Papa: lucha contra la pobreza y crisis de prófugos, cuestiones humanitarias y obligaciones morales

2016-05-13 Radio Vaticana

 

 

 

 

 

 

 

Nunca el provecho económico por encima de la dignidad humana

(RV).- Aliento y gratitud del Papa Francisco a los participantes en la Conferencia internacional de la Fundación Centesimus Annus Pro Pontífice, a los que exhortó a impulsar la «civilización del amor, en la justicia y la paz para toda la familia humana».

«Iluminados por el Evangelio», afianzados en la «Doctrina social de la Iglesia»,  en colaboración con «las Iglesias locales, con los creyentes de otras religiones y con todas las personas de buena voluntad».

Recordando su reciente viaje a Lesbos, en especial, su visita con el Patriarca Bartolomé y el Arzobispo Jerónimo, al Campo de Refugiados de Mória, el Papa Francisco señaló, una vez más, su cercanía al sufrimiento de esas familias y niños, hermanos y hermanas, ante cuyas necesidades urgentes la «comunidad internacional está llamada a encontrar respuestas políticas, sociales y económicas de largo alcance», para hacer frente a problemas que superan los confines nacionales y continentales, implicando a «toda la familia humana».

Tras reiterar que «la lucha contra la pobreza no es sólo un problema económico, sino ante todo un problema moral, que apela a una solidaridad global y al desarrollo de un enfoque más justo, ante las necesidades y anhelos de las personas y de los pueblos en todo el mundo», el Obispo de Roma evocó a San Juan Pablo II, haciendo hincapié en la necesidad de que laeconomía mundial respete la dignidad humana y esté al servicio del bien común.

Ante una «economía de la exclusión», de la «inequidad», que aumenta el número de «desheredados», de personas «descartadas», de pobres, que «amenaza a las familias», y que, con el «escándalo» del desempleo juvenil, les roba a los jóvenes la esperanza, el Papa Francisco dijo que su anhelo es que puedan contribuir a generar «nuevos modelos de progreso económico», impulsando la inclusión, el desarrollo integral, el aumento del empleo y la inversión en los recursos humanos.

Recordamos que la Fundación  Centesimus Annus – Pro Pontifice – instituida por Juan Pablo II,  lleva el nombre de la Encíclica que este Papa firmó en el centenario de la Rerum Novarum de León XIII.

Es una fundación de derecho Vaticano, sin fines de lucro, tiene intenciones religiosas y caritativas, y está abierta a todo el mundo. Está específicamente diseñada para promover el estudio y la difusión de la doctrina social cristiana, por este motivo, organiza cursos de formación ad hoc, tanto presenciales como on line, apoya todas las iniciativas que desarrollen la presencia y la obra de la Iglesia católica en los distintos ámbitos de la sociedad; promueve la recaudación de fondos para el apoyo de la Sede Apostólica.

La invitación a adherirse a la Fundación está dirigida principalmente a empresarios y profesionales que, identificándose en los principios expresados en la doctrina social de la Iglesia y en el magisterio Papal, deseen contribuir activamente a la creación de una nueva cultura económica y social de acuerdo con las directrices de las Encíclicas Centesimus Annus y Caritas in Veritate, de Benedicto XVI .

(CdM – RV)

Texto completo del discurso completo del Papa:

 Queridos amigos

Les dirijo mi cálida bienvenida y agradezco al Presidente por sus amables palabras. En estos días de reflexión y de diálogo, han tomado en consideración la contribución de la comunidad de negocios en la lucha contra la pobreza, con especial referencia a la actual crisis de los prófugos. Estoy agradecido por la prontitud con la cual brindan su competencia y experiencia en los debates sobre estas delicadas cuestiones humanitarias y sobre las obligaciones morales que conllevan.

La crisis de los prófugos, cuyas proporciones están creciendo cada día, es una de aquellas a las que me siento más cercano. En mi reciente visita a Lesbos, he sido testigo de desgarradoras experiencias de sufrimiento humano, en especial de familias y niños. Era mi intención, junto con mis hermanos Ortodoxos, el Patriarca Bartolomé y el Arzobispo Jerónimo, ofrecer al mundo una mayor conciencia de estas «escenas de trágica y verdaderamente desesperada necesidad» y de «darles respuesta de una forma digna de nuestra común humanidad» (Visita al Campo de Refugiados de Mória, 16 de abril de 2016). Más allá del inmediato y práctico aspecto de dar ayuda material a estos nuestros hermanos y hermanas, la comunidad internacional está llamada a encontrar respuestas políticas, sociales y económicas de largo alcance a problemáticas que superan los confines nacionales y continentales e implican a toda la familia humana.

