Pedro, sin ceder a la oscuridad, dejó que la luz de Dios entrara en su corazón sin apagarla, dijo Francisco en la Vigilia Pascual en el Vaticano

 

(RV).- “Continuamente vemos, y veremos, problemas cerca de nosotros y dentro de nosotros. Siempre los habrá, pero en esta noche hay que iluminar esos problemas con la luz del Resucitado”, expresó Francisco en la Vigilia Pascual que celebró en el santuario de san Pedro, Basílica Vaticana, el sábado 26 de marzo de 2016. El santuario completamente a oscuras al inicio de la Eucaristía, se fue poco a poco iluminando con la luz que las velitas tomaron del gran cirio pascual encendido en el “fuego nuevo”. “No permitamos que la oscuridad y los miedos atraigan la mirada del alma y se apoderen del corazón, sino escuchemos las palabras del Ángel: el Señor “no está aquí. Ha resucitado”; Él es nuestra mayor alegría, siempre está a nuestro lado y nunca nos defraudará”, afirmó el Papa.

El Sucesor de Pedro dijo: “El Señor está vivo y quiere que lo busquemos entre los vivos. Después de haberlo encontrado, invita a cada uno a llevar el anuncio de Pascua, a suscitar y resucitar la esperanza en los corazones abrumados por la tristeza, en quienes no consiguen encontrar la luz de la vida. Hay tanta necesidad de ella hoy. Olvidándonos de nosotros mismos, como siervos alegres de la esperanza, estamos llamados a anunciar al Resucitado con la vida y mediante el amor; si no es así seremos un organismo internacional con un gran número de seguidores y buenas normas, pero incapaz de apagar la sed de esperanza que tiene el mundo”.

Como es habitual en la liturgia de la Vigilia de la resurrección de Jesús, la más hermosa de todas las misas, hubo bautismos de personas adultas en las aguas del baptisterio bendecidas con la inmersión del cirio pascual, símbolo de la vida nueva en Cristo resucitado. jesuita Guillermo Ortiz, Radio Vaticana.

Texto completo de la homilía de Francisco en la Vigilia pascual 2016

«Pedro fue corriendo al sepulcro» (Lc 24,12). ¿Qué pensamientos bullían en la mente y en el corazón de Pedro mientras corría? El Evangelio nos dice que los Once, y Pedro entre ellos, no creyeron el testimonio de las mujeres, su anuncio pascual. Es más, «lo tomaron por un delirio» (v.11). En el corazón de Pedro había por tanto duda, junto a muchos sentimientos negativos: la tristeza por la muerte del Maestro amado y la desilusión por haberlo negado tres veces durante la Pasión.

Hay en cambio un detalle que marca un cambio: Pedro, después de haber escuchado a las mujeres y de no haberlas creído, «sin embargo, se levantó» (v.12). No se quedó sentado a pensar, no se encerró en casa como los demás. No se dejó atrapar por la densa atmósfera de aquellos días, ni dominar por sus dudas; no se dejó hundir por los remordimientos, el miedo y las continuas habladurías que no llevan a nada. Buscó a Jesús, no a sí mismo. Prefirió la vía del encuentro y de la confianza y, tal como estaba, se levantó y corrió hacia el sepulcro, de dónde regresó «admirándose de lo sucedido» (v.12). Este fue el comienzo de la «resurrección» de Pedro, la resurrección de su corazón. Sin ceder a la tristeza o a la oscuridad, se abrió a la voz de la esperanza: dejó que la luz de Dios entrara en su corazón sin apagarla.

También las mujeres, que habían salido muy temprano por la mañana para realizar una obra de misericordia, para llevar los aromas a la tumba, tuvieron la misma experiencia. Estaban «despavoridas y mirando al suelo», pero se impresionaron cuando oyeron las palabras del ángel: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?» (v.5).

Al igual que Pedro y las mujeres, tampoco nosotros encontraremos la vida si permanecemos tristes y sin esperanza y encerrados en nosotros mismos. Abramos en cambio al Señor nuestros sepulcros sellados, para que Jesús entre y lo llene de vida; llevémosle las piedras del rencor y las losas del pasado, las rocas pesadas de las debilidades y de las caídas. Él desea venir y tomarnos de la mano, para sacarnos de la angustia. Pero la primera piedra que debemos remover esta noche es ésta: la falta de esperanza que nos encierra en nosotros mismos. Que el Señor nos libre de esta terrible trampa de ser cristianos sin esperanza, que viven como si el Señor no hubiera resucitado y nuestros problemas fueran el centro de la vida.

Continuamente vemos, y veremos, problemas cerca de nosotros y dentro de nosotros. Siempre los habrá, pero en esta noche hay que iluminar esos problemas con la luz del Resucitado, en cierto modo hay que «evangelizarlos». No permitamos que la oscuridad y los miedos atraigan la mirada del alma y se apoderen del corazón, sino escuchemos las palabras del Ángel: el Señor «no está aquí. Ha resucitado» (v.6); Él es nuestra mayor alegría, siempre está a nuestro lado y nunca nos defraudará.

