De acuerdo con Ezequiel, Dios quiere que todos nos salvemos y, aunque seamos grandes pecadores, si nos arrepentimos nos salvamos, porque no hay pecado tan grande que Dios no pueda perdonar.
El cántico de la Carta a los Filipenses nos presenta el tema de la kenosis o katábasis: la humillación de Jesús al hacerse como nosotros para salvarnos, por amor. Hagamos lo mismo.
En otra de las Parábolas de la Viña del Evangelio de San Mateo, Jesucristo nos presenta quiénes son los que realmente cumplen con la voluntad de Dios.
Volvemos con el tema de la conversión, la imitación de Cristo y las parábolas de la Viña. En la Carta a los Romanos, San Pablo nos decía que, como somos del Señor, lo debemos de imitar. Ahora, en el hermoso cántico de la Carta a los Filipenses, San Pablo nos dice que Jesucristo se humilla al hacerse uno de nosotros. Por tanto, nosotros, imitadores de Jesucristo, tenemos que ser capaces de humillarnos, de abajarnos y humillarnos cuando sea necesario, para mostrarle a los demás cuál es el camino de Dios.
Y el camino de Dios es el camino del perdón, de la misericordia y la bondad. Ezequiel nos indica que, cuando un pecador se convierte y se salva, nos debemos de alegrar por ello y no enojarnos (un poco lo que dijo Jesús la semana pasada con la parábola del viñador y los trabajadores de todo el día y de una hora). Y es que, no hay pecado tan grande que Dios no pueda perdonar, y que Dios quiere que el pecador se convierta y se salve. Definitivamente, esta primera lectura bien podía haberse combinado con el Evangelio de la semana pasada.
La parábola de hoy es más clara que el agua e ilustra otra de las cantaletas de Jesucristo: “no todo el que dice Señor, Señor se salva, sino el que escucha la palabra de Dios y la cumple”. ¿Cuántas veces se nos tiene que decir que la vida cristiana no es un simple sentimentalismo sino cumplir con lo que el Señor nos pide que hagamos? Cuando Jesucristo nos sale al paso y nos interpela, nos reta a seguirlo, no es cuando se nos antoje sino al momento; esto es algo que ya he comentado anteriormente puesto que es otra constante en la predicación de Jesús (o sea, otra de sus cantaletas).
En este país nos cantamos de cristianos, pero, ¿cuántos de verdad hacemos la voluntad de Dios y hacemos las cosas como Dios quiere? Esta es una sociedad de excusas, de procrastinaciones, de dejar las cosas de Dios para cuando podamos, en vez de priorizarlas. ¿Cuántas veces, cuando un líder comunitario, religioso, etc., propone una idea, un proyecto, una solución y ya sea el gobierno, instituciones privadas o intereses creados los despachan diciendo que “hay que respetar la pluralidad, hay que ser inclusivos, hay separación de Iglesia y Estado”, y en realidad lo que hacen es presentar excusas para no hacer lo que se debe de hacer? Me acuerda aquello de que se “prohíben biblias en las escuelas por aquello de la separación Iglesia-Estado, para luego llevarlas a las cárceles por no haber enseñado valores cristianos en el proceso formativo de la persona. Aprendamos de la parábola de hoy.



