Padre Acabá, para ti llegó el atardecer

(Homilía de la misa exequial de P. José Acaba el sábado, 30 septiembre en la Catedral Nuestra Señora de la Candelaria en Mayagüez)

Se dice desde ahora que los muertos, se han muerto en el Señor. Sí dice el espíritu, que descansen de sus fatigas pues sus obras nos acompañan, Apocalipsis 14, 13. Nos congregamos como fieles discípulos de Jesucristo muerto y resucitado. Confesamos vivamente que la muerte no es el final, sino el comienzo de la vida en plenitud. Como nos dice el libro de Sabiduría “las almas de los justos están en las manos de Dios y no los alcanzará ningún tormento”. Con el salmista entonamos un himno de alegría porque nuestra meta es la casa del Señor. Las pruebas del camino de la vida nos fortalecen, quien vive creyendo manifiesta con su existencia que nada ni nadie podrá faltarnos del amor de Cristo.

Llegó hermano para ti el atardecer, solo te adelantaste en el camino, peregrinamos juntos poco más de 40 años. Nos encontramos en el Seminario Regina Cleri, en el germinar de nuestra vocación sacerdotal. Desde entonces, como tantas veces cantamos en nuestro seminario en España, “nos hicimos mucho más que compañeros, que se fugan de las clases de latín”. Fuiste ordenado para siempre el 5 de agosto de 1982, hace apenas un mes y medio, nos convocaste para celebrar 35 años de ministerio. Muchos sentimos que fue el modo en que quisiste despedirte de cuantos habíamos sido parte de tu historia humana y sacerdotal.

Humanamente duele y desconcierta tu partida, sabemos que tenías ilusiones, sueños, expectativas, sobre todo cuanto en tu ya viaje final, esperado y sorprendente arribaste en agosto pasado a la parroquia Santa Rosa de Lima en Rincón. En tu juicio personal ante el Dios soberano, Padre Misericordioso, cuanto proclamaste en el Año de la Misericordia, el estribillo “misericordiosos como el Padre”. Seguro han resplandecido las obras de los justos. Tu ministerio sacerdotal fue proclamación afectiva y efectiva de su misericordia. En cada comunidad parroquial fuiste inventivo y embelequero, procurando que el mensaje evangélico fuese atrayente y cautivador. Aunque no pocos te tildaron de protagonismo, tu intención fue siempre que el Evangelio cautivase el corazón. No tuviste por ello dificultad alguna en insertarte en la reciente empresa de la nueva evangelización con nuevos métodos, ardor y entusiasmo. Conectaste con los esfuerzos que en América Latina se suscitaban para llevar el anuncio a los alejados, excluidos y señalados por ir contracorriente. Fuiste pionero en la Diócesis, plantando un nuevo camino de preparación en el matrimonio, estando de párroco en San Antonio de Abad de Añasco, iniciaste este novedoso camino que ya el entonces Padre Iñaki Mallona, luego Obispo de Arecibo, había iniciado siendo párroco de San José de Lares. En este empeño estuviste mano a mano con Jorge Iván Vélez Arocho y su esposa Angie. Admiraste al Beato Oscar Romero y sé cuánto disfrutaste de haber sido testigo de su beatificación en San Salvador. Entendiste bien que solo podemos ser testigos de Jesucristo, insertándonos en la cultura, conociéndola, amándola y construyéndola desde la fuerza purificadora del Evangelio. Y toda cultura reclama acciones proféticas decididas y valientes. Nunca podemos ser verdaderos sacerdotes si somos perros mudos como advierte la escritura. Estuviste entre los que anticipaban los tiempos, la Asamblea de Aparecida y la Evangelii Gaudium, nos animan a una conversión pastoral, no dejar las estructuras caducas e ineficaces. Fue parte de tu empeño, aunque ello acarreara incomprensiones, críticas y tensiones.

