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¿Para qué me has traído aquí, si yo no puedo solucionar tantos problemas?, me quejé ante el Señor. Tú aquí lo único que tienes que hacer es servir a la gente y nada más, sentí que me respondió el Espíritu Santo”, (Biografía: Toda una vida de entrega a Dios, pag 31).

Monseñor Latre marcó una parte importante en la vida de los que le conocieron. Aunque su vida pareciera sacada de una película, la realidad es que le tocaron experiencias muy fuertes que marcaron su vida. Quedó huérfano a los 6 años, vivió la guerra civil española donde fue testigo del asesinato de su párroco y entró al seminario a los 13 años de edad. Estas experiencias fueron fundamentales para que fortaleciera su fe y su amor a Dios y pudiera transmitirlo a través de su ejemplo.

Tras sus experiencias en República Dominicana, Colombia y Puerto Rico nació su corazón misionero; que construyó, de la mano de Dios, un sinnúmero de obras que aún hoy pueden verse. Fue instrumento en el nacimiento de la Legión de María en el pueblo de Moca; pueblo que lo adoptó como su hijo y a su vez él como padre nos adoptó.

Su amor por la Virgen María lo motiva a escribir un libro, Pasos de la Virgen María. Comprende 20 pasos para interiorizar la vida de la Virgen. 

Solía hacer esta invitación: “Rezar el Rosario no es sólo hacer memoria del gozo del amor y la Gloria, de Nazaret al Calvario. Es el fiel itinerario de una realidad vivida y quedará entretejida, siguiendo a Cristo gozoso, crucificado y glorioso en el rosario de la vida”.

En sus últimas homilías en Moca nos recalcaba la importancia de “rezad, rezad, rezad el Rosario”. Esta es una de las mayores devociones que día a día nos enseñó. Siempre fue austero y humilde; así nos demostró que no se necesitaba títulos, rangos y reconocimientos para servir con amor.

Para Monseñor Latre era muy importante la formación de los laicos y que no se limitara a algo básico. Por eso escribe un libro titulado Catecismo en el que explica el Catecismo de la Iglesia Católica en un vocabulario sencillo.

Así también nos recordaba que hay dos elementos esenciales que se debe conocer su significado: fe y gracia de Dios. “Fe es la llamada que Dios nos hace y el Señor nos llama a todos por distintos caminos, pero hay que escuchar esa voz y responder esa llamada”. ¡Como olvidarlo! “Si hay respuesta, hay fe y si hay fe, hay salvación” y fue a través de su ejemplo la mayor enseñanza de esta frase, pues hasta el final nos demostró cuál es el llamado que Jesús nos hace: escribir nuestra historia de salvación “siendo santos como nuestro Padre Celestial es Santo”. Además, procurar mantener la paz ante los problemas y si se pierde la paz “digamos al Señor: Jesús, si esta es mi cruz hoy, dame fuerzas para llevarla”.

Agradecemos a Dios por su infinita entrega, sus años de servicio y las largas horas de confesión. Gracias por cada dirección espiritual acompañada de sabios consejos y uno que otro regaño necesario, pero siempre con mucho amor. Gracias, gracias sobre todo por su amistad genuina y por siempre ayudarnos a ver a Cristo en los demás. Nunca olvidaremos cuando decía: “estamos juntos en oración”. Decimos hasta luego al español más mocano.

Vanessa de Lourdes Pérez Bosques y

Marielys Hernández Pérez

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