Belén dame a Jesús

María en Belén no habla, pero sabemos lo que hace y lo que es: “guardaba todo en su corazón” y se dejaba por cuantos llaegaban allá. Estaba “junto al pesebre” donde está reclinado el Hijo. Está allí como la guardiana inquebrantable del tesoro. Está allí como la madre de ese Dios escondido. Está allí con todos los contrastes, con todos los extremos: Virgen y Madre, Reina y Esclava, Dueña del tesoro y pobre hasta el despojo. Valiente en la noche, y dulcemente tímida. Con la Palabra eterna, y silenciosa hasta donde no ha llegado nadie. Omnipotente por el Hijo, y pobre hasta la Cueva y el pesebre. Dueña del Rey, y sin tener dónde reclinar su cabeza.

El cautivado

El cautivado… No sé si te expliqué algo de esto… Se trata de un pobre personaje que llega a Belén, después de cruzar mares y fronteras, venciendo obstáculos y superando dificultades. Va a la búsqueda de sus ojos misteriosos… Por fin se encuentra con ellos y se vuelve loco de alegría. Él tiene como único quehacer entusiasmarse de todo. Queda cautivo ante los ángeles, ante los pastores, ante la Madre del Niño… ante el Hijo de esa Madre. ¡Es el cautivo de Dios…! ¡No podemos ofrecerle otra cosa más que un corazón cautivado…! La vida toda ha quedado presa, cautiva…ha quedado perdida en el misterio insondable… “Me miré en sus ojos, y quedé cautivo…”. Para entrar en la cueva tendrás que dejar fuera tus maletas, estorban al misterio. Un “cautivo” con maletas es cualquier cosa menos un cautivado. Déjate cautivar, entra muy libre.

No te preocupes de lo que pueda ser solamente tuyo. Preocúpate de los hermanos, de los intereses de la Iglesia, de tu Dios.

Pobreza

Solo llegan los valientes y los que con mirada afilada penetran decididamente por las grietas de la roca. Hay que amar una vida como la de Belén: incómoda, abierta al mundo, sin quejas internas ni externas. Una vida que en cualquier circunstancia sabe hacer y plantar el Misterio.
Belén está demasiado lleno, tiene demasiadas cosas, “no hay sitio para Él”. No, no hay sitio; está todo ocupado. Y Él no quiere compartir sitios ocupados. No quiere, no. Él ha de estar solo llenando el vacío. Y la cueva estaba vacía…por eso cabía Él. ¡Siempre el mismo Jesús! Exigiendo el vacío total. Sí, sí es el divino exigente. Lo que quiere todo para Él. No tiene, no tiene…es.

Ser Belén es…

Ser Belén es ser Jesús…, ser casa de pan…, hostia que se reparte…, ser Iglesia. Ser Belén es olvidarse, perderse de vista, no acusar recibo de nada cuanto pueda rodar sobre la hipersensible membrana de nuestro yo. Es olvidarnos de todo y de todos, sobre todo de nosotros mismos; olvidarnos de nuestros derechos, de nuestros gustos, de nuestra vida material y hasta de nuestra vida espiritual.
Ser Belén es no darse tantas vueltas a sí mismo, ni estudiarse tanto, ni controlar incesantemente las acciones y reacciones de nuestro mundo interior, no compadecernos tanto de nosotros mismos, ni sentir tan acusadamente el dolor de la incomprensión de la soledad contrariada.

Ser Belén es pasar cantando…, siempre cantando…, con los ojos muy limpios, el alma muy abierta y el corazón muy enamorado. Pasar cantando el canto de la paz, el de los ángeles en la cueva, el de los bienaventurados en el Cielo: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad” (Lc 2, 14).

Amor

Cuando llegaste… la noche, en profundo silencio, seguía su camino… y tú acampabas en mi tienda…Enseguida me di cuenta que mi tienda tenía luz…felicidad…amor…pasaste junto a mí y heriste mi corazón…
Hemos visto su Estrella en Oriente

“Los limpios de corazón verán a Dios”, aunque aparentemente estén lejos. No la vieron los levitas, ni los archisinagogos. La vieron los que con un corazón sencillo buscaban la verdad y la amaban, aun sin conocer la plenitud de esa Verdad, pero la buscaban con una fuerza instintiva, puesta por Dios en el fondo del alma para darle y exigirle para trazar con ella sus grandes planes de amor.

Alegrémonos… En cualquier caso, podemos cantar confiados: “Hemos visto su estrella”. Sí, la hemos visto y su luz ilumina nuestras tinieblas. Así podemos hacer nuestras aquellas palabras de Isaías: “Mientras está cubierta de sombras la Tierra y los pueblos yacen en las tinieblas, sobre ti viene el alba del Señor y en ti se manifiesta su gloria”, (Is 60, 2).

(Monasterio Madre de Dios | Manatí, Puerto Rico)

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