Pasaste como pregonero ilusionado, vanguardista y alegre, el humor fue parte de tu existir. Contigo la vida fue fiesta, en tu familia, en las comunidades que registe, en los años de tu ministerio, siempre fuiste organizador y alma de las fiestas. Cuánto gozamos las compras de aquellos años iniciales del ministerio, claro no faltaba la picardía, sí la ironía como nos decía el recordado Monseñor Francis López, conservaste el humor hasta el final. En una de mis visitas en las pasadas semanas, a la que fue tu casa en esta última etapa, en el rosario ya postrado ante tu debilidad, te saludé diciéndote: “¿Hermano cómo andas? Tu inmediata respuesta que provocó risotada, fue: “Andar, andar no ando, por lo demás bien”. Hoy te entregamos al Dios misericordioso y fiel, tenemos la certera esperanza de que, en tu juicio particular, ya el Señor te dijo: “Ven al banquete de la vida, ven bendito porque amaste. Gracias a Nuestro Salvador por el don tu vida y sacerdocio. Extrañaré tu saludo de hermano, tu abrazo y fuerte apretón de mano. Cada vez que oré con el Salmo 44 en la víspera del lunes de la segunda semana del salterio sonreiré al recordar tu frase preferida en aquel inolvidable retiro, “eres el más bello de los hombres, en tus labios se derrama la gracia”. Cuando desentone al cantar reiré y remontare aquella llamada de atención equivocada: “Acabá para ser músico cómo desentonas”. Gracias hermano por ofrendar tu vida por amor, gracias porque nos diste cátedra al sufrir con gallardía, no te rendiste, luchaste hasta el final, creíste, confiaste sin dejar de abandonarte a quien te creó para él. La eucaristía que tantas veces presidiste y ofreciste por tu pueblo es prenda de vida eterna. Ahora ya vives en la presencia de la Trinidad Santa. Nosotros ahora en el altar, también proclamamos que no hay muerte para el que cree, por ellos creemos que hoy las puertas de la nueva ciudad se abren para ti, hasta el cielo hermano.

(P. Edgardo Acosta)

Mas leídos

Claretianos en Puerto Rico clausuran su Año Jubilar

90 años de un carisma que enciende y una...

León XIV pasa una noche tranquila tras su operación pulmonar

La Santa Sede informó que ofrecerá nuevos detalles sobre...

Clero de la Diócesis de Ponce inicia jornada de formación con la mirada puesta en Emaús

El encuentro busca promover la oración, la formación y...

Dr. Héctor Balvanera destaca el valor histórico y espiritual del Santuario de la Madre de la Divina Providencia

