“Juego para saldar una deudita”, “Por si acaso puedo llevar la familia a un viajecito”, “Esto es jugando”, “Solo son unos pesitos”, “Si cae algo es para darle una propinita a los hijos” y “Si Dios me ayuda aquí le llevo una ofrendita a la iglesia”. Estas son algunas de las expresiones clásicas de los que suelen echar “su suerte” en esas cajas coloridas, luminiscentes y rotuladas con la típica llamada Jackspot (premio mayor) que parece actuar como una estimulación sensorial para avisarte que ¡ganaste! aunque perdiste. Al final, solo son traga salario, traga pensión y traga seguro social. Son traga monedas: traga riquezas.

La imagen da ganas de gritar. Personas con y sin poder adquisitivo, de toda edad -aunque predominantemente mayores- van a lugares de máquinas “mágicas” que funcionan en ocasiones hasta 24/7. Como la casa siempre gana, es cierto que hacen hasta lo imposible por retener a sus usuarios con beneficios. Por ello, el gentío vuelve al siguiente día. Se pensaría que el tiempo de crisis económica asustaría a algunos. Nada más lejos de la verdad. Eso no es todo, ya están en los celulares con diversidad de aplicaciones. ¿Realmente hay quién cree que se puede ganar dinero con una aplicación de juegos de azar?

Para algunos es diversión, para otros es adición y para otros es perdición… Aunque son escalones de una escalera que solo conduce a la perdición. Este vicio abre las puertas a otros males. Ya lo versa las Sagradas Escrituras: “No codiciarás”, (Ex 20, 17) y “Donde […] esté tu tesoro, allí estará también tu corazón”, (Mt 6, 21). Ambicionar dinero rápido y fácil ensucia el alma. No existe la llamada suerte. Los juegos de azar solo debilitan la fe y la confianza en Dios. Hace falta amar más la circunstancia propia. 

Es curioso reflexionar los paralelos que existen entre el nacimiento y la muerte. Llegamos a este mundo sin nada y al morir se nos despojará de todo. Perderemos los bienes, la capacidad de caminar, de hablar, de ver, la capacidad de decidir, el ánimo, el instinto de respirar y finalmente partiremos al encuentro cara a cara con Dios. La meta suprema señala la patria celestial. En este caminar juntos como peregrinos en este mundo, ¿para qué perder tiempo y riqueza en maquinas de “suerte”? Mejor repetir una y otra vez: “Jesús, en tí confío”.

Enrique I. López López

e.lopez@elvisitantepr.com 

Twitter: @Enrique_LopezEV 

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