La lucha contra la pobreza no es sólo un problema económico, sino ante todo un problema moral, que apela a una solidaridad global y al desarrollo de un enfoque más justo, relacionado con las necesidades y anhelos de los individuos y de los pueblos en todo el mundo. A la luz de esta tarea y compromiso importantes, la iniciativa de su Fundación es particularmente tempestiva. Inspirándose en el rico patrimonio de la Doctrina social de la Iglesia, la presente Conferencia explora desde diversos puntos de vista las implicaciones prácticas y éticas de la actual economía mundial, mientras, al mismo tiempo, intenta sentar los cimientos para una cultura económica y una cultura de negocios que sea más inclusiva y respete la dignidad humana. Así como San Juan Pablo II puso de relieve en varias oportunidades, la actividad económica no puede ser llevada por un vacío institucional o político (cfr Carta Encíclica Centesimus annus, 48), sino que posee un esencial componente ético. Y, además, tiene que ponerse siempre al servicio de la persona humana y del bien común.

Una visión económica exclusivamente orientada a la utilidad y al bienestar material es – como la experiencia cotidiana nos muestra – incapaz de contribuir en modo positivo a una globalización que favorezca el desarrollo integral de los pueblos en el mundo, una justa distribución de los recursos, la garantía del trabajo digno y el crecimiento de la iniciativa privada y de las empresas locales. Una economía de la exclusión y de la injusticia (Cfr. Exhor. Ap. Evangelii gaudium, 53) ha llevado a un mayor número de desheredados y de personas descartadas como improductivas e inútiles. Los efectos se perciben también en las sociedades más desarrolladas, en las cuales el crecimiento en porcentaje de la pobreza y el decaimiento social representan una seria amenaza para las familias, para la clase media que se contrae y, en modo particular, para los jóvenes. Las tazas de desocupación juvenil son un escándalo que no solo necesita ser afrontado sobre todo en términos económicos, sino que debe ser afrontado también, y no menos urgentemente, como una enfermedad social, desde el momento que a nuestra juventud le es robada la esperanza y son desperdiciados sus grandes recursos de energía, de creatividad y de intuición.

Es mi esperanza que su Conferencia pueda contribuir a generar nuevos modelos de progreso económico más directamente orientados al bien común, a la inclusión y al desarrollo integral, al incremento del trabajo y a la inversión en los recursos humanos. El Concilio Vaticano II ha justamente subrayado que, para los cristianos, la actividad económica, financiera y de los negocios no puede estar separada del deber de luchar por el perfeccionamiento del orden temporal en conformidad con los valores del Reino de Dios (Cfr. Const. Past. Gaudium et spes, 72). Su vocación es de hecho una vocación al servicio de la dignidad humana y de la construcción de un mundo de auténtica solidaridad. Iluminados e inspirados por el Evangelio, y mediante una fructífera cooperación con las Iglesias locales y sus Pastores, así como con otros creyentes y hombres y mujeres de buena voluntad, pueda su trabajo contribuir siempre al crecimiento de aquella civilización del amor que abraza a la entera familia humana en la justicia y en la paz.

Sobre ustedes y sus familias invoco la bendición del Señor y sus dones de sabiduría, de alegría y de fortaleza.

(Traducción del italiano Renato Martínez y Cecilia de Malak)

(Vatican Radio)

 

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Dr. Héctor Balvanera destaca el valor histórico y espiritual del Santuario de la Madre de la Divina Providencia

