El arzobispo de Caracas invitó a los participantes del Encuentro Misionero Nacional en Caguas a fortalecer una Iglesia que camina unida y sale a anunciar el Evangelio.
La comunión y la participación en la Iglesia encuentran su sentido en el anuncio del Evangelio. Así lo subrayó Mons. Raúl Biord Castillo, arzobispo metropolitano de Caracas, Venezuela, durante su conferencia en el Encuentro Misionero Nacional celebrado en la diócesis de Caguas, donde exhortó a renovar el compromiso evangelizador de todos los bautizados.
«El verdadero fin de la sinodalidad es la misión», afirmó el prelado, al explicar que caminar juntos debe conducir a las comunidades cristianas a compartir la fe, acercarse a las personas y responder a las realidades de su entorno.
Al comenzar su intervención, expresó su cercanía con Puerto Rico y agradeció la solidaridad de la Iglesia puertorriqueña con el pueblo venezolano. También reconoció la continuidad de los encuentros misioneros en las diócesis y el compromiso de quienes han participado en experiencias de misión fuera del país.
Caminar juntos para evangelizar
Mons. Biord planteó una inquietud pastoral: el riesgo de dedicar tantos esfuerzos a revisar la organización interna de la Iglesia que se debilite la atención a quienes están fuera de sus estructuras.
Aunque valoró la revisión de los espacios de participación y la construcción conjunta de decisiones, insistió en que esos procesos deben estar orientados a la evangelización. Apoyándose en el documento final del Sínodo sobre la Sinodalidad, explicó que la renovación espiritual, la conversión de mentalidades y la reforma de las estructuras deben ayudar a cumplir la misión encomendada por Jesús.
En ese sentido, presentó la sinodalidad como una espiritualidad de comunión que impulsa a los cristianos a salir juntos al encuentro de los demás. La fraternidad eclesial, señaló, no puede limitarse a formar un grupo que se siente cómodo consigo mismo.
«La misión no quiere llaneros solitarios», expresó, al destacar la importancia de los equipos, las comunidades y la corresponsabilidad. Incluso ante las diferencias y las dificultades de la convivencia, los creyentes están llamados a reconocerse como hermanos y a compartir una misma misión.
El bautismo compromete a todos

Uno de los puntos centrales de la conferencia fue el fundamento bautismal de la vocación misionera. «Todos somos misioneros porque estamos bautizados», sostuvo Mons. Biord.
Desde esa perspectiva, explicó que la responsabilidad de anunciar y testimoniar el Evangelio corresponde a todo el pueblo de Dios. Destacó especialmente el aporte de los laicos en la familia, el trabajo y la sociedad, donde su presencia resulta indispensable.
El arzobispo advirtió que el compromiso laical no puede reducirse a colaborar en las tareas internas de la parroquia. También debe expresarse en la vida cotidiana, mediante el servicio, el testimonio y la cercanía con las personas.
Asimismo, destacó la familia como base misionera y valoró la participación de niños, adolescentes y jóvenes. Las experiencias concretas de misión, explicó, permiten descubrir la alegría de compartir a Cristo y pueden transformar la manera de vivir la fe.
Parroquias abiertas a la misión

Mons. Biord invitó a renovar la vida parroquial para que esté centrada en la misión y supere una pastoral de mantenimiento. Señaló la importancia de las pequeñas comunidades, la formación de los laicos y el reconocimiento de los carismas que enriquecen a la Iglesia.
Entre los servicios que pueden fortalecerse mencionó la animación de comunidades, la oración comunitaria, la organización de la caridad y el acompañamiento a matrimonios y familias. También destacó la necesidad de una mayor participación de jóvenes y mujeres en los organismos de decisión.
El ambiente digital apareció igualmente como un espacio misionero relevante, particularmente por la presencia de los jóvenes y las posibilidades de encuentro y evangelización que ofrece.

Al concluir, el arzobispo reconoció en Puerto Rico un tiempo de gracia y renovación eclesial. Animó a aprovechar ese momento para impulsar una transformación misionera que comprometa a las comunidades y fortalezca su presencia en la sociedad.
Su exhortación final retomó el horizonte del camino sinodal: vivir la comunión, promover la participación y mantener siempre presente la misión de anunciar a Jesucristo.