Durante el Simposio sobre el Año Jubilar Mariano y la devoción mariana en la identidad puertorriqueña, el investigador presentó un recorrido por cien años de historia, arquitectura y expresiones de fe que contribuyeron a consolidar la devoción a la Patrona de Puerto Rico. La historia del Santuario de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia, ubicado en la Catedral de San Juan Bautista, fue el tema central de la ponencia ofrecida por el Dr. Héctor Balvanera durante el Simposio sobre el Año Jubilar Mariano y la devoción mariana en la identidad puertorriqueña, celebrado este martes, 13 de octubre. Bajo una perspectiva histórica, arquitectónica y patrimonial, el investigador presentó un análisis del desarrollo del santuario entre 1853 y 1953, destacando cómo la arquitectura, el arte, la liturgia y la participación de los fieles contribuyeron a fortalecer una devoción que llegaría a convertirse en parte esencial de la identidad religiosa puertorriqueña. Durante su exposición, explicó que la historia de esta advocación mariana no puede comprenderse únicamente desde su reconocimiento como patrona, sino también desde los espacios sagrados, las imágenes y las prácticas religiosas que permitieron transmitir su significado de generación en generación. La reconstrucción de la Catedral y el origen del Santuario El Dr. Balvanera situó los orígenes del santuario en el proceso de reconstrucción de la Catedral de San Juan Bautista durante el siglo XIX, particularmente bajo el impulso del obispo Gil Esteve y Tomás, quien llegó a Puerto Rico en 1849. La Catedral, cuya construcción y transformación se extendieron durante varios siglos, había experimentado daños y modificaciones como consecuencia de fenómenos naturales y dificultades económicas. El proyecto de restauración permitió reorganizar y embellecer el templo, integrando elementos arquitectónicos y artísticos que reforzaron su importancia como sede episcopal. Según explicó, la reapertura solemne de la Catedral en 1852 fue interpretada por sus contemporáneos como una manifestación de la providencia divina. En ese contexto surgió la iniciativa de establecer un espacio dedicado a Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia, como expresión de gratitud por la culminación de las obras. El investigador destacó que la creación del santuario no fue una iniciativa aislada, sino parte de un mismo proyecto que buscaba restaurar tanto la estructura material de la Catedral como fortalecer la vida espiritual de la Iglesia en Puerto Rico. Un espacio donde el arte y la liturgia se encuentran Uno de los aspectos más destacados de la conferencia fue el análisis arquitectónico de la capilla dedicada a la Virgen, establecida en un espacio anteriormente vinculado a la advocación de Nuestra Señora de los Dolores. Balvanera explicó que su ubicación dentro de la Catedral responde a una organización que establece una relación entre los espacios dedicados a la Eucaristía y a la devoción mariana. Esta disposición permitió integrar el santuario al conjunto arquitectónico sin restar centralidad a las celebraciones litúrgicas. Asimismo, destacó el valor del programa iconográfico de la capilla, cuyas representaciones relacionan acontecimientos y personajes del Antiguo y Nuevo Testamento con la figura de María y su participación en la historia de la salvación. El investigador también abordó la evolución de las imágenes veneradas en el santuario, comenzando con el conjunto escultórico de la Virgen y el Niño encargado en Barcelona en 1853. Con el paso de los años, el espacio experimentó transformaciones y enriquecimientos artísticos, entre ellos la construcción del camarín en 1881 y la incorporación de elementos decorativos que resaltaron la dignidad de la imagen mariana. Una devoción construida por el pueblo Más allá de los elementos arquitectónicos, el Dr. Balvanera destacó el papel fundamental de los fieles en el desarrollo y sostenimiento del santuario. Desde sus comienzos, la comunidad participó en la adquisición de imágenes, el financiamiento de obras y la organización de celebraciones religiosas. Las novenas, las misas cantadas y otras prácticas de piedad contribuyeron a establecer una tradición devocional que trascendió generaciones. En este sentido, explicó que el reconocimiento de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia como Patrona de Puerto Rico no puede entenderse únicamente como resultado de una disposición eclesiástica, sino como la culminación de un proceso espiritual y cultural desarrollado durante décadas. La permanencia de las celebraciones y el compromiso de sacerdotes, benefactores y comunidades permitieron conservar esta tradición incluso durante los períodos de transformación del santuario. La coronación de 1953 y la identidad puertorriqueña La última parte de la ponencia estuvo dedicada a las intervenciones realizadas entre 1951 y 1953, relacionadas con la coronación de la imagen de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia. El investigador explicó que estos trabajos incluyeron la restauración de elementos del santuario y de la imagen, así como la incorporación de símbolos que reafirmaron el vínculo entre la advocación mariana y el pueblo puertorriqueño. Entre ellos destacó la colocación del escudo de Puerto Rico y una inscripción conmemorativa que identificaba a la Virgen como protectora del país. Para Balvanera, la coronación de 1953 representó el reconocimiento solemne de una realidad espiritual construida durante un siglo mediante la participación de generaciones de fieles. También llamó la atención sobre la presencia de la cripta episcopal bajo el santuario, un elemento que permite relacionar la historia de la devoción mariana con la sucesión de los pastores que han acompañado a la Iglesia en Puerto Rico. Patrimonio, memoria y fe Al concluir su intervención, el Dr. Balvanera subrayó que los patronazgos religiosos requieren mucho más que reconocimientos oficiales: necesitan lugares, imágenes y prácticas capaces de conservar y transmitir la memoria espiritual de una comunidad. Desde esta perspectiva, el Santuario de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia constituye un testimonio vivo de la relación entre la fe católica y la identidad puertorriqueña. Su historia demuestra cómo la arquitectura, el arte y la liturgia pueden convertirse en expresiones concretas de la experiencia religiosa de un pueblo. La ponencia ofreció así una mirada al patrimonio mariano de Puerto Rico, invitando a reconocer en el santuario catedralicio no solamente un espacio de veneración, sino también un lugar donde convergen la historia, la memoria colectiva y la fe de generaciones de puertorriqueños.

Topics

Claretianos en Puerto Rico clausuran su Año Jubilar

90 años de un carisma que enciende y una...

León XIV pasa una noche tranquila tras su operación pulmonar

La Santa Sede informó que ofrecerá nuevos detalles sobre...

