Mensaje durante la presentación del nuevo obispo de Ponce
Queridos hermanos y hermanas: Con profundo gozo y gratitud al Señor, y al Santo Padre León XIV, nuestra Iglesia particular de Ponce recibe hoy a su nuevo pastor, Mons. Geraldo Ramírez Torres, a quien Dios ha llamado para servir como Obispo de esta diócesis centenaria.
Las palabras que Jesús pronunció sobre Natanael —el apóstol Bartolomé— en el Evangelio según San Juan me inspiran para describir el corazón de nuestro nuevo obispo: “Ahí tienen a un hombre de verdad». Quienes lo conocen saben que es un presbítero de corazón noble, transparente en sus intenciones, sencillo en su trato y profundamente enamorado de Jesucristo, de la Santísima Virgen María y de su Iglesia.
Mons. Geraldo se distingue por su alegría serena y contagiosa. Su cercanía humana, su capacidad de escuchar y su buen humor han sido siempre signo de esperanza para quienes han compartido con él el camino de la fe. Es un pastor que sabe caminar con el pueblo, compartir sus alegrías y acompañar sus sufrimientos.
De manera particular, su ministerio ha estado marcado por un profundo amor a los más vulnerables, especialmente a las personas privadas de libertad. Durante años ha llevado la presencia misericordiosa de Cristo a los centros penitenciarios, acompañando a hombres y mujeres que buscan una nueva oportunidad para reconstruir sus vidas. Alí ha sabido reconocer el rostro sufriente de Jesús y anunciar que nadie está excluido de la misericordia de Dios. Su cercanía a la vida consagrada, atención por muchos años en el Colegio Sagrado Corazón de Jesús y a los presos revela un corazón de pastor que sale al encuentro de quienes muchas veces son olvidados por la sociedad, haciendo vida las palabras del Señor: «Estuve preso y me visitaron» (Mt 25, 36).
Además, es hijo de esta diócesis. Aquí nació su vocación, aquí aprendió a amar a la Iglesia y aquí ha ejercido sus 35 años su ministerio sacerdotal. Conoce la historia, las luchas, las esperanzas y los sueños de nuestro pueblo. Por eso llega no como un extraño, sino como un hijo de esta familia diocesana que asume una nueva misión.
Es también, hermano de los presbíteros de Ponce. Ha compartido con ellos la fraternidad sacerdotal, el trabajo pastoral y el servicio generoso al Pueblo de Dios. Hoy, estoy convencido de ello, seguirá siendo como obispo un hermano entre hermanos, alentándolos a vivir con fidelidad, alegría y entrega su vocación sacerdotal.
La Providencia divina lo entrega ahora como padre y pastor de esta Iglesia diocesana. En
él reconocemos al sucesor de los apóstoles llamado a confirmar nuestra fe, custodiar la comunión eclesial y guiarnos por los caminos del Evangelio. Con los ojos fijos en Jesucristo, llega para presidir en la caridad, anunciar la esperanza y conducir a esta diócesis centenaria hacia una nueva etapa de evangelización, comunión y misión.
En esta hora de gracia, encomendamos su ministerio episcopal a la protección de San Juan Bautista, patrono de Puerto Rico. Aquel que preparó los caminos del Señor y señaló a Cristo como el Cordero de Dios sea para nuestro nuevo obispo modelo de humildad, fidelidad y valentía profética. Que, siguiendo el ejemplo del Precursor, Mons. Geraldo Ramírez Torres conduzca siempre a nuestro pueblo hacia Jesucristo, Camino, Verdad y Vida, para que Él crezca en el corazón de los fieles y nosotros, como Iglesia sinodal, vivamos cada día más plenamente nuestra vocación de ser discípulos misioneros y testigos del Evangelio.
Querido Mons. Geraldo Ramírez Torres: la Iglesia de Ponce lo recibe con afecto filial y con la confianza de que el Señor, que comenzó en usted esta buena obra, la llevará a plenitud. Cuente siempre con nuestra oración, nuestro cariño y nuestra colaboración.
Junto a San Juan Bautista, invocamos también en este año jubilar la protección maternal de Nuestra Señora de la Providencia, patrona principal de nuestra nación puertorriqueña, madre amorosa de nuestro pueblo, a quien en esta diócesis veneramos con especial cariño bajo la advocación de Nuestra Señora de Guadalupe. Que ella acompañe a este hijo de la Iglesia ponceña en su nueva misión de padre y pastor, y que, bajo su amparo, nuestra diócesis continúe escribiendo una nueva página de su historia centenaria, fortalecida en la fe, renovada en la esperanza y comprometida con la misión.
Que el Espíritu Santo encienda su corazón y fortalezca su ministerio para que, como buen pastor, conduzca a esta Iglesia por senderos de fe, esperanza y caridad. ¡Bienvenido a su casa, hijo de esta diócesis, hermano de sus sacerdotes, amigo de los pobres y de los presos, padre y pastor de la Iglesia de Ponce!
Padre Obispo Rubén A. González Medina, cmf
Obispo emérito de la Diócesis de Ponce



