece. Reconociendo la valiosa aportación de sectores de distintas denominaciones, sus líderes y seguidores. El ecumenismo es la casa grande y fraternal para todos los cristianos y cristianas en Puerto Rico. […]

En el libro se cita alguien que muy acertadamente dice: que Vieques fue la escuela del ecumenismo en Puerto Rico. Este servidor se atrevería añadir que esta obra de José Enrique es el libro de texto de la escuela de Vieques, cuya lectura nos obliga e interpela pues nos ilustra cómo se camina, cómo se dialoga, cómo se lucha desde la perspectiva cristiana contra las injusticias de los poderosos, de los indiferentes, de los insensibles, de los que en su corazón solo existe la lógica de la explotación, del dominio, de la corrupción y la marginación.

La obra de José Enrique es una que recoge las luchas y compromisos de una época en específica: 1980-2000 y a veces se extiende hasta 2003 con la salida de la Mariana de Guerra de los EEUU de Vieques. Este trabajo que hoy presentamos, sin lugar a duda, tiene un fin que trasciende a lo memamente histórico, político, teológico y social de una época, y nos pone en perspectiva, nos brinda estrategias de un camino ya recorrido para afrontar los problemas y retos del Puerto Rico de hoy que muchos han quedado sin resolver como lo es el colonialismo que muy bien se trata a lo largo del libro, pero en particular que hace mi amiga, hermana, mujer valiente, valiosa, la Rvda. Eunice Santana en la reflexión final del libro. También, igualmente, la histórica labor del Rvdo. Heriberto Martínez. Y, obviamente el ministerio profético del Obispo Antulio Parrilla.

Nuestro ecumenismo boricua no se puede quedar sin combustible, que este libro sirva de chispa que lo encienda con renovado vigor. Pues sabemos que nuestros retos son inmensos como la crisis ambiental, cambio climático, la Junta de Supervisión Fiscal, la pérdida de derechos laborales, de corrupción rampante tanto en lo público como en lo privado, el trasiego y la poderosa industria de drogas, la trata humana, el desempleo, la grave crisis salubrista en Puerto Rico, la deuda externa, la crisis de los municipios, la situación en la UPR, la privatización de la transmisión y distribución de energía eléctrica, y ahora la de la generación, los apagones, el racismo, lograr una cultura sin machismo, las demás desigualdades, las inequidades, la exclusión que sufren muchos, particularmente nuestros hermanos y hermanas LGBTTQ, de las tragedias que sufren muchos nuestros y hermanas de Haití y Santo Domingo en la peligrosa travesía por mar entre sus tierras y la nuestra, entre otros. Tal vez no podemos estar completamente de acuerdo teológica y pastoralmente en todos los asuntos, pero la riqueza del ecumenismo nos permite dialogar desde el respeto, la tolerancia y el amor tan necesarios en el discurso político y social puertorriqueño.

Cuando estaba leyendo la obra de José Enrique, veía como en la década de los ochenta, el cristianismo rebelde, libertador, insurgente se unía contra la explotación, el respeto, el dominio, la persecución y la dictadura de los Somoza en Nicaragua. Muchos se alinearon al sandinismo. Hoy día, ese sandinismo se ha convertido en una nueva dictadura para Nicaragua. Hoy el gobierno sandinista en Nicaragua está persiguiendo cristianaos; ha arrestado a un obispo, a sacerdotes vigilados, iglesias vandalizadas, religiosas expulsadas. Tan es así que el Papa Francisco, un Papa Latinoamericano, un Papa cuyo pastoreo profético ha calificó al actual gobierno de Nicaragua como una dictadura grosera, comparándola a la de Hitler. Me hago eco de sus palabras. Obviamente el gobierno Sandinista ha traicionado su propia revolución. […]

Mons. Roberto O. González Nieves, OFM

Arzobispo Metropolitano de San Juan

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