Dr. Héctor Balvanera destaca el valor histórico y espiritual del Santuario de la Madre de la Divina Providencia

Durante el Simposio sobre el Año Jubilar Mariano y la devoción mariana en la identidad puertorriqueña, el investigador presentó un recorrido por cien años de historia, arquitectura y expresiones de fe que contribuyeron a consolidar la devoción a la Patrona de Puerto Rico. La historia del Santuario de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia, ubicado en la Catedral de San Juan Bautista, fue el tema central de la ponencia ofrecida por el Dr. Héctor Balvanera durante el Simposio sobre el Año Jubilar Mariano y la devoción mariana en la identidad puertorriqueña, celebrado este martes, 13 de octubre. Bajo una perspectiva histórica, arquitectónica y patrimonial, el investigador presentó un análisis del desarrollo del santuario entre 1853 y 1953, destacando cómo la arquitectura, el arte, la liturgia y la participación de los fieles contribuyeron a fortalecer una devoción que llegaría a convertirse en parte esencial de la identidad religiosa puertorriqueña. Durante su exposición, explicó que la historia de esta advocación mariana no puede comprenderse únicamente desde su reconocimiento como patrona, sino también desde los espacios sagrados, las imágenes y las prácticas religiosas que permitieron transmitir su significado de generación en generación. La reconstrucción de la Catedral y el origen del Santuario El Dr. Balvanera situó los orígenes del santuario en el proceso de reconstrucción de la Catedral de San Juan Bautista durante el siglo XIX, particularmente bajo el impulso del obispo Gil Esteve y Tomás, quien llegó a Puerto Rico en 1849. La Catedral, cuya construcción y transformación se extendieron durante varios siglos, había experimentado daños y modificaciones como consecuencia de fenómenos naturales y dificultades económicas. El proyecto de restauración permitió reorganizar y embellecer el templo, integrando elementos arquitectónicos y artísticos que reforzaron su importancia como sede episcopal. Según explicó, la reapertura solemne de la Catedral en 1852 fue interpretada por sus contemporáneos como una manifestación de la providencia divina. En ese contexto surgió la iniciativa de establecer un espacio dedicado a Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia, como expresión de gratitud por la culminación de las obras. El investigador destacó que la creación del santuario no fue una iniciativa aislada, sino parte de un mismo proyecto que buscaba restaurar tanto la estructura material de la Catedral como fortalecer la vida espiritual de la Iglesia en Puerto Rico. Un espacio donde el arte y la liturgia se encuentran Uno de los aspectos más destacados de la conferencia fue el análisis arquitectónico de la capilla dedicada a la Virgen, establecida en un espacio anteriormente vinculado a la advocación de Nuestra Señora de los Dolores. Balvanera explicó que su ubicación dentro de la Catedral responde a una organización que establece una relación entre los espacios dedicados a la Eucaristía y a la devoción mariana. Esta disposición permitió integrar el santuario al conjunto arquitectónico sin restar centralidad a las celebraciones litúrgicas. Asimismo, destacó el valor del programa iconográfico de la capilla, cuyas representaciones relacionan acontecimientos y personajes del Antiguo y Nuevo Testamento con la figura de María y su participación en la historia de la salvación. El investigador también abordó la evolución de las imágenes veneradas en el santuario, comenzando con el conjunto escultórico de la Virgen y el Niño encargado en Barcelona en 1853. Con el paso de los años, el espacio experimentó transformaciones y enriquecimientos artísticos, entre ellos la construcción del camarín en 1881 y la incorporación de elementos decorativos que resaltaron la dignidad de la imagen mariana. Una devoción construida por el pueblo Más allá de los elementos arquitectónicos, el Dr. Balvanera destacó el papel fundamental de los fieles en el desarrollo y sostenimiento del santuario. Desde sus comienzos, la comunidad participó en la adquisición de imágenes, el financiamiento de obras y la organización de celebraciones religiosas. Las novenas, las misas cantadas y otras prácticas de piedad contribuyeron a establecer una tradición devocional que trascendió generaciones. En este sentido, explicó que el reconocimiento de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia como Patrona de Puerto Rico no puede entenderse únicamente como resultado de una disposición eclesiástica, sino como la culminación de un proceso espiritual y cultural desarrollado durante décadas. La permanencia de las celebraciones y el compromiso de sacerdotes, benefactores y comunidades permitieron conservar esta tradición incluso durante los períodos de transformación del santuario. La coronación de 1953 y la identidad puertorriqueña La última parte de la ponencia estuvo dedicada a las intervenciones realizadas entre 1951 y 1953, relacionadas con la coronación de la imagen de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia. El investigador explicó que estos trabajos incluyeron la restauración de elementos del santuario y de la imagen, así como la incorporación de símbolos que reafirmaron el vínculo entre la advocación mariana y el pueblo puertorriqueño. Entre ellos destacó la colocación del escudo de Puerto Rico y una inscripción conmemorativa que identificaba a la Virgen como protectora del país. Para Balvanera, la coronación de 1953 representó el reconocimiento solemne de una realidad espiritual construida durante un siglo mediante la participación de generaciones de fieles. También llamó la atención sobre la presencia de la cripta episcopal bajo el santuario, un elemento que permite relacionar la historia de la devoción mariana con la sucesión de los pastores que han acompañado a la Iglesia en Puerto Rico. Patrimonio, memoria y fe Al concluir su intervención, el Dr. Balvanera subrayó que los patronazgos religiosos requieren mucho más que reconocimientos oficiales: necesitan lugares, imágenes y prácticas capaces de conservar y transmitir la memoria espiritual de una comunidad. Desde esta perspectiva, el Santuario de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia constituye un testimonio vivo de la relación entre la fe católica y la identidad puertorriqueña. Su historia demuestra cómo la arquitectura, el arte y la liturgia pueden convertirse en expresiones concretas de la experiencia religiosa de un pueblo. La ponencia ofreció así una mirada al patrimonio mariano de Puerto Rico, invitando a reconocer en el santuario catedralicio no solamente un espacio de veneración, sino también un lugar donde convergen la historia, la memoria colectiva y la fe de generaciones de puertorriqueños.