Durante el Simposio sobre el Año Jubilar Mariano y la devoción mariana en la identidad puertorriqueña, el investigador presentó un recorrido por cien años de historia, arquitectura y expresiones de fe que contribuyeron a consolidar la devoción a la Patrona de Puerto Rico. La historia del Santuario de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia, ubicado en la Catedral de San Juan Bautista, fue el tema central de la ponencia ofrecida por el Dr. Héctor Balvanera durante el Simposio sobre el Año Jubilar Mariano y la devoción mariana en la identidad puertorriqueña, celebrado este martes, 13 de octubre. Bajo una perspectiva histórica, arquitectónica y patrimonial, el investigador presentó un análisis del desarrollo del santuario entre 1853 y 1953, destacando cómo la arquitectura, el arte, la liturgia y la participación de los fieles contribuyeron a fortalecer una devoción que llegaría a convertirse en parte esencial de la identidad religiosa puertorriqueña. Durante su exposición, explicó que la historia de esta advocación mariana no puede comprenderse únicamente desde su reconocimiento como patrona, sino también desde los espacios sagrados, las imágenes y las prácticas religiosas que permitieron transmitir su significado de generación en generación. La reconstrucción de la Catedral y el origen del Santuario El Dr. Balvanera situó los orígenes del santuario en el proceso de reconstrucción de la Catedral de San Juan Bautista durante el siglo XIX, particularmente bajo el impulso del obispo Gil Esteve y Tomás, quien llegó a Puerto Rico en 1849. La Catedral, cuya construcción y transformación se extendieron durante varios siglos, había experimentado daños y modificaciones como consecuencia de fenómenos naturales y dificultades económicas. El proyecto de restauración permitió reorganizar y embellecer el templo, integrando elementos arquitectónicos y artísticos que reforzaron su importancia como sede episcopal. Según explicó, la reapertura solemne de la Catedral en 1852 fue interpretada por sus contemporáneos como una manifestación de la providencia divina. En ese contexto surgió la iniciativa de establecer un espacio dedicado a Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia, como expresión de gratitud por la culminación de las obras. El investigador destacó que la creación del santuario no fue una iniciativa aislada, sino parte de un mismo proyecto que buscaba restaurar tanto la estructura material de la Catedral como fortalecer la vida espiritual de la Iglesia en Puerto Rico. Un espacio donde el arte y la liturgia se encuentran Uno de los aspectos más destacados de la conferencia fue el análisis arquitectónico de la capilla dedicada a la Virgen, establecida en un espacio anteriormente vinculado a la advocación de Nuestra Señora de los Dolores. Balvanera explicó que su ubicación dentro de la Catedral responde a una organización que establece una relación entre los espacios dedicados a la Eucaristía y a la devoción mariana. Esta disposición permitió integrar el santuario al conjunto arquitectónico sin restar centralidad a las celebraciones litúrgicas. Asimismo, destacó el valor del programa iconográfico de la capilla, cuyas representaciones relacionan acontecimientos y personajes del Antiguo y Nuevo Testamento con la figura de María y su participación en la historia de la salvación. El investigador también abordó la evolución de las imágenes veneradas en el santuario, comenzando con el conjunto escultórico de la Virgen y el Niño encargado en Barcelona en 1853. Con el paso de los años, el espacio experimentó transformaciones y enriquecimientos artísticos, entre ellos la construcción del camarín en 1881 y la incorporación de elementos decorativos que resaltaron la dignidad de la imagen mariana. Una devoción construida por el pueblo Más allá de los elementos arquitectónicos, el Dr. Balvanera destacó el papel fundamental de los fieles en el desarrollo y sostenimiento del santuario. Desde sus comienzos, la comunidad participó en la adquisición de imágenes, el financiamiento de obras y la organización de celebraciones religiosas. Las novenas, las misas cantadas y otras prácticas de piedad contribuyeron a establecer una tradición devocional que trascendió generaciones. En este sentido, explicó que el reconocimiento de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia como Patrona de Puerto Rico no puede entenderse únicamente como resultado de una disposición eclesiástica, sino como la culminación de un proceso espiritual y cultural desarrollado durante décadas. La permanencia de las celebraciones y el compromiso de sacerdotes, benefactores y comunidades permitieron conservar esta tradición incluso durante los períodos de transformación del santuario. La coronación de 1953 y la identidad puertorriqueña La última parte de la ponencia estuvo dedicada a las intervenciones realizadas entre 1951 y 1953, relacionadas con la coronación de la imagen de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia. El investigador explicó que estos trabajos incluyeron la restauración de elementos del santuario y de la imagen, así como la incorporación de símbolos que reafirmaron el vínculo entre la advocación mariana y el pueblo puertorriqueño. Entre ellos destacó la colocación del escudo de Puerto Rico y una inscripción conmemorativa que identificaba a la Virgen como protectora del país. Para Balvanera, la coronación de 1953 representó el reconocimiento solemne de una realidad espiritual construida durante un siglo mediante la participación de generaciones de fieles. También llamó la atención sobre la presencia de la cripta episcopal bajo el santuario, un elemento que permite relacionar la historia de la devoción mariana con la sucesión de los pastores que han acompañado a la Iglesia en Puerto Rico. Patrimonio, memoria y fe Al concluir su intervención, el Dr. Balvanera subrayó que los patronazgos religiosos requieren mucho más que reconocimientos oficiales: necesitan lugares, imágenes y prácticas capaces de conservar y transmitir la memoria espiritual de una comunidad. Desde esta perspectiva, el Santuario de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia constituye un testimonio vivo de la relación entre la fe católica y la identidad puertorriqueña. Su historia demuestra cómo la arquitectura, el arte y la liturgia pueden convertirse en expresiones concretas de la experiencia religiosa de un pueblo. La ponencia ofreció así una mirada al patrimonio mariano de Puerto Rico, invitando a reconocer en el santuario catedralicio no solamente un espacio de veneración, sino también un lugar donde convergen la historia, la memoria colectiva y la fe de generaciones de puertorriqueños.

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