Permite a Dios utilizar tus labios al dar un consejo

“Los guías espirituales brillarán como resplandor del firmamento”, (Dn 12, 3).

Las obras de misericordia son parte de la identidad del cristiano, son ese proceder que indica desde lo lejos que un católico está presente por su palabra y por su ejemplo. Dar consejo al que no sabe es una de esas cualidades que se ejercen con caridad, desde la comunión con Dios y con la Iglesia, en la escucha, sin oposición y respaldados con el testimonio.

Antes del consejo…

Oración y conocimiento son el binomio perfecto para antes de emprender la acción de aconsejar. Así lo expresó Padre Elvin Antonio Irizarry Román de la Parroquia Inmaculado Corazón de María en Sabana Hoyos, Arecibo. “Si se cuenta solo con conocimiento, esto puede llevar a la equivocación, pues, no hay inspiración del Espíritu. Esto no es decorativo, hay que estar en comunión con Dios para dar consejo”, explicó.

“La oración no es un agregado, no es algo decorativo sino que es esencia, la oración es mi comunión afectiva, efectiva, consciente, voluntaria y que asiente a la voluntad divina. Cuando yo tengo esa comunión que adquiero a través de la oración, porque la oración es un diálogo, entonces yo voy a estar más tranquilo sabiendo que Dios obra a través de mí”, detalló P. Elvin.

Ejemplo: garantía del buen consejo

No hay mejor garantía de un buen consejo que el testimonio. Desde el silencio, con el ejemplo, se aconseja a tantas personas. Son esas actitudes y la presencia las que reflejan la relación con Dios que el prójimo en dificultad necesita. Padre Elvin aludió a distintos refranes populares sobre el ejemplo, todos ciertos, que versan sobre testimonio de vida que arrastra y convence más que las palabras. Ese ejemplo es “consecuencia natural de mi oración”. Si lo que se aconseja o se predica no se vive, criticó el sacerdote, es una oración falseada, farisaica, sin cambio.

¿Imposición y opinión?

“Primero, tiene que mediar otra virtud que es la prudencia, y la prudencia me dice a mí qué decir, cómo decir, dónde decir, lo que es conveniente o no es conveniente, y obviamente pues ahí en todo eso se incluye lo que se llama la empatía”, articuló. Sobre esto, salta la necesidad de conectar con el otro, el próximo afectado y que clama por hermandad empática.
Si entra en juego la doctrina de la Iglesia, conocerla es menester para aconsejar y poder aplicarla a la situación concreta. El riesgo será errar e inducir a error. Además, cuando la situación compromete la salud y seguridad será necesaria la asistencia de un profesional de la salud.

Imponer no es la opción, máximo cuando en la mayoría de los casos el consejo lo solicita el prójimo. Sobre la apertura al hermano en dificultad, Padre Elvin explicó que sutilmente se puede suscitar el espacio para que se pueda solicitar el consejo. “Cuando alguien pregunta tiene la necesidad y como tiene la necesidad y pregunta, por lo tanto tiene la apertura y disposición para escuchar. Es que depende la forma que yo utilice para hablar, mi tono de voz, las palabras obviamente, quitar todas las ironías y quitar todo tipo de recurso que haga sentir mal a la otra persona sin que por eso yo niegue una verdad, yo tengo que decir la verdad tal y cuál es, pero obvio desde la Misericordia”, concluyó sobre la obra espiritual.

Papa invita a escuchar y aconsejar

Lo cierto es que las obras de misericordia corporales y las espirituales están intrínsecamente vinculadas, unas siguen a las otras, como el Papa Francisco explica en el libro El nombre de Dios es misericordia. Dar consejo es una de esas cuatro primeras obras espirituales que responden al “apostolado de la oreja”, que no es otra cosa que acercarse, escuchar, aconsejar y enseñar con el testimonio. Es por esto que la credibilidad de cristiano está en juego, orienta el Santo Padre. Curiosamente, cuando se habla de estas obras el Papa cierra sus líneas, tanto en el libro (Cap. 9) como en la Bula (15), citando a San Juan de la Cruz y al Evangelio: “En el ocaso de nuestras vidas, seremos juzgados en el amor”.

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León XIV: «El matrimonio es una comunidad de vida y amor fundada en la fidelidad y la entrega mutua»

Ciudad del Vaticano. – El papa León XIV presidió este miércoles, 21 de octubre, la Audiencia General en la Plaza de San Pedro, donde reflexionó sobre la importancia del matrimonio y la familia a la luz de la constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II. En su catequesis, destacó que el amor conyugal encuentra su fundamento en la entrega recíproca, la fidelidad y la unidad indisoluble de los esposos. La audiencia tuvo un significado especial al celebrarse pocos días después de que el Santo Padre recibiera el alta hospitalaria, tras la intervención quirúrgica a la que fue sometido el pasado 13 de octubre. Antes de comenzar su reflexión, agradeció las numerosas muestras de cercanía y las oraciones ofrecidas por su recuperación. «Lo primero que quiero decirles es ¡gracias! Gracias por el apoyo de sus oraciones», expresó el Pontífice, invitando a los fieles a renovar su confianza en la bondad y misericordia de Dios. El matrimonio, una alianza de amor Al profundizar en las enseñanzas del Concilio Vaticano II, León XIV recordó que el matrimonio no puede comprenderse únicamente como un contrato jurídico, sino como una comunidad de vida y amor que nace de la decisión libre de los esposos de entregarse mutuamente. El Papa explicó que esta donación recíproca exige plena fidelidad y unidad indisoluble, siguiendo las palabras de Jesucristo: «Ya no son dos, sino una sola carne» (Mt 19,6). Asimismo, señaló que el amor matrimonial supera la atracción física y comprende la totalidad de la persona, expresándose mediante el afecto, la ternura, el respeto y la búsqueda del bien del otro. En este sentido, recordó que el hombre y la mujer poseen igual dignidad y están llamados a construir una relación que refleje el amor de Cristo por su Iglesia. La familia, fundamento de la sociedad Durante su enseñanza, el Santo Padre destacó también la dimensión social de la familia, definida por Gaudium et spescomo escuela del más rico humanismo y fundamento de la sociedad. Subrayó que la fecundidad del matrimonio encuentra una expresión particular en la procreación y educación de los hijos, a quienes el documento conciliar reconoce como un don extraordinario de la unión matrimonial. El Pontífice recordó que los esposos, al transmitir y educar la vida humana, participan de manera especial en la obra creadora de Dios y asumen una responsabilidad que debe ejercerse desde una conciencia formada a la luz del Evangelio y de las enseñanzas de la Iglesia. Un llamado a proteger la vida humana León XIV reiteró la enseñanza de la Iglesia sobre la dignidad de toda vida humana desde su concepción, insistiendo en la necesidad de protegerla y respetarla. Asimismo, destacó que el amor conyugal y la transmisión responsable de la vida deben comprenderse desde una visión integral de la persona, en la que la entrega mutua y la apertura a la vida constituyen dimensiones fundamentales del matrimonio cristiano. El Santo Padre reconoció que la defensa y el acompañamiento de las familias representan una tarea pastoral cada vez más urgente, recordando la atención que la Iglesia ha dedicado a esta realidad durante las últimas décadas, particularmente mediante los sínodos sobre la familia convocados por el papa Francisco. Al concluir su catequesis, León XIV encomendó a todas las familias del mundo a la protección de la Sagrada Familia de Nazaret, pidiendo que su ejemplo ilumine el camino de los matrimonios y fortalezca su vocación al amor, la fidelidad y la comunión. Fuente: Vatican News.

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