El próximo miércoles, 1 de marzo la Iglesia Católica inicia el tiempo litúrgico de Cuaresma con el Miércoles de Ceniza. Los fieles comienzan este tiempo litúrgico con la imposición de cenizas en la frente, símbolo de penitencia y de reconocerse pecador para purificar el espíritu antes de celebrar la fiesta de Pascua.

“Recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás” o “Conviértete y cree en el Evangelio” son las palabras que utiliza el sacerdote al momento de la imposición de las cenizas. Cabe recordar que las cenizas que se utilizan se obtienen quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos del año anterior.

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Varios portales católicos consultados coinciden en que las cenizas como polvo, son un signo muy elocuente de fragilidad del pecado y de la mortalidad del hombre.

Antiguamente la tradición del pueblo hebreo establecía que cuando se sabían pecadores o cuando querían dar una fiesta importante en la que debían estar purificados se cubrían con cenizas y vestían con saco de tela áspera. De esta forma se reconocen pecadores y con necesidad del perdón de Dios, sabiendo que del polvo venimos y que al polvo vamos.

Desde los orígenes de la Iglesia, en Jb 42, 6 se presenta cómo en la tradición judía el símbolo de rociarse con cenizas manifestaba el arrepentimiento y la voluntad de convertirse en una nueva persona.

En los primeros siglos de la Iglesia se imponía la ceniza especialmente a los penitentes pecadores públicos que se preparaban durante la Cuaresma para recibir la reconciliación. Estos vestían hábito penitencial y ellos mismos se imponían las cenizas antes de presentarse a la comunidad.

En el año 384 D.C. la Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos y desde el siglo XI la Iglesia de Roma acostumbra poner las cenizas en la frente, al iniciar la Cuaresma, el Miércoles de Ceniza, que se extiende 40 días antes de Semana Santa. De este modo, toda la comunidad se reconocía pecadora dispuesta a emprender el camino de la conversión cuaresmal.

Antes también fue usado el período de Cuaresma para preparar a los que iban a recibir el Sacramento del Bautismo la noche de Pascua, imitando a Cristo en sus 40 días de ayuno en el desierto.
Ciertamente, la Cuaresma ofrece la oportunidad para que a través del ayuno, abstinencia, oración y sacrificios se dejen de lado todas las cosas que no permiten acercarse al Señor. Ojalá se pueda enterrar al hombre viejo para resucitar como hombres y mujeres nuevos junto a Cristo en la Pascua.
(Fuentes: Varias)

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