La Doctrina Social de la Iglesia considera que los sindicatos son un exponente de la lucha por la Justicia Social y por los justos derechos de los hombres del trabajo según las distintas profesiones (Laborem Exercens, 20).

El primer lunes de septiembre, se celebra en Puerto Rico el Día del Trabajo. En este día se debe reconocer la lucha del trabajador como un medio para buscar el bien común y la justicia. A  nivel mundial, las organizaciones obreras y gubernamentales, celebran el Día Internacional de los Trabajadores el 1 de mayo. De esta forma recuerdan los hechos acaecidos en 1886, en una huelga que comenzó el primero de mayo, en una fábrica de textiles de Chicago. Los trabajadores reclamaban pacíficamente una jornada laboral de 8 horas. Durante una de las manifestaciones se desató la violencia, resultando en seis muertos, varias decenas de heridos y destrucción de propiedad. Cinco líderes sindicales fueron injustamente acusados y condenados a muerte, en un juicio que hoy se entiende que fue malintencionado.

El  primer lunes de septiembre, el movimiento sindical de Puerto Rico también celebra el día de Santiago Iglesias Pantín, para profundizar sobre las luchas de los trabajadores y  rescatar la memoria histórica de las luchas obreras. ¿Quién fue este personaje? Fue un gallego que llegó a Puerto Rico a finales del siglo 19, un anarquista español y un organizador de la clase trabajadora. Ayudó a crear el movimiento obrero de P.R. No hay duda que su liderato fue a todas luces extraordinario. En el 1929 fueron publicadas sus memorias, bajo el título de Luchas Emancipadas. En estas se relata cómo se convirtió en un líder extraordinario. Además, fundó cuatro periódicos dirigidos a fomentar y apoyar las luchas obreras: Ensayo Obrero, Porvenir Social, Unión Obrera y Justicia Social.

Santiago Iglesias nace en cuna obrera en 1872, en la Coruña, provincia de Galicia, España. Fue una figura cuya vida expresó grandes contradicciones. Durante las primeras dos décadas de su vida en Puerto Rico fue blanco de ataques violentos por parte de la burguesía criolla y norteamericana. Se le amenazó con el destierro por considerársele un peligroso agitador anarquista extranjero. Se le encarceló varias veces, estuvo a punto de ser asesinado a manos de enemigos políticos.   Protagonizó  múltiples debates con sus compañeros de lucha. Vivió varias etapas del movimiento obrero, esto le ha merecido una memoria histórica  en donde figuran diferentes posturas: un anarquista y revolucionario, siendo fundador del Partido Socialista, como brazo político de la Federación Libre de Trabajadores; un sindicalista reformista y finalmente, un político pragmático y conciliador conservador, al extremo de ser tildado de traidor por alguno de sus antiguos colegas.

Irónicamente, a partir de 1972, cuando se celebra el centenario de su natalicio, la memoria de sus hazañas, ya fuese como revolucionario o como político pragmático y conservador, ha estado ensombreciéndose por el olvido, junto con la memoria de muchos de sus importantes colaboradores. Muere el 5 de diciembre de 1939, en Washington siendo Comisionado Residente electo por la coalición republicana-socialista.

Ante la situación que vive nuestro país, donde las fuerzas neoliberales están apoyando medidas que quitan beneficios a los trabajadores y  las medidas tomadas por el gobierno de Puerto Rico y la Junta de Control Fiscal atentan contra derechos de los trabajadores, su memoria merece ser rescatada. La Encíclica Laborem Exercens (20) nos plantea que la actividad de los sindicatos entra indudablemente en el campo de la política, entendiendo esta como una prudente solicitud por el bien común. El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia establece que: “Los sindicatos son propiamente los promotores de la lucha por la justicia social. Esta lucha debe ser vista como una acción de defensa normal, en favor del justo bien, no es una lucha contra los demás” (306). Reafirma que el sindicato, es ante todo un medio para la solidaridad y la justicia, buscando el bien común.

(Ramón L. Fuentes | Consejo de Acción Social Arquidiocesano (CASA)

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