Con alegría, fuerza y ánimo misionero, P. José Orlando Camacho Torres, CSSp., celebró su 25 Aniversario sacerdotal el 28 de noviembre en el Santuario Diocesano de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa en Palmarito, Corozal.

“Felicitamos a Padre Orlando, un hijo de nuestra comunidad -de Palmarito-, y le deseamos mucha salud para que continúe su misión de llevar la Palabra de Dios e inspirado en ella siga dando lo mejor de él como persona y sacerdote”, dijo la monitora Evelyn Rivera.

El sacerdote espiritano aprovechó para hacer un recuento del ejercicio de su ministerio en las pasadas dos décadas y media. Relató que en su hogar quien estaba inclinado a la vocación sacerdotal era su hermano. De jovencitos jugaban a celebrar la misa juntos. Su vocación inició en su familia. “Mi mamá fue una mujer de misa diaria, una mujer eucarística; mi papá un cursillista”, sostuvo.

Destacó que la comunidad de Palmarito es una “comunidad vocacional”. Ya en la pastoral juvenil sintió un fuerte llamado vocacional y quiso dedicarse solamente a los jóvenes, pero los caminos de Dios no eran los de José Orlando.

Estudiando en la Universidad de Puerto Rico de Río Piedras iba por la calle y un amigo encontró un papel en el piso que decía: “¿Quieres ser sacerdote misionero? Llama aquí” y su amigo le entregó aquel papel. Esa llamada cambió el rumbo de su vida, así conoció a los misioneros espiritanos.

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En  1984 decidió entrar al seminario, luego de escuchar al Papa Juan Pablo II durante su visita a P.R.: “Ustedes seminaristas de P.R., perseveren en su vocación. La iglesia de P.R. los necesita”. Trabajó en distintas parroquias, primero en Salinas por 3 años donde organizó un equipo de voleibol con jóvenes de residenciales. Luego trabajó en la selva, en la Amazonia en Brasil. Allí aprendió a ser misionero y sacerdote con muy poco. Además, agradeció la oportunidad que le dio su congregación al encomendarlo como superior.

En los últimos 12 años ha laborado en Obras Misionales Pontificias (OMP), “esto ha sido un verdadero privilegio, he podido compartir con muchas culturas, ha sido enriquecedor, tengo que dar muchas gracias a mi Iglesia en Puerto Rico”.

Cabe destacar, que el párroco del Santuario Diocesano, P. Ángel Manuel Santos, ofreció un breve mensaje y le entregó un presente de parte de la comunidad de Palmarito. Por su parte, un P. José Orlando claramente conmovido por los gestos de cariño se desbordó en gratitudes a su comunidad, su familia espiritana, los sacerdotes que lo acompañaron, sus amigos y seres queridos. Luego de la bendición, todos pasaron a un compartir fraterno.

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