El Sexto Congreso Americano Misionero (CAM6) ha resonado profundamente en la conciencia de la Iglesia, destacando la urgencia de una misión renovada en la que todos los miembros del cuerpo eclesial —obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y laicos— se conviertan en verdaderos misioneros del Evangelio. Este llamado no solo implica llevar el mensaje de Cristo a todos los rincones del mundo, sino también reflexionar internamente sobre la autenticidad y el servicio desinteresado.
La exhortación a “tener obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y laicos con olor a ovejas” es una metáfora poderosa que expresa la necesidad de una cercanía genuina con la comunidad. Este “olor a ovejas” simboliza una vida compartida con las personas, marcada por la entrega total, sin buscar protagonismo ni reconocimiento, sino priorizando el bienestar de quienes se sirve. En un mundo donde el liderazgo a menudo se confunde con poder y prestigio, este llamado recuerda que la verdadera misión se encuentra en la humildad y el servicio.
Ser misioneros del Evangelio significa vivir en el mundo, compartir sus alegrías y tristezas, y dar testimonio de la esperanza que se encuentra en Cristo. Esto requiere salir de nuestras comodidades para entrar en la vida de quienes sufren, buscan respuestas o necesitan el amor transformador de Jesús. La misión no es solo una tarea, sino un estilo de vida que se refleja en la autenticidad de nuestras relaciones y en nuestro compromiso profundo con los demás.
Este llamado también nos lleva a valorar el rol de los laicos. Los laicos con “olor a ovejas” son aquellos que, a través de su vida cotidiana, dan testimonio del Evangelio en sus trabajos, familias y comunidades. Son el puente entre la Iglesia y el mundo; su participación es esencial para la misión evangelizadora. Por ello, es crucial formar y empoderar a los laicos como agentes de cambio y heraldos de la Buena Nueva.
El mensaje del CAM6 nos desafía a todos, sin excepción, a asumir nuestra responsabilidad misionera. La autenticidad en nuestra fe, el servicio desinteresado y el compromiso con los demás son fundamentales para ser verdaderos discípulos de Jesús. Llevemos su Evangelio a todos los rincones del mundo, pero hagámoslo desde la humildad y el amor, siendo luz y esperanza en un mundo que tanto lo necesita. En este camino encontraremos nuestra misión y la verdadera esencia de lo que significa ser Iglesia. Continuaremos…


