Desde tempranas horas de la mañana cientos de fieles, provenientes de distintas partes de la Isla y del extranjero, se congregaron en la plaza de recreo frente a la iglesia San Isidro Labrador en el municipio de Sabana Grande con motivo de la celebración eucarística por la Solemnidad de la Santísima Trinidad presidida por Monseñor Álvaro Corrada del Río, Obispo de Mayagüez.

En su mensaje de apertura Mons. Corrada extendió un saludo cordial a la comunidad parroquial de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza de dicho municipio. Al igual que a los sacerdotes concelebrantes, Monseñor Rafael Méndez, párroco, a Padre Edwin Lugo y Padre Harry López, y a los diáconos. Asimismo, reconoció la presencia de los Devotos de la Virgen del Rosario del Pozo, quienes se encontraban en peregrinación.

“En la oración colecta de este domingo de la Solemnidad de la Santísima Trinidad que hablamos al principio de la Misa, dialogamos lo que pedimos hoy. Te pedimos Dios Padre, que en la profesión de la fe verdadera podamos conocer la gloria de la Eterna Trinidad y Adorar al único Dios Todopoderoso”, recordó el Obispo al iniciar la homilía.

Invitó a los presentes a centrarse en el Dios Trino y Uno para que proteja a Puerto Rico en tiempos de catástrofe, crisis económica, emigración masiva, pobreza extrema diciéndole: “Santo Dios, Santo fuerte, Santo inmortal, líbranos Señor de todo mal”.

“Las tres divinas personas crearon un todo de la nada. Lo crearon bueno, bello, verdadero y sobre todo aman al ser humano creado hombre y mujer, a su imagen y semejanza. Segundo, ya antes de la creación Dios ama al ser humano y a su creación. Comienza Dios a preparar la gloriosa primera venida de Dios hecho carne quien no nos abandona en nuestra caída al pecado original”, sostuvo.

Respecto a la Santísima Trinidad agregó que: “La Iglesia se siente impulsada, en efecto por el Espíritu Santo, a colaborar a que se lleve a cabo el plan de Dios que constituyó en Cristo. Por eso, somos una iglesia en salida y ahora por el Espíritu Santo a anunciar el kerigma, la buena nueva de la salvación”.

De otro lado, detalló los cinco desafíos que delineó la Conferencia Episcopal Puertorriqueña (CEP) según la situación que presenta el País en referencia a la Misión Continental, presentada en los documentos del CELAM (Conferencia Episcopal Latinoamericana). El primer desafío es el matrimonio y la familia que llama a caminar a la par con la Exhortación Apostólica postsinodal La alegría del amor escrita por el Papa Francisco. El segundo consiste en la juventud. El tercero, la educación; el cuarto, la salud; y el quinto, la pobreza y la economía.

“Yo pongo ante Dios uno y trino y ante ustedes mis hermanos y hermanas, a nuestro Puerto Rico, a nuestra Iglesia y pido por la intercesión de nuestra Madre María, orando parte de la oración de San Idelfonso de Toledo: ‘Te pido, oh Virgen Santa, obtener de Jesús por medio del mismo Espíritu por el que tú has engendrado a Jesús, reciba mi alma a Jesús por obra del Espíritu Santo, por el cual tu carne ha concebido al mismo Jesús que yo ame a Jesús en el mismo Espíritu, en el cual tú lo adoras como Señor y lo contemplas como tu hijo’”, concluyó.

La misa terminó con la bendición final a los presentes a quienes agradeció por decir presente en la Santa Misa.

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