Para Nancy Méndez Soto esta Navidad será doblemente triste. No solo recuerda como si fuera ayer cuando lo perdíó todo mientras salía de casa de una vecina junto con sus hijos para escapar de las aguas del río crecido como consecuencia del huracán María. También lleva a flor de piel el recuerdo de su hijo de 23 años paciente de salud mental que falleció el pasado 11 de noviembre por causas naturales.

Actualmente, Nancy vive acompañada de su hijo menor de 21 años y sus perritas Fiola y Princess, en una humilde residencia de madera y zinc. Aunque el área de las Parcelas, como se le conoce al sector donde reside en el Barrio Espinar de Aguada, es inundable, aseguró que nunca había visto una inundación como la que presenció durante el paso de María.

“En esta área el río subió 7 pies. Aunque mi casita es un poco alta por los horcones, con todo y eso subió como 2 pies más. Se me metió agua y fango, perdí los muebles, el techo de zinc no voló pero se aflojó. La nevera, no sé cómo, el chorro del agua del río la viró. Los gabinetes los tuve que tirar abajo, perdí las camas, los muebles y el divisor se cayó”, explicó la mujer de 54 años.

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Nancy solo cuenta con $200 de beneficio del PAN y a parte de FEMA, cuya ayuda está en proceso, no ha recibido ninguna otra. Por espacio de 1 mes, estuvo en el refugio con sus dos hijos y sus dos perritas. Actualmente, su vivienda no está habitable, pero no quiere mudarse para otro lugar ya que, según expresó, se encontrará sola y todavía no se acostumbra a la pérdida de su hijo.

Durante la noche duerme en su casa, mientras pasa el día a día en casa de su vecino donde cocina y cubre sus otras necesidades. Aunque necesita de todo, le preocupa su seguridad por lo que inicialmente aboga por una puerta. “La puertita está un poco rota y me da miedo de que alguien venga y me la fuerce. Pero entre las cositas, todo lo que llegue es bueno”, sostuvo.

Ante el evento se mostró “conforme porque por lo menos estamos bien”. Sin embargo, con tristeza afirmó que: “Es verdad que mi hijo perdió la vida, pero Dios lo mandó a buscar, porque fue Él, pero no es fácil. Ese huracán María, perdóname la expresión, eso fue un demonio lo que pasó por la Isla”.

Más allá de las pérdidas materiales, ante la ausencia de su hijo, entre sollozos Nancy describió que su mayor anhelo es: “Tener unas Navidades más, como era el sueño de él, su arbolito, sus bombillitas, su regalo… no sé cómo me podrían ayudar”.

Para cooperar con Nancy, puede enviar su donativo a Cáritas de Puerto Rico, P.O. Box 8812, San Juan, P.R., 00910-0812 o comunicarse al: 787-300-4953.

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