Mons. Francisco Medina profundiza en las raíces bíblicas de la devoción a la Virgen María

Durante el Simposio sobre el Año Jubilar Mariano y la devoción mariana en la identidad puertorriqueña, el sacerdote destacó cómo las Sagradas Escrituras presentan a María como la nueva Eva, la Reina Madre y la nueva Arca de la Alianza. La figura de la Santísima Virgen María y su presencia en la historia de la salvación fueron el eje central de la ponencia ofrecida por monseñor Francisco Medina durante el Simposio sobre el Año Jubilar Mariano y la devoción mariana en la identidad puertorriqueña, celebrado este martes, 13 de octubre. Bajo el tema «Tipología mariana en el Antiguo Testamento», Mons. Medina presentó un recorrido bíblico y teológico que permitió comprender cómo diversos personajes, acontecimientos y símbolos del Antiguo Testamento anticipan la misión de María en el misterio de Cristo. Al comenzar su exposición, explicó que la tipología bíblica es un método de interpretación de las Sagradas Escrituras que establece una relación entre personas, acontecimientos e instituciones del Antiguo Testamento y su cumplimiento definitivo en el Nuevo Testamento. En este sentido, recordó que toda la Escritura tiene como protagonista a Jesucristo y que la tipología permite descubrir la unidad de la historia de la salvación, desde el Génesis hasta el Apocalipsis. María, la nueva Eva El primer aspecto desarrollado fue la relación entre Eva, madre de todos los vivientes, y la Virgen María, reconocida en la tradición cristiana como la nueva Eva. Mons. Medina explicó que, así como san Pablo presenta a Jesucristo como el nuevo Adán, los primeros cristianos encontraron en María una figura vinculada a la nueva creación inaugurada por Cristo. Para ilustrarlo, profundizó en el relato de las bodas de Caná, narrado en el Evangelio de san Juan, donde Jesús se dirige a su madre utilizando la expresión «mujer», la misma que vuelve a emplear desde la cruz. Según explicó, esta expresión establece una conexión con el relato del Génesis y permite comprender la maternidad espiritual de María, que se extiende a todos los discípulos de Cristo. Mientras Eva estuvo vinculada a la caída del primer Adán, María aparece asociada a la manifestación de la gloria de Jesús, cuando invita a los servidores a cumplir su voluntad. María como Reina Madre En un segundo momento, el sacerdote abordó la figura de la Reina Madre en la monarquía de Israel, conocida como Gebirá, quien ocupaba un lugar de honor junto al rey y ejercía una función de consejo e intercesión. A partir del relato bíblico de Betsabé y el rey Salomón, explicó cómo la madre del monarca era recibida con respeto y colocada a su derecha, sin que ello disminuyera la autoridad del rey. Esta imagen, señaló, ayuda a comprender la misión intercesora de María ante Jesucristo, heredero del trono de David. En particular, destacó nuevamente las bodas de Caná, donde la Virgen presenta a su Hijo una necesidad concreta: la falta de vino durante la celebración. La intervención de María no sustituye la autoridad de Jesús, sino que conduce a los demás hacia Él mediante una exhortación que resume su misión maternal: «Hagan lo que Él les diga». La nueva Arca de la Alianza La tercera parte de la ponencia estuvo dedicada a María como la nueva Arca de la Alianza, una de las imágenes bíblicas más significativas de la tradición mariana. Mons. Medina recordó que el Arca del Antiguo Testamento contenía las tablas de la Ley, el maná y la vara de Aarón, elementos que representaban la alianza de Dios con su pueblo, el alimento recibido en el desierto y la autoridad sacerdotal. En contraste, María llevó en su seno a Jesucristo, plenitud de la nueva alianza, verdadero pan de vida y sumo sacerdote. Para fundamentar esta interpretación, estableció paralelismos entre el traslado del Arca narrado en el segundo libro de Samuel y la visita de María a su prima Isabel, presentada en el Evangelio de san Lucas. Entre las semejanzas destacó la alegría ante la presencia divina, la permanencia de tres meses y las expresiones de asombro de David e Isabel ante la llegada de quien porta la presencia de Dios. Asimismo, hizo referencia al Catecismo de la Iglesia Católica y a la reflexión de los Padres de la Iglesia, particularmente san Ambrosio, para mostrar cómo esta interpretación forma parte de la tradición cristiana. Una devoción profundamente puertorriqueña Hacia el cierre de su intervención, Mons. Medina vinculó estas enseñanzas bíblicas con la profunda devoción mariana que caracteriza al pueblo puertorriqueño. Recordó el testimonio histórico de fray Íñigo Abbad y Lasierra sobre la práctica del Santo Rosario entre las familias de Puerto Rico, destacando que esta tradición religiosa ha acompañado la vida espiritual del país durante generaciones. También evocó la visita de san Juan Pablo II a Puerto Rico y su llamado a cultivar la oración del Rosario como expresión de fe y cercanía con la Santísima Virgen. En el contexto del mes de octubre, dedicado especialmente al Santo Rosario, el sacerdote invitó a profundizar en el conocimiento de María desde las Sagradas Escrituras y a fortalecer una devoción que conduzca siempre al encuentro con Jesucristo. La ponencia permitió reconocer que la devoción mariana no constituye únicamente una expresión cultural heredada, sino que encuentra sus fundamentos en la revelación bíblica y en la tradición viva de la Iglesia. De esta manera, el Simposio continúa ofreciendo un espacio de reflexión sobre la presencia de la Virgen María en la fe, la historia y la identidad religiosa del pueblo puertorriqueño.