Este es el fundamento de la esperanza, que no es simple optimismo, y ni siquiera una actitud psicológica o una hermosa invitación a tener ánimo. La esperanza cristiana es un don que Dios nos da si salimos de nosotros mismos y nos abrimos a él. Esta esperanza no defrauda porque el Espíritu Santo ha sido infundido en nuestros corazones (cf. Rm 5,5). El Paráclito no hace que todo parezca bonito, no elimina el mal con una varita mágica, sino que infunde la auténtica fuerza de la vida, que no consiste en la ausencia de problemas, sino en la seguridad de que Cristo, que por nosotros ha vencido el pecado, la muerte y el temor, siempre nos ama y nos perdona. Hoy es la fiesta de nuestra esperanza, la celebración de esta certeza: nada ni nadie nos podrá apartar nunca de su amor (cf. Rm 8,39).

El Señor está vivo y quiere que lo busquemos entre los vivos. Después de haberlo encontrado, invita a cada uno a llevar el anuncio de Pascua, a suscitar y resucitar la esperanza en los corazones abrumados por la tristeza, en quienes no consiguen encontrar la luz de la vida. Hay tanta necesidad de ella hoy. Olvidándonos de nosotros mismos, como siervos alegres de la esperanza, estamos llamados a anunciar al Resucitado con la vida y mediante el amor; si no es así seremos un organismo internacional con un gran número de seguidores y buenas normas, pero incapaz de apagar la sed de esperanza que tiene el mundo.

¿Cómo podemos alimentar nuestra esperanza? La liturgia de esta noche nos propone un buen consejo. Nos enseña a hacer memoria de las obras de Dios. Las lecturas, en efecto, nos han narrado su fidelidad, la historia de su amor por nosotros. La Palabra viva de Dios es capaz de implicarnos en esta historia de amor, alimentando la esperanza y reavivando la alegría. Nos lo recuerda también el Evangelio que hemos escuchado: los ángeles, para infundir la esperanza en las mujeres, dicen: «Recordad cómo [Jesús] os habló» (v.6). No olvidemos su Palabra y sus acciones, de lo contrario perderemos la esperanza; hagamos en cambio memoria del Señor, de su bondad y de sus palabras de vida que nos han conmovido; recordémoslas y hagámoslas nuestras, para ser centinelas del alba que saben descubrir los signos del Resucitado.

Queridos hermanos y hermanas, ¡Cristo ha resucitado! Abrámonos a la esperanza y pongámonos en camino; que el recuerdo de sus obras y de sus palabras sea la luz resplandeciente que oriente nuestros pasos confiadamente hacia la Pascua que no conocerá ocaso.

(News.Va)

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Médicos confirman evolución favorable del papa León XIV tras su cirugía pulmonar

El Santo Padre comenzó a caminar, retomó su alimentación habitual y continúa su recuperación en el Hospital Gemelli de Roma. Ciudad del Vaticano, 14 de octubre de 2026. — La Oficina de Prensa de la Santa Sede informó este miércoles que el papa León XIV presenta una evolución postoperatoria normal, luego de la intervención quirúrgica a la que fue sometido el martes 13 de octubre para extirpar el lóbulo inferior de su pulmón derecho, tras confirmarse un diagnóstico de cáncer pulmonar. De acuerdo con el más reciente boletín médico, emitido por los doctores Luigi Carbone y Stefano Margaritora, el Pontífice fue sometido durante la mañana a análisis de sangre y una radiografía de tórax, cuyos resultados se encuentran dentro de los parámetros esperados para el procedimiento realizado. Los especialistas confirmaron que la recuperación del Santo Padre continúa según lo previsto, lo que representa una noticia alentadora para los fieles que permanecen atentos a su estado de salud. Asimismo, informaron que León XIV comenzó a recibir fisioterapia respiratoria y ya ha dado sus primeros pasos dentro de su habitación. También retomó su alimentación habitual, pudiendo desayunar y almorzar con normalidad. El Pontífice permanece hospitalizado en el Policlínico Universitario Agostino Gemelli de Roma, donde continúa bajo observación y seguimiento médico tras la intervención realizada mediante una técnica quirúrgica videoasistida. Este nuevo informe se produce después de que la Santa Sede comunicara que el Papa había pasado una primera noche tranquila luego de la operación, que concluyó exitosamente y sin complicaciones. Mientras continúa su recuperación, la Iglesia universal permanece unida en oración por la salud del sucesor de Pedro, con la esperanza de que pueda restablecerse y retomar progresivamente su ministerio pastoral. Fuente: Vatican News, Oficina de Prensa de la Santa Sede.

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