Recientemente la escritora Magaly Quiñones compartió con un grupo selecto de lectores y amigos sus Poemas para el Niño Dios, una serie de 9 piezas poéticas que tienen como eje la devoción al Divino Niño Jesús con aire boricua. En estos días, además, su nombre ha tenido relieve particular por la creación de un comité que impulsa una serie de actividades hasta el 2019 en torno a los 50 años de publicación de su primer libro, Entre mi Voz y el Tiempo (1969). Por tales razones El Visitante comparte con sus lectores una entrevista que le cursó a la autora de libros como Era que el mundo era, Nombrar y Sueños de papel, entre otros.

El Visitante (EV): Magaly, sus Poemas para el Niño Dios han pasado de mano en mano y de boca en boca, como se dice coloquialmente, incluso hay quienes lo ha compartido en sus parroquias… ¿Qué nos puede decir acerca de los mismos?

Magaly Quiñones (MQ): Son poemas muy emotivos. Cada año yo escribo un poema para el Niño y ya cuando vi que tenía varios los compilé para obsequiarlos. De hecho, tres están musicalizados, entre ellos la Nana al Niño Jesús que se convirtió en un libro que tiene un disco compacto con la partitura incluida. La Nana está interpretada por el coro Orfeón San Juan Bautista. En conjunto estos Poemas para el Niño Dios no son para niños, sino que hablan del Divino Niño. Los niños, sí, los pueden disfrutar pero están más bien inspirados para compartirlos con adultos.

(EV) ¿Gana algo el niño o la persona que se expone a la poesía?

(MQ) Pueden ganar muchísimo… porque al enfrentarlos con el arte los sensibilizas. La poesía te trae la belleza y te toca la fibra emotiva. Eso es maravilloso para los niños porque desde pequeños están incorporando a su psiquis y a su emotividad todo este mundo de belleza, humanismo y valores… En el caso de los niños, cuando sean adultos van a ser bellos seres humanos porque han estado expuestos a eso.

(EV) Magaly, considerando que ha publicado cinco libros de poesía para niños… Cuando escribe para ellos, ¿qué necesita el poeta para fluir a través del verso?

(MQ) Siempre he pensado que para ser poeta el niño interior tiene que estar despierto en ti, vivir en ti, porque el poeta mira de una forma distinta y los niños son transparentes. Los pequeños miran de una forma distinta y ven mucho más que los adultos; ven más allá. Cuando voy a las escuelas lo compruebo inmediatamente. Les leo y les hablo y ellos enseguida reaccionan, me hacen preguntas que los maestros no formulan. Es decir, que ellos ven de esa manera porque no tienen la inhibición de la prisa, de la costumbre, de toda esta cosa que tenemos los adultos que como vamos muy rápido o no tenemos tiempo, no sabemos mirar.

(EV) Poeta, usted que tiene paralelamente una voluminosa obra dirigida a los adultos… ¿Cómo ha sido – en cambio – esa experiencia de escribir poemarios exclusivamente para niños?

(MQ) Yo te diría que escribir para niños es un reto. Cuando escribo para adultos es como si estuviera hablando con un amigo: nos sentamos a hablar y te voy a contar tal cosa; lo que me pasó tal día y ‘mira’… Pero cuando se escribe para el niño uno tiene que estar muy alerta del receptor; atento a su imaginación y todavía más si es más pequeño. No se le puede hablar al niño con palabras de gente grande porque no te va a entender y si lo hace te entiende a mitad. Hay que ponerse a su nivel, como si yo también fuera una niña como ellos. Y ahí entonces la comunicación fluye.

(EV) Sé que la Editorial de la Universidad de Puerto Rico, quien le publicó una edición bilingüe de Quiero una noche azul, está evaluando otro libro suyo dirigido a los niños… ¿Puede comentar algo acerca del mismo?

(MQ) Ese nuevo poemario se titula Cómo se dice e incluso entregué ilustraciones que fueron realizadas por Stephanie Silva del Toro, quien siendo niña me ilustró la Nana al niño Jesús. Cómo se dice es un libro educativo que lo trabajé investigando en el Departamento de Idiomas (de la Universidad de Puerto Rico). Tengo fe de que ayudará mucho a nuestra niñez. El título viene de uno de los poemas incluidos, que analiza el origen de la palabra. Comienza diciendo algo así como: Sombrilla, viene de sombra y es familia del sombrero. Y ya ahí está ese origen; como el español viene del latín pues están las tres palabras.

(EV) Entonces en Cómo se dice se adentra en el sentido etimológico de las palabras…

(MQ) Sí, de ahí se sigue derivando hasta que a la larga se entrelazan los conceptos. En el caso del sombrero el mismo te tapa de la lluvia, te protege del sol, y la sombra es algo maravilloso. La sombra es algo que he explorado cuando realizo fotografía de arte. Tengo varias fotos en las que destaco a los seres humanos con su sombra. Eso me fascina.

(EV) En un evento reciente le escuché hablar de otro libro de su autoría, inédito, que está dirigido a niños aún más pequeños…

(MQ) Sí, a esos que tienen dos o tres años, bien pequeñitos. Algo que yo nunca había explorado en mi poesía, lo que es más difícil. Fíjate que mientras lo escribía encontré una diferencia grande, y es que la poesía tiene que ser más musical porque al niño pequeño la música le entra más rápido que la palabra. En ese libro hay unos poemas que tienen como motivo principal a la naturaleza. Por ejemplo, uno se titula El lagartijito. En ese poema el niño se encuentra al lagartijo en el jardín y le llama la atención que sea un animalito pequeñito y se mueva rápido. Tengo otro que se titula La palma, y ese trata de cómo es la palma, de cómo el niño la percibe. Cuando voy al Centro de Desarrollo Preescolar de la Universidad a leerles a niños de 3 a 4 años, les leo de ese libro inédito porque no tiene complicaciones lingüísticas. Lo que tiene es pura melodía, pura música. Y también tiene toda la cosita esa del entorno natural del niño que, aunque sea pequeño, siempre le llamará la atención.

 

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