Papa León XIV es operado con éxito en el Hospital Gemelli de Roma

Ciudad del Vaticano, 13 de octubre de 2026. — La Oficina de Prensa de la Santa Sede confirmó este martes que la intervención quirúrgica a la que fue sometido el papa León XIV en el Hospital Policlínico Gemelli de Roma concluyó exitosamente y conforme a lo previsto por el equipo médico. Mediante un breve comunicado, el Vaticano informó que la operación se desarrolló dentro de los plazos establecidos y que el Santo Padre ya regresó a su habitación, donde permanecerá bajo observación médica durante su recuperación.  La intervención tuvo como propósito extirpar un nódulo pulmonar que había sido detectado en una etapa temprana. El propio Pontífice anunció el pasado domingo, durante el rezo del Ángelus, que se sometería al procedimiento siguiendo las recomendaciones de sus médicos. La operación estuvo a cargo de un equipo médico dirigido por el cirujano torácico Stefano Margaritora, especialista en este tipo de intervenciones.  La Santa Sede adelantó que ofrecerá información adicional sobre la evolución del Santo Padre en las próximas horas. Hasta el momento, no se han comunicado mayores detalles sobre su condición posoperatoria ni sobre posibles ajustes a su agenda pastoral. La noticia llega en medio de las numerosas expresiones de cercanía y oración de fieles de distintas partes del mundo, quienes han acompañado espiritualmente al sucesor de Pedro durante este proceso. Desde Puerto Rico, la Iglesia continúa unida en oración por la pronta y completa recuperación del papa León XIV, pidiendo al Señor que lo fortalezca y le conceda salud para continuar su misión al servicio de la Iglesia universal.

Artículos Recientes

Categorías Populares